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El debate sobre el derribo de la estatua de Cristóbal Colón está a punto de convertirse en el culebrón del verano post-covid. La propuesta de la CUP de este viernes pidiendo su retirada del enclave del final de la Rambla es el último capítulo de una guerra que sólo contribuye a tensar los ánimos y a calentar la política barcelonesa. Desde que la líder de Podemos Jessica Albiach pusiese sobre la mesa la conveniencia o no de mantener la efigie del descubridor a la luz de las protestas internacionales por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos, los afectos y desafectos se han sucedido.

La CUP recordaba este viernes que “ciudades como Buenos Aires, Caracas, Los Ángeles o Saint Louis, este mismo martes, retiraron los monumentos que exaltaban la figura del colonizador. Los colectivos antirracistas y de personas migrantes de la ciudad hace años que reclaman la retirada del monumento”. La organización radical reclama al consistorio barcelonés que planifique inmediatamente la retirada de la estatua y que estudie con algunos colectivos “la mejor manera de reinterpretar la zona monumental con criterios historiográficos y actuales y que en función de esto decidan cuál es el destino exacto de la estatua”. Se trata, por un lado, de acabar con un símbolo que pudiera interpretarse como racista. Y, por otro, de un símbolo españolista y un símbolo imperialista. No hay que olvidar que el 12 de octubre (fecha del descubrimiento de América) es una de las bestias pardas del independentismo por sus connotaciones de la Hispanidad. Colón es, por tanto, el perfecto símbolo antitodo para el independentismo.

ANONYMOUS QUIERE ‘MOVIDA’

La líder de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, fue una de las que se mostraron inmediatamente a favor de retirar esa estatua y otras similares. Meritxell Budó, consejera de Presidencia y portavoz del Govern, respondía a la CUP este mismo viernes, aunque con muchos matices. “La historia es la que es y a veces está bien recordarla para no caer en los mismos errores”. De esta manera, se mostró favorable a que se podría iniciar un cierto revisionismo sobre los símbolos y estatuas históricos, aunque no entró más al trapo. Pero la alcaldesa Ada Colau fue tajante en este debate: “Es un icono de la ciudad para bien y para mal”, dijo la alcaldesa.

Desde círculos radicales, se augura que el debate sobre la retirada deberá afrontarse en Barcelona “tarde o temprano. No tiene sentido esperar más”, parafraseando a la CUP. Rechazan los radicales instalar una placa donde se explique quién era Colón porque consideran al descubridor de América como “uno de los mayores genocidas de la historia”.

La plataforma Anonymous Catalonia es otra de las que ha metido baza, aprovechando el momento. “¿Nos apuntamos?”, sondeaba a los activistas radicales la plataforma esta semana. La propia CUP arengaba a sus militantes a través de su canal de Telegram este viernes. “Con la retirada de Colón no perdemos un icono, hacemos de Barcelona un icono antirracista”, decía en su comunicación para contrarrestar el mensaje de Colau.

“NO FUE UN GENOCIDA”

Pero hay otras organizaciones que defienden que la estatua no se toca, porque representa a un “prohombre catalán”. Son los partidarios de la teoría de que Colón no era un marino genovés, sino un noble barcelonés que ocultó su identidad por miedo a represalias si se conocía su origen. La polémica coincide con el lanzamiento de la reedición del libro Cristòfor Colom, Príncep de Catalunya, de Jordi Bilbeny, director del Institut Nova Història (INH). Bilbeny presenta al Almirante como “catalán, instruido, de familia de mercaderes y navegantes, de ascendencia noble, vinculado con la realeza”. Incluso lo acaba presentando como un “científico”. En la última polémica, el INH salió en tromba a defender la continuidad de la estatua, pero en esta ocasión esta entidad se ha mantenido un mutismo sepulcral, ya que las alabanzas de Bilbeny casan mal con los tiempos que corren para el Almirante en las revueltas aguas del independentismo.

