Los barceloneses estamos acostumbrados a viajar en metro a diario; es el transporte público más utilizado y el más rápido, pero sus instalaciones, aunque son modernas y actuales, nos parecen tristes y frías. Los suburbanos de la mayoría de metrópolis destacan por su funcionalidad, pero hay algunas estaciones que causan furor por todo el mundo. Sobre todo, en Moscú.

El metro de Moscú se inauguró en 1935, cuatro años antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, y fue el primero del mundo por densidad de pasajeros. Tiene 222 estaciones y una longitud de tendido subterráneo de 379,1 kilómetros (tercero en el mundo después de Londres y Nueva York) con 14 líneas. Es uno de los metros mejor pensados y más funcionales del mundo. Está creado para ir rápido y, sobre todo, para cubrir grandes distancias, pues Moscú es una ciudad gigantesca. Pero su eficacia no es el único motivo por el que es apreciado por los moscovitas y los turistas. El suburbano de la capital rusa está considerado un Palacio subterráneo

 

Fresco realizado en una de las estaciones de metro de Moscú
Fresco realizado en una de las estaciones de metro de Moscú 

 

UN ELEMENTO DE PROPAGANDA FORRADO EN PAN DE ORO

Los arquitectos que proyectaron el metro de Moscú tenían un gran reto: que fuera el más bello de la época. Siin duda, lo consiguieron. Este fue galardonado en exposiciones universales como la de Bruselas, en 1935, y la de París, en 1937. Pero la grandeza arquitectónica llegó después de ganar la Segunda Guerra Mundial frente la Alemania Nazi. Los líderes soviéticos convirtieron el metro en un elemento de propaganda, lo forraron de pan de oro y lo adornaron con multitud de figuras y reliquias. 

Si en el metro de Barcelona albergamos roedores, suciedad y amianto, el de Moscú presenta unas condiciones extremadamente diferentes. 44 de sus estaciones son declaradas patrimonio cultural, y algunas de ellas son verdaderas obras de arte. Komsomolskaya es la estación más opulenta de todas las palaciegas: las exuberantes lámparas de araña, 68 columnas de mármol blanco y el color del oro rebosando por todos sus rincones hacen que sea un lugar resplandeciente y portentoso.

 

La estación de metro de Komsomolskaya / DEPOSIT PHOTOS
La estación de metro de Komsomolskaya / DEPOSIT PHOTOS

 

MÁRMOL, VIDRIERAS Y ESCULTURAS DE BRONCE: UN VERDADERO MUSEO SUBTERRÁNEO

Belorruskaya es una de las estaciones más antiguas de la ciudad, realizada con mármol rosado y lámparas de bronce transporta a sus transeúntes a cualquier lugar mientras estos sueñan estar en un verdadero palacete real.

 

La estación de metro Belorruskaya en Moscú
La estación de metro Belorruskaya en Moscú 

 

Novoslobodskaya cuenta con 32 vidrieras, que poco tienen que envidiar a las de la Catedral del Mar. Estas fueron construidas por artistas letones sobre un mármol traído desde los lejanos Montes Urales, sin duda unas exquisiteces artesanales que llenan de color la estación rusa.

 

La estación de metro de Novoslobodskaya en Moscú / FIVEPRIME
La estación de metro de Novoslobodskaya en Moscú / FIVEPRIME

 

Plóshchad Revolutsii alberga unas monumentales esculturas de bronce que representan a la cultura soviética y Slavyansky Bulvar permite que los usuarios del metro se sienten en unos originales bancos ambientados en una antigua estación de París

Sin duda, las estaciones del metro de Moscú son verdaderas obras de arte. Los viajes en el transporte público se convierten en visitas culturales de las que los usuarios disfrutan, y los responsables de muchas ciudades deberían aprender.