Pocos barceloneses se libraron ayer de quedar afectados, en una forma u otra, por las protestas posteriores a la sentencia llevadas a cabo por los independentistas. Los que pagaron un precio más elevado, sin lugar a dudas, fueron los que tuvieron que desplazarse hasta (o desde) el Aeropuerto, ya fuera por motivo laboral o turístico.

Precisamente entre aquellos que llegaban para visitar la capital catalana hubo todo tipo de reacciones a los inicidentes ocurridos este lunes. Indignados, asustados, e incluso algunos animados para ser uno más, ninguno de ellos esperaba encontrarse esta situación en una ciudad como Barcelona.

DESCONCIERTO GENERALIZADO

La tranquilidad de los turistas finalizó en el momento que su avión tocó tierra. La odisea que se estaba viviendo en la Terminal 1 de Barcelona-El Prat, donde las protestas y los enfrentamientos entre los manifestantes y la policía, que no dudó en cargar cuando fue necesario, eran constantes, se convertía en una especie de cuarentena para los viajeros.

Turistas atrapados en la T1
Turistas atrapados en la T1 / RP

Pocas alternativas tenían a permanecer en lugares seguros de la instalación aeroportuaria. Sí, era posible escapar de allí por el parking, pero esto suponía recorrer kilómetros a pie por la autovía equipaje en mano hasta llegar al centro del término municipal del Prat de Llobregat donde, si tenían mucha suerte, podrían encontrar algún taxi o conseguir que algún vehículo VTC llegara hasta la zona.

Por ello la respuesta de los visitantes fue, prácticamente, unánime: esperar, como buenamente fuera posible, a que se restableciera la normalidad.

MIEDO Y TENSIÓN

Las evidentes escenas de violencia que no dejaron de sucederse en el Aeropuerto provocaron el miedo entre los visitantes que portó, como consiguiente, diversas escenas de tensión.

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El pasillo de acceso a la Terminal, colapsado por los manifestantes / RP

Buen ejemplo de ello fue el de una joven japonesa que, presa del pánico en el pasillo que da acceso a la Terminal, no dejaba de repetirle a su compañero que tenían que buscar "un lugar seguro" desde el pasillo que separaba la propia sala principal de la instalación con las salas VIP del Sleep&Fly frecuentado por empresarios.

El aparcamiento de la instalación llegó a convertirse en una pista de atletismo. Muchos fueron los que, asustados por las cargas policiales y las agresiones de algunos independentistas, que rociaron con extintores y lanzaron conos, vallas y todo aquello que encontraban a mano a los agentes, optaron por correr con las maletas hacia sus vehículos de alquiler o bien hasta el extremo contrario del parking, una zona en la que podían permanecer ajenos a todo conflicto.

DISCUSIONES

La tensión vivida en la jornada del lunes también se tradujo en discusiones entre turistas y manifestantes. Algunos de los que tenían que tomar un vuelo de vuelta a casa no ocultaron su enfado, y se enfrentaron verbalmente a los independentistas que impedían el paso de éstos.

Fue el caso de tres turistas norteamericanas que, tras explicar a los concentrados la dificultad que suponía para ellas perder ese avión, recibieron la indiferencia y el "que no pasen eh, que no pasen" por respuesta. Tras ello, las visitantes recriminaron a los participantes en la movilización que mediante esta protesta estaban "haciendo lo mismo que ellos", en referencia a los policías que impedían el acceso a determinados puntos del Aeropuerto.

Pese los conflictos vividos con muchos de los viajeros, otros optaron por "unirse a la fiesta", buscando zonas privilegiadas desde donde observar el conflicto o, incluso, gritando y bromeando sobre como estaba transcurriendo la jornada.

SALIERON COMO PUDIERON

Algunos de los turistas que se aventuraron a salir del Aeropuerto en pleno conflicto, lo hicieron con la ayuda de agentes de la Policía Nacional y los Mossos d'Esquadra, que les facilitaron la salida llegando, en algunos casos, a escoltarles.

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Colas para coger un taxi tras la desconvocatoria de la manifestación / RP

Otros, simplemente, esperaron a que pasara el temporal, para finalizar en un atasco o bien soportando la espera de una hora para poder salir de allí en taxi, una espera donde las discusiones por ver quien había llegado primero para acceder a un vehículo pusieron el broche final a unas horas convulsas en Barcelona-El Prat.