Un agente de la Guardia Urbana está de baja por rotura de nariz después de recibir un puñetazo durante el desalojo de la acampada de la plaza Universitat el 20 de noviembre. Durante el operativo policial, que puso fin a tres semanas de protesta por la sentencia del procés, se arrestó a dos personas que se encuentran en libertad y están siendo investigadas. Tres miembros de la acampada han iniciado una huelga de hambre este lunes en la plaza Sant Jaume para denunciar la “desproporcionalidad” del desalojo.

Desde el Ayuntamiento continúan defendiendo el operativo en el que, señalan, solo hubo un herido y fue uno de los agentes. Al menos 14 activistas se han organizado para participar en esta huelga “rotativa” en la que se irán alternando entre ellos en caso de ingreso hospitalario o cuando alguien decide abandonar la protesta. Desde el jueves una decena de jóvenes duerme delante del consistorio para exigir explicaciones a la alcaldesa Ada Colau.

REPROCHES A COLAU

Marc Rodríguez, de 19 años, no come nada desde hace 24 horas. Cree que el pasado de Colau como activista asamblearia en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) contradice el modo con el que ordenó el desalojo. “Debería de haber sido la primera en intentar solucionar las cosas. Podría habernos avisado, al menos”, se queja. “Soy partidario de la no violencia, dentro del pacifismo hemos ido agotando las opciones”, explica este tarraconense, que estudia en línea un ciclo medio de Informática.

A diferencia de Rodríguez, Jorge Fernández cuenta sus protestas por las acampadas (42) y huelgas de hambre (18) que ha realizado en los últimos años. “Una más que Ghandi”, presume este veterano activista de 42 años. En la reunión de este lunes, Fernández cuenta que el Ayuntamiento reconoció que no había intentado ninguna mediación, como sí dio a entender la alcaldesa después del desalojo.

DE UNIVERSITAT A SANT JAUME

El desalojo de la acampada dispersó a la gran mayoría de manifestantes que durante tres semanas durmieron delante de la Universitat de Barcelona. Desde hace una semana una decena de jóvenes duermen al raso con sacos encima de cartones en las puertas del consistorio.

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Jorge Rodríguez, este martes, en la plaza Sanat Jaume.

 

Coordinados con el grupo que cada día corta la Gran Vía delante de la UB, siguen reivindicando un referéndum, la dimisión del consejero de Interior, Miquel Buch, por las cargas policiales y la liberación de los detenidos en los altercados.

Rodríguez bebe una bebida refrescante y café con agua y azúcar. Desde Street Medics BCN, un grupo de voluntarios sanitarios, le han aconsejado que no aguante más de 15 días, ya que se encuentra 11 quilogramos por debajo de su peso ideal.

OCUPACIÓN DE LA VÍA PÚBLICA

La Guardia Urbana requisó el material debido a la ocupación ilegal de la vía pública que estaban llevando a cabo los manifestantes. Fuentes municipales explican que, como ocurre en el caso de los manteros, para recuperar el material se debe pagar una tasa. A este valor, se le debe sumar una sanción de 200 euros (se reduce a 100 si se paga en el período establecido) por incumplir la ordenanza cívica.

“En todos los desalojos que he vivido, nunca me habían pedido que tuviera que pagar para recuperar mis cosas”, se queja este miembro del movimiento Chalecos Amarillos. Calcula que la Guardia Urbana requisó 251 tiendas y otros objetos como sus dos ordenadores, equipos de sonido, tiendas y lonas. En total, dice, el valor del material asciende a los 100.000 euros.

El concejal del Distrito de l'Eixample, Jordi Martí, les trasladó a los activistas la posibilidad que un grupo en nombre de los acampados pueda recoger todo el material sin necesidad que acudan todas las personas que tengan algún objeto en el depósito municipal. Las personas que soliciten el materia, eso sí, deberán abonar la tasa y sanción correspondiente.

 

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