El último adiós de Ahmed Shahbaz se organizó según sus deseos. Un imán presidía este miércoles en el tanatorio de Can Ruti ​de Badalona la janaza (funeral musulmán). Seis paisanos pakistaníes oraban en círculo con las palmas de la mano mirando al cielo. En el centro, Ana se santiguaba mientras se despedía de su marido. El 2 de junio el cuerpo de Shahbaz viajará en un vuelo especial hasta Pakistán, el único país del mundo que ha seguido repatriando los cuerpos de sus compatriotas fallecidos en España endurante la pandemia.

Shahbaz murió el 20 de mayo de cáncer de colon. Tenía 52 años. A su esposa le aterrorizaba la idea de que no pudiera descansar en su Sialkot natal. Pero una conversación fortuita con un vendedor de una tienda de alimentación la llevó hasta el despacho de Imram Malik, un abogado pakistaní que gestiona junto a un grupo de personas voluntarios, las repatriaciones y los funerales. "Fue un milagro. No me lo hubiese perdonado nunca. ¿Quién soy yo para romper esta costumbre?", se preguntaba nerviosa Ana. 

EL CONSULADO PAKISTANÍ

Mientras la esposa relata la vida de su marido, un hombre "muy religioso" y aficionado al deporte de lucha kabaddi, dos hombres lavan su cuerpo en el interior del tanatorio. En pocos días, la comunidad pakistaní del área metropolitana de Barcelona se movilizó para conseguir los permisos necesarios. También fue necesario empadronar al fallecido. "Estaba casi listo para ser enterrado", recuerda Malik. Ana le preguntó el día después de la muerte de Shahbaz si conocía a un imán y, entonces, el engranaje se activó para conseguir la repatriación.

El consulado de Pakistán en Barcelona ha sido clave para trasladar el cuerpo y sufragar con 3.000 euros gran parte del costoso proceso. "El consulado se ha volcado con la gente. Mientras todos estaban cerrados durante la pandemia, el pakistaní no cerró y puso su maquinaria al servicio de estos vuelos", explica Malik. Durante la pandemia, el cónsul anunció que aumentaría la aportación habitual para este proceso.

20 REPATRIACIONES

Desde el 14 de marzo una veintena de cuerpos de toda España han regresado al país asiático  gracias a la estrecha coordinación entre consulados, embajadas y el Gobierno. Cuatro de los fallecidos murieron por Covid-19. Shabaz tenía muy pocos amigos de origen pakistaní. Pero esto no fue una barrera para conseguir el dinero necesario para sufragar el coste del tanatorio. 

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Imram Malik y Maveed Waraich se disponen a labar el cuerpo del fallecido / M.A

Una placa con su nombre luce en el féretro de madera cubierto con una protección aislante. Avisan a Ana que puede acercarse, pero en ningún caso tocarlo. Son las nuevas reglas impuestas por el estado de alarma. La fase 1 de la desescalada permite la participación en funeral de 15 personas como máximo en espacios al aire libre y de 10 en espacios cerrados. 

GRAN COMUNIDAD

Ocho personas presencian el breve acto religioso que empieza con alabanzas a Alá. "Allahu akbar", recita el imán con los ojos cerrados. Asisten el primo del fallecido, desde Barcelona, y otros paisanos de Granollers, Badalona y Santa Coloma de Gramenet como el taxista Sheraz Shah. 

La numerosa comunidad pakistaní en Cataluña (unas 20.000 personas solo en su capital) se ayuda con frecuencia en casos de fallecimiento y ayuda a financiar la repatriación, una costumbre de muchos españoles de origen musulmán, que prefieren ser enterrados en su tierra de origen.

Mohamed El Ghaidouni El Morabet confirma a Metrópoli Abierta que Pakistán es una excepción entre los países musulmanes y que ha seguido trasladando los féretros de sus conciudadanos. "Tienen una vía aérea comercial que aprovechan para trasladar los cadáveres", explica el delegado en Cataluña de la junta de la comisión islámica de España. 

BUEN TRATO

Ana y Shabazh se conocieron en Madrid donde regentaron dos restaurantes. Sus negocios no funcionaron y vinieron a Badalona donde se instalaron en el barrio de Llefià. Los seis hermanos de fallecido respiraban más tranquilos al saber que su pariente descansará junto a los restos de la familia. Tras una operación, su enfermedad se complicó y suplicó a su mujer que lo sacara del hospital para morir en casa, junto a ella. 

A Shabazh, también seguidor del tenis, le gustaba tomar café en la plaza de del Reloj de Santa Coloma de Gramenet. "Nunca se metía con nadie. Es injusto lo que le ha pasado", lamenta Ana emocionada, muy agradecida por la rapidez de todos los trámites y el buen trato de las autoridades españoles y pakistaníes.

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El imán se dirige al tanatorio para despedir a Ahmed Shabazh

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