La T-10 subirá, probablemente, por encima de los 10 euros en 2018. El precio de la la tarjeta de transporte más utilizada por los barceloneses es ahora de 9,95 euros y, a pocos días del cambio de año, la Autoritat del Transport Metropolità (ATM) estudia las nuevas tarifas para el 2018 que prevén, a 20 de diciembre, el citado aumento, según fuentes conocedoras de las negociaciones. No sería nuevo. En 2014, antes de la bajada que pactaron el alcalde Xavier Trias y el socialista Jaume Collboni, la T-10 costaba 10,30 euros.

Cada año, por estas fechas, ya se sabe cuáles serán las tarifas del transporte público para el área de Barcelona, pero las elecciones de este jueves han motivado que el consejo de administración de la ATM no se haya reunido. Aprobar un aumento del transporte público, un tema muy sensible, antes de los comicios puede tener repercusiones electorales y nadie se ha atrevido a dar el paso.

"La decisión de no aprobar las tarifas antes de las elecciones ha sido estratégica. Ahora mismo, todo está parado, y las reuniones no se retomarán hasta después de los comicios. Las partes no se ponen de acuerdo", afirman fuentes cercanas a la ATM.   

Según la concejala de Movilidad de Barcelona y vicepresidenta primera de la ATM, Mercedes Vidal, el consejo de administración se reunirá el 28 de diciembre. Vidal ha asegurado este miércoles al mediodía: "No hay nada cerrado. Se sigue negociando", ha respondido a preguntas de los periodistas en una comparecencia para valorar la sentencia judicial europea que da la razón a los taxistas en su conflicto con Uber. Más tarde, fuentes municipales han explicado que se sigue trabajando para intentar congelar las tarifas, la intención municipal.

La ATM es un consorcio que forman la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona y el Área Metropolitana de Barcelona (AMB), como principales administraciones. Actualmente, la ATM no tiene presidente --con anterioridad era el exconseller Josep Rull--, y las vicepresidencias las ocupan Vidal y el alcalde socialista de Sant Joan DespíAntoni Poveda.

INCREMENTO MEDIO DEL 2%

A falta de algo más de una semana para que se aprueben los nuevos precios, sobre la mesa hay dos opciones, y ambas plantean el aumento de la T-10. Una de ellas aboga por una subida generalizada de todos los títulos de transporte, con un incremento medio del 2%, explican fuentes cercanas a la ATM a Metrópoli Abierta. La T-10, utilizada por más del 60% de los barceloneses, se situaría por encima de los 10 euros --como máximo en los 10,15 euros--. También está previsto que aumente el billete sencillo (hasta los 2,30 euros), la T-50/30 (hasta los 45 euros) y la T-Mes (hasta los 55 euros).

Otra de las propuestas que se está estudiando pasa por castigar a los viajeros esporádicos y premiar la fidelización. Si acaba prosperando esta idea, podría subir el billete sencillo, la T-10 y la T-50/30, en unos términos parecidos al primer plan (algo más en el caso de la 50/30, unos 47 euros), y congelar o rebajar los abonos T-Mes, T-Trimestre o T-Jove. Se plantea reducir la T-Mes, utilizada por un 15% de los usuarios, hasta los 52 euros, y congelar la T-Trimestre y la T-Jove.

Metrópoli Abierta ha tenido acceso a un documento del Ayuntamiento de Barcelona, Sistema tarifari i finançament del transport públic, y en él se dice que la T-10 es un título utilizado tanto por turistas y viajeros ocasionales como por personas que cogen el transporte público habitualmente. "La T-10 no fideliza al usuario y, por tanto, no permite aplicar tarifas de forma diferenciada, ni dar ventajas al viajero habitual", se explica en el documento.

TARIFA PLANA PARA FIDELIZAR

El problema de la propuesta de incrementar la T-10 es que los usuarios tendrán que pagar por unos viajes que, en muchos casos no realizan y acabarán pagando más por menos. Desde la Promoció del Transport Públic (PTP), Ricard Riol, plantea como solución una T-Mes que tenga una tarifa plana "para fidelizar al usuario habitual". La PTP dice que podría costar unos 42,50 euros para la ciudad de Barcelona (una zona) y permitiría hacer viajes ilimitados.

