El tiempo pasa, y el incivismo no desaparece. Así lo ha reconocido Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) a través de una nota. “En 25 años no hemos mejorado demasiado”, confiesan. Según exponen abiertamente, han encontrado en el fondo documental de TMB el testimonio de una campaña de 1994 para “sensibilizar sobre el impacto de las pintadas en el metro a partir de un titular periodístico”.

“En el Metro, la limpieza cuesta más de cien millones”, se puede leer, hablando todavía en pesetas. Es por eso que, debido al alto coste que suponía el mantenimiento (unos 600.000 euros) lanzaron esta iniciativa hace 25 años para “llamar la atención” de los usuarios.

Poco (o nada) cambió, al parecer. Ahora se gastan el doble –1,2 millones de euros– solo en retirar los murales de los trenes, según indica el organismo. De hecho, en 2018, se vieron afectados 1.273 convoyes a causa de la “indeseable plaga del vandalismo grafitero".

ELIMINAN MILES DE GRAFITIS A DIARIO

Para acabar el escrito, pese a su fracaso en este ámbito, resaltan sus buenas intenciones. A día de hoy, “se protegen las superficies más vulnerables con tratamientos antigrafiti o láminas transparentes”. Sin embargo, a diario tienen que “eliminar decenas de miles de tags o firmas que salpican tanto los trenes como las estaciones”.

TMB ha seguido impulsando campañas de sensibilización para tratar de revertir la situación. En el marco de su campaña Viaja con Karma, hace unos meses lanzó un potente mensaje contra el despatarro masculino bajo tierra, más conocido como manspreading, y ahora se centra en erradicar el machismo, en general, de los convoyes.

En los últimos años, el Metro ha vivido escenas violentas entre grafiteros y trabajadores, así como robos de todo tipo y acciones denigrantes y absurdas, como el lanzamiento masivo de huevos y pintura en algunos vagones.

Por su parte, Renfe también afronta un alto gasto para retirar los grafitis de los trenes de Rodalies (cercanías de Catalunya). Este 2018 ha costado más de 10 millones