El fenómeno del top manta no ha desaparecido en Barcelona: simplemente ha mutado. Algunos comerciantes irregulares han esquivado el fuerte dispositivo contra la venta ambulante impulsado por el teniente de Seguridad y Prevención, Albert Batlle, durante este verano. Entre junio y finales de agosto, los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana han decomisado cerca de medio millón de productos y los vendedores han pasado de 777 a 140. Los que quedan se han reinventado y han apostado por otras fórmulas que –hasta el momento– les funcionan.

Tal y como relataba este medio, por un lado, se sitúan en la zona del Port Vell, donde saben que son casi de azúcar: el dispositivo policial no llega porque la zona en cuestión es competencia de la policía portuaria, que a su vez depende de Puertos del Estado del Ministerio de Fomento. Por otro lado, siguen vendiendo en La Rambla, uno de los puntos turísticos de más éxito en ventas debido a su gran afluencia.

HUIDA MASIVA EN EL METRO DE LICEU

Enfrente del Metro en Liceu decenas de vendedores se abren paso entre los viandantes para bajar rápido las escaleras. Son las cinco de la tarde y el paseo está atestado de potenciales compradores. Cargan una gran bolsa en la espalda –la “manta”– y el miedo a ser pillados: miran hacia todos los lados con nerviosismo. Desde la boca del Metro, un hombre –que a simple vista parece que conoce a los que huyen– les pide silencio y calma. El juego del gato y el ratón no da tregua ni a unos ni a otros.

El método consiste en exhibir el producto de la forma más disimulada posible, sin extender demasiado la manta y agarrando las cuerdas. Otros, sobre todo los de nacionalidad pakistaní, optan por separarse y colocarse repartidos en distintos puntos de La Rambla mientras un compañero otea el ambiente a unos metros de distancia prudencial. Los imanes, los abanicos y los fruteros son los productos estrella. Cada vez que montan el “tenderete” decenas de turistas se agolpan para ver qué hay y, si acaso, comprar algo.

PIDEN AUMENTAR LA PRESENCIA POLICIAL EN LA RAMBLA

“Somos conscientes de su presencia”, afirman fuentes sindicales de la Guardia Urbana consultadas por este medio. Mientras las escenas se perpetúan, una decena de agentes patrulla a pie por La Rambla. Según la Plataforma de Afectados por el Top Manta, el número de policías es insuficiente. “En algunos momentos se concentran hasta 100.000 personas en La Rambla. Imaginemos que en una ciudad con este mismo número de población solo hubiera diez agentes vigilando”, expone el portavoz, Fermín Villar. “Sería poco, ¿verdad?”, lanza de forma retórica.

Vendedor ambulante ofreciendo imanes en La Rambla / P.B.
Vendedor ambulante ofreciendo imanes en La Rambla / P.B.

Aun así, la entidad está satisfecha con la actuación del cuerpo municipal. “Se muestran atentos y plasman bien el mensaje de que la venta ilegal ya no es bienvenida en Barcelona”. En la misma línea de actuación, en los andenes del Metro, TMB aconseja a través de megafonía no comprar productos ilegales. No obstante, al parecer de la plataforma, “siguen faltando agentes de los Mossos patrullando a pie y que desplacen con scooters, que es la forma más rápida y práctica de hacerlo en Ciutat Vella”.

DRAMA CON LOS 'LATEROS'

El problema ahora, para ellos, llega cuando cae la noche. “Se llena de lateros y es un caos”, denuncia Villar. Es por eso que piden más patrullas, coincidiendo con los vecinos de barrios como el Gòtic y el Raval, testigos directos de peleas, asaltos, gritos y borracheras de película en las calles donde viven.

LOS VENDEDORES SE DEFIENDEN

El colectivo de vendedores ambulantes no dudó en alzar la voz ante el acorralamiento municipal desde el inicio de este mandato: están decepcionados con la unión entre la alcaldesa Ada Colau –que les prometió protección– y Jaume Collboni (PSC). En resumidas cuentas, no logran entender el “cambio radical” de BComú. “No se puede ser de izquierdas y hablar de presión, persecución e inseguridad", dice Lamine Sarr, miembro y portavoz del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes. Cabe recordar que, según su punto de vista, para las autoridades “el problema no es el espacio público, sino quién lo ocupa”.

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