El incivismo de los grafiteros en el metro de Barcelona cuestan cada año 10 millones de euros a los ciudadanos. La limpieza de los convoyes es únicamente la punta del iceberg. Los pagos se disparan por los daños causados por los grupos de vándalos cuando acceden al metro, tener que repintar los vagones o paredes ensuciadas y la personación de los servicios jurídicos de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) en distintos procesos. A estos pagos hay que sumar otros gastos, como el que se acarrea de parar el servicio de metro por la presencia de grafiteros en las vías o el daño que supone el uso de productos nocivos para el mediambiente.

La entrada de grafiteros a las instalaciones del metro es muy habitual. Esta semana se han vivido, al menos, dos casos. Uno de ellos fue el lunes en la parada de Can Boixeres. El segundo fue el martes. Un joven con la cara tapada hizo uso de un extintor en el metro de Badal para escapar del personal de seguridad. El grafitero lanzó espuma en el andén, las puertas de los vagones estaban abiertas y el polvo del extintor entró en los convoyes. Tres mujeres tuvieron que ser atendidas por los servicios de emergencia médicos, dos por inhalación y otra por caída.

SIERRAS RADIALES Y BARRAS DE HIERRO

Fuentes de TMB dicen que en el metro de Barcelona actúan "centenares de grafiteros" impunemente. Muchos viajan al extranjero, hay foráneos que vienen a Barcelona. Según la operadora de transportes, es difícil establecer una cifra exacta, pero podría acercarse al millar el número de gamberros, la gran mayoría de "carácter agresivo", que pintan en el metro. El presidente del comité de empresa, Aitor García, dice que, al menos, en una ocasión los grafiteros han utilizado en sus enfrentamientos con los vigilantes una pistola Taser. Desde TMB se niega que sea así y se asegura que tampoco se ha encontrado este arma eléctrica, que puede descargar hasta 50.000 voltios, entre el material requisado. Lo habitual son sierras radiales, barras de hierro y otros instrumentos para reventar cerraduras.

Solo en 2017, en el metro de Barcelona hubo 531 actos vandálicos y se pintaron 1.300 vagones. TMB invierte este año 24,6 millones en seguridad, un millón más que en 2017. Pero ni así se ha podido frenar la presencia de los grafiteros. García reclama una "vigilancia más activa" de Mossos y Guàrdia Urbana. En eso sí coincide con las demandas de los operadores ferroviarios españoles que, en la presentación del informe del Observatorio de Civismo en el Transporte Ferroviario, han reclamado más protección a los poderes públicos. Los ataques han crecido un 50% entre 2016 y 2017, hasta los 27.000 en toda España. Los operadores ferroviarios han planteado "un nuevo ilícito penal específico para los daños ocasionados en los medios de transporte público, atendiendo a su impacto social, ambiental y económico".