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Cuando el 14 de agosto dijeron a Everson Jesús Calicstore que habían secuestrado a su perro Tupac, su mundo se vino abajo. Los minutos durante los que el amigo que se lo estaba cuidando se quedó dormido en la playa Llevant de Barcelona bastaron para que un hombre se lo llevara en brazos y lo metiera en un coche que esperaba en el parking de la Nova Mar Bella. “Me asustaba pensar con quién podría estar. Tenía miedo de que fuese entrenado para pelear, que otros perros le mordieran o que le mataran. Buah… No es un simple animal, es un hermano”, cuenta el joven de 18 años en conversación con Metrópoli Abierta.

El caso de Calicstore no es el único de este tipo que se ha escuchado recientemente. Como adelantó la semana pasada Crónica Global, vecinos de la capital catalana han alertado a la Guardia Urbana de que hay individuos que secuestran perros y gatos en la ciudad para pedir dinero a cambio. Aunque los vecinos aseguraron al mismo diario que ya han matado a cuatro animales porque sus dueños se negaron a pagar, los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana alegan a Metrópoli Abierta que no hay ninguna investigación abierta sobre bandas que cometan esta clase de delitos. 

LA BÚSQUEDA

Haya abierta o no una investigación, lo que vivieron Calicstore y sus hermanos es un calvario. Cuando se enteraron del suceso, fueron a denunciar los hechos a la comisaria de Glòries y a caminar de un lado a otro de la playa de Llevant en busca de Tupac. A pesar de que enseñar sus fotos a los viandantes no sirvió para conseguir información sobre su posible paradero, no desistieron. Pasaron las siguientes horas llamando a “todas las perreras, protectoras de animales y veterinarios” y difundiendo sus fotos y lo ocurrido por Instagram, Twitter y Facebook, donde algunos internautas les dijeron que lo habían visto por la zona del Tibidabo y otros en la ciudad de Girona. Pero sin ninguna prueba veraz, esa información no les valía para determinar si el american bully del que hablaban era realmente Tupac.

Los muchos usuarios de las redes que les enviaban mensajes de ánimos y esperanza les ayudaron a tirar adelante. Aunque Calicstore asegura que lo que más alimentaba su tenacidad era recordar que había criado a ese perro con solo dos semanas de vida. “Me venían a la cabeza las imágenes de cuando era un cachorro y cabía en la palma de mi mano. Eso me ayudaba a decirme a mi mismo: ‘nunca me voy a rendir. Voy a encontrarlo como sea’”, recuerda con la voz entrecortada.

EL HALLAZGO

Calicstore llevaba dos días buscando sin descanso a su perro cuando, sin esperarlo, sus hermanos y él recibieron una llamada de una de las protectoras de animales con las que habían contactado previamente para informarles de que su mascota estaba con ellos.  “De camino tenía dudas de si sería él o no. Pero al llegar vi enseguida que era Tupac. Tenia los ojos hinchados y rojizos. No sé a qué se debía, pero lo importante es que estaba vivo”, explica el joven.

Según detalla Calicstore, la policía le comunicó que Tupac había llegado al Centro de Acogida de Animales de Compañía de Barcelona después de que unos agentes lo encontraran atado solo en una farola de una zona de El Raval, donde supuestamente “se comercializa con american stanford y american bully”.

Fuese verdad o no, una bombilla se encendió en su cabeza cuando llegó a la conclusión de que el amigo que había perdido a su perro, podría haberle mentido y, por tanto, podría estar implicado. ¿La razón? Cuando buscaba a Tupac por la playa de Llevant, ya se percató de que “entre el punto donde él se había quedado dormido y el parking de la Nova Mar Bella había un muro que vallaba el parking”. Y más tarde, le pareció sospechoso que omitiera su aviso de no dejar nunca suelto a Tupac porque es sordo. “Creo que como difundimos mucho la noticia por las redes y formulamos una denuncia a la policía, le entró el miedo y lo dejó en El Raval”, dice Calicstore y añade: "He llorado muchísimo. Lo amo".