Cuando alguien se compra un coche nunca sabe si es para toda la vida o si antes o después lo acabará cambiando por otro más moderno, de otro estilo, más ecológico, más grande, más deportivo o más pequeño. Lo que uno no piensa nunca es que su vehículo particular por tener una cierta edad -y aunque funcione igual de bien que el primer día- va a acabar condenado a cadena perpetua, sin poder moverse del garaje, porque de la noche a la mañana se ha convertido en ilegal. Pues este es el futuro casi inmediato que les espera a los turismos diésel metropolitanos matriculados antes de 2006 y a los de gasolina anteriores al 2000, si se cumplen los planes de la alcaldesa y presidenta del Área Metropolitana de Barcelona (AMB), Ada Colau que los ha puesto en el punto de mira por considerarlos vehículos contaminantes. O lo que es lo mismo, de usar y tirar como simples kleenex.

A partir del próximo 1 de diciembre, cuando se declare un episodio alta contaminación, los vehículos privados que no tengan las etiquetas distintivas de la Dirección General de Tráfico DGT (B, C, ECO o 0) no podrán abandonar las rondas para entrar en Barcelona, en L'Hospitalet ni en Sant Adrià de Besòs, y parcialmente tampoco en Esplugues ni Cornellà. Normalmente se producen un máximo de tres episodios de este tipo al año, así que podría parecer un tema menor. Pero no lo es, pues la intención del Ayuntamiento de Barcelona es que esta restricción se aplique todos los días laborales en horario de oficina (de 7:00 a 20:00 horas) a partir de enero de 2019 y que ni siquiera se pueda circular con ellos en 2025.

“Es una medida injusta, muy discriminatoria y muy poco equitativa”, denuncia David Llort, portavoz de la Plataforma de Afectados por las Restricciones Circulatorias (PARC) que ya cuenta con unos 3.500 integrantes. “La contaminación es un problema muy grave para la salud pero no se puede hace que acaben pagando el pato los trabajadores que no tienen recursos para poder cambiarse de coche o quienes tienen un vehículo clásico o histórico que llevan toda la vida cuidando”, señala Llort.

MULTAS CON MALA FE

El portavoz de la PARC cree que las restricciones (y las multas de 100 euros que comporta su incumplimiento) se han dictaminado de forma demasiado precipitada y sin preguntar a nadie. “Desde 2004 se sabe que la contaminación es un grave problema y no se ha hecho nada”. Y en un abrir y cerrar de ojos, la administración se ha pasado de frenada. “En ninguna ciudad europea le han dicho a ningún ciudadano que tire su coche como se quiere hacer en Barcelona”, subraya Llort. “Hasta las multas se van a aplicar sin haber consultado antes con nadie. Se ha hecho de mala fe”, agrega el portavoz de los afectados.

Campaña informativa metropolitana para los episodios de elevada contaminación : EUROPA PRESS

Y es que hasta el propio baremo de las pegatinas tiene agujeros. Hay automóviles diésel matriculados en 2005 sin pegatina (como por ejemplo el Audi A4 TDI 2.0) que montan un motor idéntico al del mismo modelo con matrícula de 2006 (que no está sujeto a ninguna restricción). Incluso hay motores 'contaminantes' que siguen impulsando turismos matriculados en años posteriores pero que sí pueden lucir la pegatina, ya que en realidad ninguno de los dos supera las emisiones permitidas. Y hay casos todavía más flagrantes. “Un Seat Panda viejo produce menos emisiones que un Volkswagen Touareg nuevo y con pegatina”, desvela el vocal de la plataforma. Y hay muchas más incongruencias y muchísimas situaciones particulares que deberían tener un trato especial. “Hay que acabar con el mito de que los coches viejos contaminan más porque no es cierto. Hay muchos turismos sin pegatina de la DGT que cumplen la normativa de emisiones y que que pasan la ITV”, reclaman desde la PARC.

