La Guardia Urbana practicó el año pasado 1.236 pruebas de alcoholemia menos que en 2017. Así lo asegura la sección de la Unión General de Trabajadores (UGT) de la policía local barcelonesa. El sindicato destaca que el año pasado los agentes realizaron 5.047 exámenes frente a los 6.283 hechos hace dos años. La rebaja es de casi un 20%, concretamente un 19,6%.

El guardia urbano y miembro de UGT, José Casas, explica que de pruebas de alcoholemia se han dejado de hacer todos los días, pero la reducción se nota especialmente de noche "por la falta de personal" y la menor inversión del consistorio en pagar horas extras a los policías, denuncia un agente en conversación con Metrópoli Abierta. La Guardia Urbana es la policía encargada de la vigilancia del tráfico en Barcelona y de velar por la seguridad viaria y la reducción de los accidentes.

SIN ALCOHOLÍMETROS

La noticia del descenso del número de pruebas practicadas coincide con la denuncia de la propia UGT y del Sindicato de Agentes de Policía Local (SAPOL) recogida hace dos meses por este medio sobre la falta de alcoholímetros y de etilómetros en las unidades policiales. El pasado julio, SAPOL aseguró que los aparatos casi han desaparecido y que hay patrullas que tienen que esperar hasta dos horas para disponer de uno en un control. 

El cuerpo policial tiene entre 80 y 90 alcoholímetros y etilómetros. "Pero la mitad están estropeados o se tienen que calibrar", denunció en julio secretario general de SAPOL, Manel García. El representante sindical afirmó que los trabajos de calibraje los hace una empresa de Madrid, lo que provoca que los aparatos tarden varias semanas en volver a estar disponibles.

Control de la Guardia Urbana en Barcelona / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA
Control de la Guardia Urbana en Barcelona / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA

APARATOS DISTINTOS

Los alcoholímetros y los etilómetros son aparatos distintos. Ambos sirven para hacer soplar al conductor y ver el nivel de alcohol, pero únicamente el segundo imprime el ticket con la hora en que se han llevado a cabo las pruebas y el nivel de alcohol. "El ticket es necesario para las diligencias o si el caso llega ante la Justicia", precisa García. Los etilómetros también son más precisos, pero más delicados y caros.

En un control de alcoholemia, primero se utiliza un alcoholímetro. Si la prueba sale negativa, aquí se acaba el procedimiento. En cambio, si sale positiva, hay que usar el etilómetro. A veces las patrullas tienen que esperar una hora y media o dos para disponer de un etilómetro con el ciudadano en el punto de control", critica García. 

LOS DROGOTEST, "LOTES DE JUGUETE"

A mediados de 2018, UGT ya puso sobre la mesa los problemas con los alcoholímetros. El sindicato recuerda que reclamaron una auditoría de los alcoholímetros sin obtener respuesta. UGT añade que también se quejaron del mal funcionamiento de los drogotest, que las fuentes consultadas definen como "lotes de juguete" que fallaban o tardaban lo suyo en dar positivo o negativo.

De vez en cuando, la Guardia Urbana informa de casos de personas que han dado positivo en pruebas de alcoholemia y que pueden tener un interés informativo. Uno de las situaciones que más difusión ha tenido en Barcelona, los últimos años, fue la de un conductor que se fugó tras provocar un accidente en la Ronda Litoral y cruzó media ciudad, con un Mercedes abollado y a tres ruedas, hasta la calle de Aragó. El chófer dio 1,08 mg/l en la prueba de alcoholemia y positivo en cocaína y drogas sintéticas.

El pasado diciembre, otro hombre fue arrestado tras saltarse "a toda velocidad" un control de alcoholemia en la calle de Pujades, en el distrito de Sant Martí. El individuo llevaba en el coche dos cuchillos y restos de cocaína y acabó detenido por la Guardia Urbana. El arrestado dio positivo en las pruebas de alcoholemia. La policía imputó a la persona un delito de conducción temeraria.