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La venta ambulante emplea a centenares de vecinos de La Mina (Sant Adrià de Besòs) que durante más de 70 días han visto como sus ingresos se han reducido a cero. Muchas familias han adquirido colecciones enteras de género que no han podido vender. Llenar la nevera se antoja complicado en muchos hogares. En otros, directamente es imposible. La cadena de solidaridad, en uno de los barrios más desfavorecidos de Cataluña, está siendo clave para cubrir la necesidad más elemental.

Iván Cortés es una de las personas que mejor conoce La Mina y sus vecinos. Como promotor escolar, su misión consiste en enlazar de manera permanente –junto a dos integradores sociales– a los 600 alumnos del Institut Escola con el barrio. Es un termómetro social que detecta los problemas, las necesidades y también las soluciones. Y desde el inicio de la pandemia, Cortés (29 años) percibió una necesidad creciente de comida en los pisos, habitados en su mayoría por familias numerosas de entre cinco hasta nueve miembros.

CAJA DE SOLIDARIDAD  

Cortés se dio cuenta durante los primeros días del estado de alarma, mientras enseñaba a los alumnos la manera de seguir con la escuela a través de la web de la escuela. "Hablando con las familias me di cuenta de que había una necesidad previa. Las familias lo pasaban muy mal. Puse en contacto a familias con los servicios sociales, pero viendo que también estaban desbordados se me ocurrió hacer una caja de solidaridad", explica este estudiante de psicología. 

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Decenas de personas esperan para recoger una bolsa de comida de la ONG World Central Kitchen / METRÓPOLI ABIERTA

Los profesores de la escuela fueron los primeros en ingresar dinero a la cuenta (ES98 2100 3217 8425 0000 9914). Cortés habló con las entidades del barrio, también con el alcalde de Sant Adrià de Besòs, Joan Callau, que dio el visto bueno a la iniciativa, y con la Junta del Mercat Municipal del Besòs de Barcelona. Entre todos difundieron el número de cuenta y un mensaje en una campaña que se propuso luchar contra la "pobreza extrema" del barrio.

DEDICACIÓN Y COMPROMISO

Cuando las transferencias empezaron a llegar Cortés elaboró los primeros tickets por 10, 20 o 50 euros en comida que reparte semanalmente entre 30 familias del barrio. La iniciativa, coordinada con la Fundación Pere Closa, ha recibido dinero de una treintena de personas. Algunas entidades han aportado generosas sumas de 200 euros para llenar esta caja de solidaridad.

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Un grupo de mujeres espera su turno para entrar en e Institut Escola para recibir dosieres de trabajos para sus niños / G.A

 

Jack, presidente de la Junta del Mercat del Besòs, en el barrio del Besòs de Barcelona, asegura que la situación entre las familias es "caótica". Muchas de las personas que se benefician de estos tickets de comida eran clientes habituales. En las 31 puestos de este mercado, limítrofe con Barcelona y Sant Adrià de Besòs, aun no se nota la crisis económica. "Lo notaremos en unos meses, cuando la gente deje de cobrar las ayudas y los subsidios. Será entonces cuando la gente deje de comprar", alerta Jack.

En la escuela de La Mina, la dedicación y compromiso de profesores y educadores cruzan con frecuencia los límites convencionales de cualquier otro centro. Lo demostró hace unas semanas una tutora que vino desde su casa en coche para repartir un lote de comida a la familia de un alumno. "Como vecino estoy muy orgulloso del Institut Escola. Es un privilegio tener una escuela que va más allá de la educación con este tipo de aportaciones", explica Cortés.

LA ONG DEL CHEF JOSÉ ANDRÉS

El profesor de inglés Agustí Clua percibió que la urgencia alimentaria afectaba a muchas otras familias. Gracias a su trabajo como voluntario en el Banco de Alimentos le pidió ayuda al cocinero Carles Tejedor, coordinador de World Central Kitchen la ONG del prestigioso chef José Andrés con quien trabaja codo a codo en Estados Unidos. "En 24 horas pudimos dar 25 comidas. Hoy estamos dando 150", describe Tejedor. 

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Carles Tejedor rellena unidades de comida para repartir en el CCIB del Forum de Barcelona / WORLD CENTRAL KITCHEN

El Centro de Convenciones Internacionales de Barcelona (CCIB) del Fòrum se ha convertido estos meses en la base de esta ONG en Barcelona, que ha aterrizado en España durante la pandemia. Estas semanas, Tejedor coordina y gestiona una autentica maquinaria con 100 voluntarios (jefes de cocina, cocineros, directivos e incluso sanitarios) que han colaborado en cocinar y distribuir 175.000 comidas en Barcelona y otros municipios del área metropolitana como Rubí y Sabadell.

190 COMIDAS

En La Mina, la cifra de familias que acuden a la escuela para recoger comida caliente de la ONG se ha disparado. El viernes, Cortés y otros profesores repartieron 190 comidas. Este sábado han sido 290, unas cifras que desnudan la fragilidad económica de unas familias que de un día para el otro dejaron de trabajar. "Aquí muchos trabajan al día. Hicieron una inversión de cambio de temporada que no venderán. Mucha gente vive de prestaciones por desempleo y otra que ni siquiera son autónomos se han quedado sin un sustendo diario", explica Cortés.

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Fotografia de familia de los voluntarios de World Central Kitchen

Entidades privadas y la solidaridad de las redes vecinales han frenado un golpe que sin ellos hubiera sido aun más duro. Pero Tejedor avisa que ahora es el turno de las administraciones que deben coger "las riendas" de la asistencia masiva que prestan entidades como World Central Kitchen. "Hemos sido un poco el Ifema de la sanidad en la gastronomía", resume este veterano cocinero, que lideró los fogones del célebre Via Veneto en Barcelona. 

El chef alerta de que las próximas semanas serán aun peores, por lo que las instituciones "deberían anticiparse mucho más" al escenario presente y futuro. Tejedor cogió uno de los últimos vuelos de repatriados españoles procedentes de EEUU. Desde que aterrizó en Barcelona, ha coordinado la ONG de Andrés en Barcelona repartiendo más de 1 millón de comidas por toda España, platos calientes siempre cocinados el mismo día. Aunque la organización sin ánimo de lucro tiene capacidad de doblar la cantidad de comida en 24 horas, insiste en que es necesario un paso adelante de los gobiernos.

INSEGURIDAD LABORAL

En La Mina el regreso a la venta ambulante se prevé complicado. "Hay inseguridad y desconfianza. No saben si pueden o no montar el mercadillo. Es imposible gestionarlo con estas medidas de protección", lamenta el promotor Iván Cortés, que tiene familiares que venden en algunos de los tres mercadillos del municipio. 

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Los voluntarios de World Central Kitchen, trabajando a pleno rendimiento / WORLD CENTRAL KITCHEN

La Fagic, la Federación de Asociaciones Gitanas de Cataluña ha realizado dos donaciones importantes de comida, la última este lunes 25 de mayo. La escuela y el barrio siguen movilizados para proveer de comida a aquellos más necesitados y parar el siguiente golpe.

 

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