Ante estas "injusticias", los afectados piden que nadie se cruce de brazos. “Hay que buscar alternativas, hay que encontrar soluciones”, exige David Llort. E insisten en que tampoco es necesario romperse la cabeza para encontrarlas. Solo hay que mirar lo que hacen otras ciudades europeas. En París, por ejemplo, los residentes pueden moverse por el centro de la ciudad pero los demás dejan su coche estacionados en aparcamientos especiales bastante económicos de las afueras y desde allí acceden a medios de transporte público que en 20 minutos les dejan en la Torre Eiffel. En Alemania restringen en función de las emisiones “reales” de cada vehículo. Así en Berlín por citar otro caso llamativo, “un VW Touareg tiene prohibida la entrada al centro”, destaca Llort. Pero una antigualla tipo Seat Panda, no.

SOLUCIONES LÓGICAS

En definitiva, la plataforma no pide más que “soluciones lógicas” porque hay situaciones concretas en las que no queda más remedio que coger el coche porque no existe un transporte público alternativo. Esto es lo que pasa en Corbera de Llobregat, que está a 25 minutos de Barcelona en coche pero a dos horas o más en transporte público. “No nos están pidiendo un cambio de hábitos, nos están pidiendo un cambio de vida”·, se lamenta el vocal de la plataforma, quien recuerda que muchos barceloneses que tienen su puesto de trabajo en la ciudad han tenido que mudarse a poblaciones de fuera de la primera corona metropolitana “por el elevado precio de la vivienda y de los alquileres”. “Con un sueldo de mileurista no puedes vivir en Barcelona”, se queja David.

En verde, las zonas de Barcelona y su entorno afectadas por las restricciones en casos de elevada contaminación

Por si a los políticos o a los técnicos no se les ocurre ninguna solución, la PARC ya tiene unas cuantas en el tintero: incorporar un anexo a la normativa que permita circular siempre a los coches de los residentes en Barcelona (sin importar la fecha de matriculación) o que se incentive a los propietarios de los coches vetados para que los modifiquen, introduzcan los cambios que sean menesteres de forma que emitan menos sustancias contaminantes (como la sustitución del tipo de filtros) y así consigan que se homologuen en la mismas condiciones que los turismos nuevos. “Se hizo cuando dejó de dispensarse gasolina con plomo. No hubo que desguazar ningún coche. Los que no tenían catalizador solo habían de añadir un aditivo al carburante y ya está. Ahora se podría hacer algo parecido”, sostiene Llort.

El problema es que incluso modificar los coches, homologarlos después y registrar los cambios en la tarjeta técnica puede estar fuera del alcance de algunos bolsillos debido a que es necesario que intervenga hasta el fabricante. “Podrían concederse ayudas económicas” para homologar los coches y también para pasarse del automóvil de carburante fósil a uno híbrido o con motor eléctrico, sugiere el portavoz de la plataforma.

TURISMOS CONVERTIDOS EN PISAPAPELES

Lo que no parece de recibo es que un coche de 2004, con sólo 40.000 kilómetros y que solo se utiliza los fines de semana (como es el caso de una de las afectadas apuntadas a la plataforma) acabe en solo dos años “convertido en un pisapapeles”, se queja David Llort. Porque nadie querrá comprarlos cuando llegue el día del veto total y ni siquiera ahora pues con este panorama se están devaluando a marchas forzadas. “Nos obligan a tirar el coche cuando en ningún otro sitio se hace”, protesta el vocal de la PARC. Igual es que hay una mano negra en Barcelona a la que no le gustan nada los coches solo porque son coches, sospechan. “Queremos agotar todas las vías de diálogo y negociación pero si no se nos escucha no se descartan las movilizaciones”, remarca el portavoz de los afectados.

Las reclamaciones del colectivo no son baladís porque el problema puede alcanzar proporciones dramáticas en solo unos años si el modelo restrictivo de Barcelona se extiende. Según datos de la propia DGT, en 2016 había en Catalunya 5.431.259 turismos, de los que solo 3.186.000 tenían derecho a lucir alguna de las cuatro pegatinas que servirán como salvoconducto para utilizar el coche dentro de solo un par de año. Es decir, el 58% de la flota de vehículos matriculados en una de las cuatro provincias catalanas (o sea, más de la mitad) se convertirán en forajidos si intentan entrar en Barcelona  en días de contaminación y, con el tiempo, quien sabe si estos viejos cacharros acabarán criando malvas en la parte más oscura de un garaje. O en un desguace, para desconsuelo de sus chalados dueños, como los de la película.