La plataforma Historia del Nuevo Mundo terció en el debate: “No, señores, no. Colón no fue un genocida”, advirtió, para a continuación enumerar las luces y las sombras del descubridor: “Pero sí fue un audaz temerario que no se asustó con las leyendas de monstruos y misterios y se lanzó a lo desconocido. Sí fue un geógrafo autodidacta que tras estudiar las obras más importantes expuso su propia teoría del tamaño de la esfera terrestre. Sí fue un explorador que tras recorrer el Océano Atlántico durante años encontró la posibilidad de llegar a Asia con los vientos alisios. Sí fue un comerciante que intentó comerciar entra Asia y Castilla y hacerse con gran parte de ese comercio (…) Sí fue un mal político que no supo gobernar las tierras que descubrió dejándolas en manos de ineptos y corruptos. Sí fue un mentiroso que al volver a Castilla difundió a los cuatro vientos que había encontrado el paraíso y tierras riquísimas cuando no fue así. Sí fue un esclavista que ante el fracaso económico de su proyecto intentó vender esclavos indios en Castilla, provocando el enfado de la reina Isabel, que ordenó su liberación inmediata. No, señores de la ignorancia totalitaria y el odio más radical, no. Colón no fue un genocida. Fue un hombre de su tiempo, el Renacimiento. Cometió errores y aciertos, y juzgarlo y tratarlo con puntos de vista actuales es de absolutos ignorantes y malintencionados”.

PROFESORES REVISIONISTAS

Es esclarecedor un artículo sobre el tema titulado ¿Deconstruir o desmontar a Colón? publicado en Vilaweb por Andrés Antebi, Manuel Delgado y Alberto López Bargados. Los tres son antropólogos de la UB y el primero es también coordinador del Observatorio de la Vida Cotidiana de la Universidad. Los profesores recuerdan que hace dos años se retiró la efigie del negrero Antonio López, Marqués de Comillas. “Esto que ahora vemos es, en fin, aquello que siempre había estado oculto, aquello que no nos habían enseñado nunca, pero que tampoco habíamos hecho ningún esfuerzo por ver: los crímenes y las miserias asociadas al proyecto colonial en toda su crudeza. Es evidente que Colón forma parte de este selecto club de la infamia”.

Deducen que los barceloneses sienten al almirante como “uno de los nuestros” y que por eso habría que replantearse la relación de los catalanes con algunos de sus ancestros, como el propio Colón, el general Joan Prim o el empresario Joan Güell. Reivindican, por tanto, un revisionismo de estos símbolos, especialmente del de Colón, que es el más emblemático. “Ahora que todos hablan del derecho de la ciudad, quizás haríamos bien en recordar que este derecho es inseparable del derecho de memoria y que no podemos permitir más tiempo que nuestros monumentos emitan siempre el mismo mensaje de gloria a los vencedores y de indiferencia por los vencidos”.

REPENSAR LOS ESPACIOS PÚBLICOS

Otro profesor, Martín Rodrigo, titular de Historia Contemporánea de la UPF, escribía en Conversaciones sobre Historia que “en España, hasta el momento, sólo se ha bajado una estatua de su pedestal. Fue en Barcelona el 4 de marzo de 2018 y tuvo por objeto la efigio de Antonio López”. Sí enumera las estatuas víctimas de las protestas antirracistas tras la muerte de George Floyd: “El primero en caer fue Williams Carter Wickham, en Richmond, capital del Estado de Virginia, en Estados Unidos. Wickham era un general confederado y dueño de una plantación cuya estatua fue erigida en 1891 y derribada el domingo pasado durante las protestas del movimiento Black Lives Matter. Tras él, se desplomaron Cristóbal Colón y Boston y Virginia, el esclavista del siglo XVII Edward Colston en Bristol y Leopoldo II, cerebro del mayor genocidio cometido en el Congo a finales del siglo XIX, en Amberes”. También estatuas de Winston Churchill amanecieron con pintadas antirracistas en Reino Unido.

Alfredo González Ruibal, investigador del Patrimonio, licenciado en Historia y doctor en Arqueología Prehistórica de la Complutense de Madrid, habla en el mismo foro del “patrimonio negativo”. Es el que está asociado a la opresión. “Los actos de tirar estatuas o destruir monumentos son recurrentes, desde las de Franco en España en 2007, las de los confederados en Estados Unidos en 2017 o las de los comunistas en los países orientales a finales de los 90. Cada vez que sucede parece un escándalo, pero en realidad existe un patrón”. Partidario de la reclasificación del espacio público, Alfredo González afirma, no obstante, que “en términos estrictos, Colón no era un conquistador, sino un explorador. No es como Pizarro o Hernán Cortés. Pero bueno, son cuestiones de matiz. La realidad es que la llegada de Colón a América es lo que abrió el camino a las depredaciones europeas en América y está claro que el interés de Colón era hacerse rico y nunca lo ocultó”.

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