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“Después de la manifestación que hicimos el 5 de octubre, levantaron unas vallas que ya no nos permiten ver nada. Escuchamos maquinaria pero no sabemos qué están haciendo aquí dentro”, así es como Javi Capel, vecino de La Verneda, describe a Metrópoli Abierta como persisten las sospechas de si se construirá el nuevo centro para menores extranjeros no acompañados (menas) en el solar situado en la Rambla Guipúscoa con la calle Can n’Oliva. El malestar en el barrio sube de tono, día tras día, y los problemas de conviviencia se enquistan e, incluso, agravan.

SIN UNA RESPUESTA TRANQUILIZADORA

Él es integrante de un grupo de aproximadamente 60 vecinos que han unido sus fuerzas para hacer frente a la creciente inseguridad que vive el barrio y a la posibilidad de que se levante una nueva residencia para menas en esta parcela situada en frente de la parada de metro de La Pau. Otro de los hechos que sigue avivando la incertidumbre es que hace aproximadamente un mes y medio varios vecinos se reunieron con el regidor del distrito de Sant Martí, David Escudé, para que les aclarara a qué se destinará el espacio. La respuesta estuvo muy lejos de ser tranquilizadora.

“No desmintió esta posibilidad en ningún momento y aún no hemos recibido más respuestas del Ayuntamiento. Lo que no entendemos es por qué no nos confirman que no se construirá aquí la residencia”, dice Capel. Y añade: “la preocupación es mayor desde que han vallado el solar”. A medida que camina alrededor de la parcela, no para de señalar a este diario como las cercas tapian por completo su interior.

Ante el desasosiego que no cesa entre los vecinos y el hermetismo de las administraciones implicadas (Generalitat y Ayuntamiento), este grupo de vecinos ha empezado a moverse para acabar con la incertidumbre. El martes 15 de octubre, Capel entregó dos escritos en el Ayuntamiento en los cuales solicitan que les comuniquen qué van a edificar en el solar y, al mismo tiempo, que haya más vigilancia y servicios de limpieza en el barrio para hacer frente a “la creciente inseguridad y suciedad” del barrio, respectivamente. Por otra parte, la semana pasada reclamaron a la Asociación de Vecinos de La Pau y de la Verneda Alta que les dejen una sala donde reunirse, ya que "hablar en la calle" no es forma de abordar una problemática de esta envergadura. 

POR QUÉ NO AL CENTRO

Capel y todas las personas que conforman este movimiento aseguran tener motivos de sobra para decir “no” al centro de menas. “En este barrio necesitamos equipamientos para la gente mayor. Tenemos una residencia de ancianos en la calle de Cantàbria con una lista de espera de cinco años. Primero hay que cubrir las necesidades de los mayores”, indica Capel y, acto seguido, agrega que la otra razón es la delincuencia con la que conviven a diario.

El solar antes de que se levantara el actual vallado / METRÓPOLI ABIERTA
El solar antes de que se levantara el actual vallado / METRÓPOLI ABIERTA

“Desde agosto hasta la actualidad, los robos y los atracos han ido en aumento. Primero encontrábamos cristales rotos de establecimientos cada semana, ahora puede haber robos cada día”, señala Capel, que al mismo tiempo indica que este “no sería un lugar adecuado” para la integración de los jóvenes inmigrantes. ¿La razón? Cree que crecerían en medio de un foco de delincuencia. “Hablan de un centro para 600 o 900 menas, eso sería una bomba de relojería para La Verneda”, añade.

INSEGURIDAD CRECIENTE

Hay demasiados ejemplos que reflejan la inseguridad que sufre este punto de Barcelona. Capel explica que el domingo pasado entraron en casa de una vecina, donde se llevaron 1.000 euros y unas joyas, que “cada dos por tres” roban los móviles a “los críos”, que ya casi no pasan patrullas de policía por el barrio y que algunos de los vecinos que se marchan pronto a trabajar van acompañados hasta la parada de metro o autobús con sus parejas porque “tienen miedo”. “Yo vivo aquí desde el 68 y no recuerdo una inseguridad similar desde los años ochenta”, agrega.

Ahora algunos vecinos han trasladado a Capel que, si se termina levantando el centro de menas y si, además, el clima de delincuencia no se rebaja, se marcharán del barrio. Ellos solo esperan que la respuesta que acabará con tanta incertidumbre llegue pronto.

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