De hecho, en el documento municipal al que ha tenido acceso este diario se plantea, entre los objetivos para 2018 del transporte público, "fidelizar al usuario, facilitar el acceso a los abonos antes que a las tarjetas multiviajes, promover la T-Mes como abono y aumentar las aportaciones de los visitantes al sistema tarifario".

El concejal del PDeCAT, Raimond Blasi, explica que buena parte de estos problemas se solucionarán cuando entre en funcionamiento la T-Mobilitat. "Existirá una única tarjeta y el coste se adecuará al consumo que hagan los usuarios", subraya el edil. En principio, el nuevo sistema tendría que entrar en funcionamiento a finales del 2018, pero se retrasará con total seguridad. Este otoño se tenía que haber hecho una prueba piloto en la L-9 y se ha pospuesto un año.

El gran problema del transporte público metropolitano es la financiación. El transporte público es deficitario y se paga con las aportaciones del Ayuntamiento, la Generalitat, el Estado y el Área Metropolitana de Barcelona, y los billetes de los ciudadanos. En total, las administraciones han aportado en 2017 unos 720 millones de euros. La Generalitat ha pagado 360,9 millones; el Ayuntamiento, 136,7 el Área Metropolitana de Barcelona, 114,4, y el Estado, 108,8 millones.

TMB cederá un autobús en desuso al CatSalut para convertirlo en una consulta dentista móvil / TMB
Un autobús de Transports Metropolitans de Barcelona circulando por la ciudad.

Las administraciones catalanas han ido aumentando notablemente su cuota. Sin embargo, la constribución estatal apenas ha subido los últimos cuatro años --unos 14 millones, únicamente--, y tanto Generalitat como Ayuntamiento le han pedido al gobierno central que la aumente. Fuentes municipales han asegurado que la desinversión estatal viene de más atrás. "El Estado ha dejado de aportar unos 100 millones de media".

Recientemente, el PDeCAT en el consistorio ha asegurado que su diputada, Míriam Nogueras, ha conseguido el compromiso de la comisión de Economía del Congreso de los Diputados de que el Estado invierta 40 millones más en la financiación del transporte público del área de Barcelona. Con este aumento, la aportación estatal pasaría de 108 a 148 millones.

Este miércoles la concejal Mercedes Vidal, lo ha matizado. Al parecer, votaron a favor todos los grupos menos el PP, por lo que la decisión final la tendrá el Ejecutivo de Mariano Rajoy, según Vidal. En cambio, para el concejal del PDeCAT, Raimond Blasi, la decisión de la comisión de Economía del Congreso es vinculante. En caso de confirmarse esta aportación, esto podría suponer un cambio de planteamiento de las tarifas del metro y bus para el próximo año. Tampoco se descarta una mayor aportación municipal para, finalmente, congelarlas.

TRES AÑOS SIN AUMENTOS

Actualmente, la T-10 cuesta 9,95 euros, y lleva tres años sin aumentar, tras un acuerdo, en diciembre del 2014, entre el entonces alcalde Xavier Trias y el socialista Jaume Collboni a cambio del apoyo del PSC a los presupuestos municipales de Barcelona del 2015. En 2014, la T-10 costaba 10,30 euros y el precio se bajó a 9,95.

Esta semana, Collboni ha alertado de una posible subida de la T-10. El concejal socialista vino a decir que el gobierno de Colau se plantea un incremento, algo que él no ve con buenos ojos. "Defendemos que se congelen las tarifas del transporte público para 2018. Lo hemos puesto como condición para negociar los presupuestos de la ciudad", ha dicho Collboni. 

En el último pleno municipal del Ayuntamiento de Barcelona, celebrado a finales de noviembre, Colau también se mostró favorable a congelar las tarifas. Esa es la voluntad del Ayuntamiento. Pero recordó que el aumento no depende en exclusiva del consistorio que preside.