Un par de barriles colocados a modo de mesa en la calle pueden marcar la diferencia en la caja de un restaurante como el de Alberto Barros. En mayo, a puertas del verano, con la pandemia latente y muchos clientes que evitan entrar en el interior, colocó un primer barril al que siguieron dos más, uno de ellos en el interior del local. Semanas después, el 22 de junio, un inspector del Ayuntamiento de Barcelona lo sancionó con dos multas de 1.500 euros.

Tras un 2020 penoso para el sector, la multa ha caído como un jarro de agua fría sobre este restaurador de la Vila de Gràcia. El consistorio lo sanciona por tener barriles sin permiso en la acera de aproximadamente metro y medio, y por no dejar suficiente paso a los peatones. Abierto en 1982, las tapas y comida mediterránea de Casa Pagès son un histórico en el barrio. El restaurante se ubica en la calle de Llibertat, una vía con una plataforma única donde coches y viandantes circulan al mismo nivel.

"VAN A POR NOSOTROS"

Para Barros, el Ayuntamiento actúa de manera discriminatoria con algunos negocios de Gràcia, que desde el principio de la pandemia, dice, siguieron al pie de la letra las restricciones. Defiende que el distrito de Gràcia no ha ofrecido ninguna solución, como los pequeños módulos para dos personas que muchos locales pedían. Puso los barriles días después de que el consistorio le denegara una nueva terraza casi un año después de solicitarlo. "Te das una vuelta y ves a muchos bares en el Born y la Barceloneta que hacen lo que quieren", se queja el empresario. Ha habido noches, dice, que no ha entrado nadie en el restaurante.

Los dos barriles del Casa Pagès ubicados en la calle que le han costado a Barros dos sanciones de 1.500 euros / CASA PAGÈS
Los dos barriles del Casa Pagès ubicados en la calle que le han costado a Barros dos sanciones de 1.500 euros / CASA PAGÈS

 

Portavoz de la asociación Acción y Promoción Turística, Cívica y Cultural SOHO de Gracia, Barros ha sido muy activo en las protestas que durante semanas exigieron terrazas extraordinarias para que los bares pudieran salvar los muebles durante las restricciones. "Van a por nosotros", asegura el dueño de Casa Pagès. Cuenta que el inspector llevaba ya la documentación de su restaurante preparada y sospecha que las sanciones son una represalia del consistorio por criticar públicamente durante semanas la gestión municipal.

"INTENTAMOS SOBREVIVIR"

El relato de Laura Camoranesi, dueña del restaurante argentino Mi Gràcia (calle Encarnació), va en el mismo sentido. Esta barcelonesa recibió una multa de 750 euros. También ella se significó en las protestas de bares y participó en las manifestaciones. En su caso, el Ayuntamiento la sanciona por depositar media docena de macetas con plantas en la terraza extra que el consistorio le otorgó en abril, 11 meses después de solicitara. En el casillero de la petición marcó "jardinera", pero al comprobar que costaban unos 100 euros cada una, decidió colocar tiestos prestados por una entidad vecinal.

 "Nos sentimos acosados por la administración del distrito de Gràcia. Los demás tienen terrazas donde les da la gana. Solo estamos sobreviviendo", reprocha Camoranesi. Un primer inspector le dijo que retirara las macetas porque podían provocar caídas entre los peatones. El técnico municipal les acabó diciendo que las quitara, pero que pasado unos días podrían sacarlos de nuevo a la terraza. Poco después, sin aviso, les llegó la multa en un sobre. Sostiene que en ningún momento le dijeron que los tiestos eran ilegales. "Lo más grave es que ni ellos mismos tienen claro por qué multan. No me supieron decir la diferencia entre un tiesto y una jardinera", se queja.

PRESIONES VECINALES

Ramó Fàbregas, del Cafè del Teatre, recibió hace un mes una sanción de 500 euros por un expediente abierto que arrastraba desde hace un año y medio. Asegura que en enero de 2020 instaló un limitador de sonido que fijaba la intensidad de la música en 85 decibelios. Afirma que persiguió con correos electrónicos al técnico del Ayuntamiento, que siempre faltaba algún detalle por cerrar y el funcionario dejó de contestarles. Hace un mes reclamaron el cierre del expediente, pero no obtuvieron respuesta hasta que les llegó la multa.

Los tiestos de la terraza del restaurante Mi Gràcia que le han valido una multa de 750 euros / MI GRÀCIA
Los tiestos de la terraza del restaurante Mi Gràcia que le han valido una multa de 750 euros / MI GRÀCIA

 

Fàbregas no cree que el consistorio haya tomado represalias por haber participado en las protestas. Achaca la decisión del consistorio de no otorgar pequeños módulos en la calle a la "presión vecinal". El pasado 6 de julio, en el último plenario del distrito, los regidores de Barcelona en Comú y el PSC les mostraron un gran puñado de papeles que representaban las quejas. 

88 SOLICITUDES PENDIENTES

A Barros le sorprende la multa porque pocos días antes se reunió como portavoz de la Associació de Bars i Restaurants de Gràcia con la gerente del distrito, regidores de Barcelona en Comú y el PSC y el jefe de inspecciones, entre otros responsables municipales. De nuevo, se encontraron con la negativa a aceptar módulos extraordinarios en la calle.

El consistorio les comunicó, una vez más, que están trabajando en una nueva normativa de terrazas que amparen los veladores puestos durante la pandemia. Ese día, a mediados de junio, el Ayuntamiento les detalló que aun quedaban 88 solicitudes de terrazas para aprobar o denegar en el distrito, la mayoría de ellas en la Vila de Gràcia. Según relata Barros, el consistorio decidirá sobre estas peticiones cuando haya aprobado la nueva ordenanza.

RESPUESTA DEL AYUNTAMIENTO 

Según fuentes del consistorio barcelonés, en estos momentos el distrito de Gràcia no está haciendo ninguna campaña específica de inspección de terrazas. Aseguran que "se actúa en aquellos casos en que llega al distrito alguna queja concreta sobre algún local".

En esos casos, según el gobierno municipal, "se abre el expediente correspondiente, se hace una inspección y se levanta un acta de los posibles incumplimientos que se hayan detectado".

PAGAR O RECURRIR

El dueño de Casa Pagès defiende que está cansado de ver como en calles del Born, Barceloneta y en el Eixample, como Enric Granados, y en Sarrià (Doctor Fleming) muchos negocios instalan terrazas sin permiso. Muestra fotos de locales con terrazas bajo la fachada, algo que no está permitido.  "Como asociación no denunciaremos a otros locales. Somos compañeros, pero no entiendo que solo nos jodan a nosotros", denuncia.

"Se nos ríen en la cara. Con los festivales sí que han hecho la vista gorda", dice Camoranesi. Esta última ha decidido recurrir la sanción, sabiendo que si no le dan la razón, deberá pagar los 750 euros íntegros. Barros optará por pagar voluntariamente, un trámite que le impide recurrir la multa, pero que reduce el importe a pagar en un 65% fijándolo, en su caso, en 1.050 euros.

Si quieres leer más noticias como esta y estar informado de la actualidad de Barcelona, descárgate nuestra app para iOS y Android.