La mayoría de los barceloneses se muestran indignados con la subida de tarifas del transporte público. Día 2 de enero y la gente que ya arranca a trabajar se queja del nuevo sistema tarifario de los abonos del metro y autobús.

La T-10 se lleva la palma de las quejas porque es la tarjeta habitual para la mayoría de usuarios. “Estoy indignada porque compro tres T-10 al mes. Creo que no debería costar más de 10 euros o podrían hacer un descuento por la compra de la tercera T-10, por ejemplo”, explica Anaïs Rodríguez, que utiliza más el autobús que el metro.

Ciudadanos comprometidos con el buen funcionamiento de los servicios públicos y que ahora alzan la voz contra la última decisión municipal de incrementar el precio de las tarjetas que ha estado congelado durante los últimos dos años y la T-10 estrena el año 2018 a 10,20 euros. 25 céntimos más que no son de buen recibo para los trabajadores barceloneses. “Ni subiéndonos el salario inter profesional, estoy de acuerdo porque no nos dan margen para respirar”, contaba Luís Badete, casi jubilado y preocupado por la paga que le quedará.

Máquina expendedora de tickets en el metro / AO
Máquina expendedora de tickets en el metro / AO

En la estación de Valldaura de la L3, un joven treintañero salta sobre la barra en la entrada del metro. Se ha colado sin pagar. Su opinión, escueta y clara, “Antes decía que pagase Pujol, ahora, que pague Colau”, responde Jaume P. bajando por las escaleras mecánicas a trote. Jaume coge el metro casi todos los días y “si puedo, no pago”, cuenta.

La actitud de Jaume, también la critican otros usuarios que, como Eva, otra barcelonesa que se mueve por la ciudad con transporte público, dice que “si se vigilasen algunas zonas donde se cuela gente, no haría falta subir el precio del billete”. Ella, que combina metro, TRAM, FGC y autobús utiliza hasta tres T-10 al mes. Usuarios habituales de metro y autóbús, ya se proclamaban en contra de esta subida de precios días atrás, desde que se anunció dicha medida y desde hoy, que se incorporaban de nuevo al trabajo, rechistaban cuando opinaban del cambio de tarifas. "Lo vamos a notar cuando empiece el cole, que se multiplican los viajes", decía una madre que tiraba de un carro y otro hijo pequeño. 

Parada de metro en Passeig de Gràcia / AO
Parada de metro en Passeig de Gràcia / AO

“Creo que se tendría que ajustar el precio de los bonos por categorías: para residentes en Barcelona, trabajadores y turistas. Si el sistema del metro es deficitario, que se bajen los salarios de los trabajadores del metro como se ha hecho en otro ámbitos”, argumenta como alternativas Manu Margallo, contra la subida de tarifas. Un barcelonés que hace hasta 50 viajes al mes en transporte público. En la misma dirección, varios usuarios de metro comenzaban el año subiendo al metro decepcionados con la decisión. Algunos creen que el ayuntamiento podría haber negociado descuentos o incluir una parte del coste del servicio en los presupuestos municipales. 

“He optado por ir al trabajo en coche, tardo menos y me sale más a cuenta”, asegura Elisabet, una profesora que se desplaza por carretera a diario hasta el trabajo.

Ésta ha sido la reacción de los barceloneses que se levantan el día 2 y pagan más para ir a trabajar.