Entidades cívicas apoyadas por la CUP han iniciado una campaña de presión sobre el Ayuntamiento de Barcelona para que ceda en determinadas demandas, aprovechando la crisis sanitaria del Covid-19. Esta campaña tiene dos vertientes: por un lado, persigue el desgaste del equipo de gobierno que forman los comunes y los socialistas. Por otro, trata de poner en evidencia a la izquierda no independentista y plantear el soberanismo como una alternativa con soluciones a los problemas de los ciudadanos.

Este jueves, la CUP echó leña al fuego con un comunicado contundente, en el que rechaza el Pacto por Barcelona propuesto desde la cúpula municipal. “Bajo esta denominación, el gobierno municipal pretende consensuar un gran acuerdo para reimpulsar la ciudad con los grupos municipales y una serie de agentes sociales y económicos (…) Rechazamos la idea de que este supuesto consenso social y ciudadano sea posible y ni tan siquiera deseable (…) Ningún acuerdo es de ciudad si no incluye los movimientos sociales y populares (…) Es un pacto a medida de los poderes económicos”.

Con estos planteamientos, los anticapitalistas esperan movilizar las calles mientras marcan el ritmo de la política municipal y plantean una oposición que ahora no pueden ejercer desde las instituciones. En esta campaña tiene una especial relevancia el Sindicat de Barri del Poble Sec, que ha puesto nombre a la rebelión contra la Administración local: “Los juegos del hambre 2020”.

QUE LA ADMINISTRACIÓN CUMPLA

El Sindicat es el autor de un manifiesto, apoyado por 22 plataformas, que denuncia que “las administraciones públicas no han tomado medidas efectivas para paliar el impacto psicosocial y económico de esta crisis que se encarniza con las personas más vulnerables y que no ha comenzado con la pandemia, sino que se ha hecho más patente”. Asegura el texto que los servicios sociales “en lugar de dar soluciones, generan listas de espera y nos derivan a las Xarxes de Suport Mutu a familias que difícilmente podremos atender con una capacidad limitada”. Denuncia, al mismo tiempo, que mientras les derivan a gente para que la ayuden, les multan por repartir alimentos en casas de personas que no pueden salir a la calle, como si los repartidores se saltaran el confinamiento. De ahí que el texto haga hincapié en “el acoso policial y multas por parte de la Guardia Urbana de Barcelona. Señalamos al Ayuntamiento como responsable directo de esta represión. Denunciamos su hipocresía, la falta de apoyo, protección y reconocimiento del trabajo imprescindible de sostenimiento colectivo”.

El manifiesto del Sindicat expone seis puntos con reivindicaciones concretas, como la apertura de bancos de alimentos con productos de primera necesidad. “Las Xarxes de Suport Mutu no podemos abarcar más, no queremos sustituir a los servicios sociales ni servir de bastón de las instituciones”. Piden, asimismo, la suspensión del alquiler por situaciones de vulnerabilidad durante la crisis y la suspensión del pago de facturas de los servicios básicos, como luz, agua, teléfono o Internet. Y recoge el espíritu de la ideología de la CUP al afirmar: “El capitalismo es un sistema asesino que sólo entiende de beneficios económicos”.

AYUDANDO A 5.500 VECINOS

Las Xarxes de Suport Mutu, creadas por barrios a semejanza de los Comités de Defensa de la República (CDR), también han comenzado a movilizarse y a mostrar su indisposición con el Ayuntamiento. “La pandemia sólo agrava las violencias del sistema. En esta crisis social, las Xarxes de Suport Mutu proveemos de alimentos a más de 5.500 vecinos mientras las Administraciones sólo refuerzan el estado policial”, advertía la Xarxa de Suport Mutu del Raval hace unos días.

Fue esta plataforma, una de las más combativas de Barcelona, la que ha dirigido una petición al Ayuntamiento con tres puntos: “el aumento de recursos, materiales y humanos, para el Instituto de Servicios Sociales, así como una simplificación de la burocracia para el reparto de alimentos de primera necesidad entre todos los vecinos que lo necesiten; reparto de Cestas contra el Covid a todo el que lo pida; y cesión de un espacio de titularidad municipal actualmente en desuso”. Ese espacio, que serviría de centro de reparto de alimentos, podría tener tres ubicaciones: un local en la calle Maria Aurèlia Capmany, un local en la calle Sant Ramon, o la Capilla de la calle Hospital.

25 FAMILIAS NUEVAS CADA DÍA

Según esta plataforma ciudadana, desde el 14 de marzo ha recibido “más de 300 peticiones de ayuda en alimentación para, como mínimo, 700 personas. Hemos elaborado este mapa con las 128 familias que hemos ubicado al Raval. No damos abasto ni para contestar a todos y, por desgracia, hemos de parar la solicitud de peticiones unos días para poder procesar todas las que nos llegan: 25 familias nuevas, como mínimo, cada día”. La red dispone de un local en el casal La Galera, pero es insuficiente y reclama un espacio más grande y mejor equipado para poder gestionar adecuadamente las ayudas. Un mensaje lanzado por Twitter este jueves advierte que la Xarxa tiene más de 120 peticiones sin contestar, sus líneas saturadas y adolece de escasez de alimentos.

La Xarxa del Eixample Esquerra, por su parte, ha establecido los martes y jueves de 5 a 7 de la tarde como horarios para recaudar alimentos y productos de higiene o limpieza que luego serán distribuidos. Esta plataforma es la que esta semana denunció “la hipocresía del Ayuntamiento de Barcelona, la falta de apoyo y reconocimiento de la tarea imprescindible de sostenimiento colectivo. Somos miles los vecinos que no tenemos las necesidades básicas cubiertas”.

Paralelamente, la Xarxa de Poblenou alertaba de que “esta semana hemos tenido el doble de demandas de personas que necesitan alimentos”. En Nou Barris, han comenzado también una frenética actividad para gestionar un banco de alimentos solidario y piden a los ciudadanos colaborar con las cestas repartidas por los comercios del distrito. “La recogida se hará respetando las medidas de seguridad e higiene. Ven con guantes y mascarilla y respeta los dos metros de distancia. Te dejaremos una caja para depositar los productos que traigas”, dice un cartel distribuido por la Xarxa CP3VoltesRebel. La de Sant Andreu ha establecido su cuartel general en el Ateneu Llibertari de la calle Llenguadoc y reclama donativos en forma de productos básicos de alimentación.

La gestión de la crisis, pues, es un arma cargada de futuro. Pero los anticapitalistas ven en esa gestión un punto débil de las Administraciones y se han propuesto sacarle partido político. Es la misma táctica que seguía la actual alcaldesa, Ada Colau, cuando sólo era una activista social y negaba incluso que quisiera dedicarse algún día a la política.

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