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Las mujeres sintecho son una minoría. Ellas tienen necesidades particulares que, en muchas ocasiones, la administración no llega a cubrir. La iniciativa Lola No Estás Sola nació en mayo de 2017 para abordar su realidad desde una mirada feminista y, así, contrarrestar el vacío que dejan esas necesidades sin solventar. Entre estas figuran la falta de espacios de seguridad en la calle y albergues y el mayor sentimiento de fracaso que sienten ellas (en comparación a los hombres) al perder su casa, cuenta a Metrópoli Abierta la coordinadora del proyecto, Clara Naya.

Desde que el pasado agosto estrenaron local en el barrio de Verdum de Barcelona (cedido por el Ayuntamiento), Lola No Estás Sola ofrece a las mujeres sintecho más servicios que cuando se encontraba en la asociación de vecinos del barrio de la Prospeirtat, como el de duchas y lavandería. “También disponen de un almacén en el que pueden guardar sus maletas, tienen acceso a ropa y productos de higiene donados y, además, cuentan con un espacio de reunión”, explica Naya al hablar de unos encuentros donde conversan con otras mujeres en las que ven reflejada su historia. 

Arrels Fundació indica a este diario que el pasado junio contabilizó que 1.195 personas duermen en las calles de la capital catalana. De esta cifra, un 83% son hombres, el 11% son mujeres y el 6% no determinó, o no se pudo constatar, ninguno de estos dos géneros. Naya señala que desde que impulsaron Lola No Estás Sola hace más de dos años, ella y el resto de integrantes de la asociación han atendido a 80 mujeres que se habían desconectado de los servicios administrativos porque no se sentían bien atendidas. Actualmente las puertas del local de las autodenominadas “Lolas” abre los lunes y los jueves por la mañana y los miércoles por la tarde. Su meta es conseguir más financiación para terminar abriendo todos los días de la semana.

DESCONECTADAS DEL SISTEMA

Desde el otro lado del teléfono, la coordinadora del proyecto admite que muchas de las actuales “Lolas” llegaron “desconectadas del sistema” porque se habían enfrentado a problemáticas complejas, como la retirada de la custodia de un hijo, consumo de estupefacientes o violencia de género. Estas circunstancias provocaron que muchas nunca se pusieran en contacto con los servicios sociales o que no hubiesen "encontrado en estos la atención que reclamaban. Sus problemáticas son muy diversas”, añade Naya.

Es por eso que, desde Lola No Estás Sola ofrecen acompañamiento a estas mujeres para acabar vinculándolas (de nuevo o por primera vez) con los servicios sociales “oportunos en cada caso”. “Una vez conectan con estos la mayoría desaparece, pero hay más de 20 que ahora son parte de la asociación”, dice satisfecha Naya y añade: “Se impregnan de su modelo participativo y se involucran en las iniciativas que desarrollamos para tirarla adelante, como limpiar los baños para que otras mujeres puedan ducharse o participar en la recaudación de fondos”.

CAMBIAR DE MENTALIDAD

Además de dar a las "Lolas" la posibilidad de cubrir sus necesidades de higiene y vestimenta, también les ofrecen un espacio donde hacen varias actividades, como talleres y charlas. Es en estos momentos cuando intercambian sus historias de vida con otras mujeres sintecho y otras del barrio, que también han sufrido violencia de género o acoso. Juntas se sienten más comprendidas.

La importancia de sentir que otras empatizan con ellas recae en que los espacios públicos están “muy masculinizados” y “se encuentran fuera de lugar”. Naya detalla que en los albergues y en la calle no tienen intimidad, pueden sufrir acoso y tienen más riesgos de ser agredidas. “Desde la infancia, nos han instaurado el miedo a que nos violen o nos hagan daño en la calle, por lo que vivir en la calle para una mujer significa pasar todo el día con este miedo”. También recuerda que la sensación de fracaso ante la pérdida de un hogar es mayor para una mujer porque “nos han educado para que nuestro camino en la vida sea tener una familia y cuidar de esta”.

Es por eso que al compartir sus experiencias, entienden que estas son comunes entre muchas mujeres y, por tanto, pueden llegar a liberarse de esta culpa. Como sostiene Naya, en realidad, el culpable no es otro que “un sistema patriarcal que nos ha juzgado siempre de este modo”. Ahora saben que unidas son más fuertes.