Perendreu comparte su experiencia como jugador / ALBA LOSADA
Perendreu comparte su experiencia como jugador / ALBA LOSADA

Francesc Perendreu: “El jugador lleva 100 euros encima y los zapatos rotos”

La mujer del exludópata le dejó porque "le mentía todo el tiempo"

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Actualizado: 24/10/2019 10:22 h.

Cuando Francesc Perendreu llevaba seis años adicto al juego su mujer ya lo había dejado. Era consciente de que tenía un “grave problema", pero no era capaz de afrontarlo. Lo único que necesitaba era jugar. Cuando estaba ante las máquinas tragaperras no pensaba, los problemas se evaporaban con cada apuesta, olvidaba por unos instantes que los había perdido todo. “Los jugadores son las únicas personas que pueden llevar 100 euros en el bolsillo y los zapatos rotos”, admite a Metrópoli Abierta desde la Associació Centre Català d’Adiccions Socials (ACENCAS), entidad que preside desde 1991 y que trabaja por ayudar a personas ludópatas, compradoras compulsivas o adictas al sexo o al móvil, entre otros.

LA ADICCIÓN

El comienzo de la caída de Perendreu, de ahora 61 años, tuvo lugar a sus 19 años, momento en el que su trabajo de entonces (gigoló) le hacía ganar “demasiado dinero”. La poca importancia que le daba a los billetes, junto con la diversión que le provocaba jugar, hizo que, sin darse cuenta, se viese inmerso en una rutina que tenía como constantes a las casas de apuestas, las máquinas tragaperras y los letreros luminosos. 

Cuando pasado un año dejó ese trabajo de gigoló porque “acostarme con mujeres que no te gustaban era muy duro”, estaba muy lejos de ingresar la misma cantidad de dinero, pero continuó. Pasó por varias fases. Primero vibraba de emoción con cada premio. Después jugaba para recuperar lo que había perdido el día anterior, aunque reconoce que si ganaba, lo seguía haciendo. Y al final, en los últimos tres años de su ludopatía, apostaba “sin ningún tipo de límite”.

Las máquinas tragaperras hacen adictas al juego a muchas personas
Las máquinas tragaperras hacen adictas al juego a muchas personas

LAS PÉRDIDAS

Perendreu asegura que lo que menos le importa de su “época de ludópata” es el dinero que despilfarró. “Perdí mi familia, mis amigos, mi trabajo, mi dignidad y me perdí a mí mismo como persona, ya no era una persona. Era como doctor Jekyll y señor Hyde”, cuenta con una mirada que denota que hay dolores que ni 30 años ni una vida entera son capaces de sanar.

Su mujer le abandonó cuando él tenía 28 años porque veía que el dinero no llegaba a casa mientras “teníamos necesidades”. “Le mentía todo el tiempo. Creó que aguantó demasiados años antes de dejarme”, reconoce y, acto seguido, insiste en recordar lo mucho que también sufren las familias en estas circunstancias. Cuando Perendreu perdió la suya se quedó solo con su perro. Salía por las noches a pasearlo, caminaba por la calle entre lágrimas y observaba las ventanas de otras viviendas llenas de luz y vida y se preguntaba: “¿Por qué no puedo ser normal?”.

SALIR DEL JUEGO

Después de 9 años adicto al juego, Pereandreu había perdido demasiado. Convivió con esas ausencias hasta que llegó el día en el que ya no pudo más: “cuando me desperté, me sentí tan solo y desesperado que me dije: ‘solo puedo jugarme mi vida a cara o cruz. Si sale cara, pido ayuda. Si sale cruz, acabó con todo”. Salió cara.

Se despojó de esa adicción para siempre, volvió a dedicarse a sus allegados y, con el tiempo, se fijó la meta de ayudar a otras personas que atraviesan las mismas circunstancias que él sufrió. Ahora, agradece que la ludopatía que le aprisionó durante años le terminara convirtiendo en la persona que es. Aquella que, en las últimas décadas, ha echado una mano a unas 4.000 personas con adicciones sociales desde ACENCAS. Y para él, el mayor regalo que recibe con este trabajo son los abrazos, cartas y palabras de exadictos y de sus allegados que dicen gracias. “Es el orgasmo más grande de la historia”, recalca.

PROHIBICIÓN DEL AYUNTAMIENTO

El pasado martes el gobierno municipal de Ada Colau y Jaume Collboni comunicó que prohíbe la apertura de nuevas casas de apuestas, bingoscasinos y salas de otros juegos de azar en Barcelona.

El ejecutivo de la ciudad detalló que un estudio de la conselleria de Salut, que encabeza ahora la regidora Gemma Tarafa, alerta de los impactos negativos que estos espacios tienen en las personas, sobre todo entre las más jóvenes. Tarafa subrayó que dos de los factores que favorecen caer en la ludopatía es vivir en barrios de rentas bajas y tener cerca de su domicilio una casa de apuestas. En la capital catalana hay actualmente un casino, 17 bingos y 35 salas de juego.

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