Fàtima Ofkir Reyes, una chica de 21 años de L’Hospitalet de Llobregat, lleva tres años en la prisión de mujeres de Mascate, la capital de Omán. Fue encarcelada después de cumplir los 18, acusada de un delito de narcotráfico y convirtiéndose así en la española más joven apresada en un centro penitenciario del extranjero. Su madre, Rosario Reyes, lucha desde entonces para repatriarla.

Su historia es especialmente dramática. La captó una red de tráfico de drogas para que viajase a Omán y recogiera un paquete que debía ser trasladado a España. En su interior, siete kilos de morfina. La mercancía estaba escondida en la habitación del hotel en el que se tenía que alojar. Pero cuando llegó al lugar se arrepintió, aseguran sus abogados. Así que llamó a su contacto para decirle que no iba a hacer nada. Ya era tarde: la policía se presentó en la estancia y fue detenida. De poco sirvió que revelase dónde se escondía la carga y que facilitase el arresto de su intermediario, que aterrizaba en el país unas horas más tarde. Un tribunal la condenó a cadena perpetua.

CÚMULO DE IRREGULARIDADES

Dice su defensa que cometió un error pero no llevó a cabo el delito. Y que fue un cúmulo de irregularidades el que acabó con la joven Fàtima en la cárcel sentenciada de por vida. El bufete Vosseler Abogados, que lleva ahora el caso, asegura que la embajada española en el país árabe recomendó en su momento un letrado “que nunca ha ejercido como tal”. Aun hay más. Hasta hace tan solo unas semanas, la confusión sobre la pena de Ofkir Reyes ha sido absoluta. En un primer momento se dijo que había sido condenada a siete años. Más adelante, a 25. Este mes de diciembre, la abogada que se ha hecho cargo del caso, Mònica Santiago, ha descubierto que realmente pesa sobre ella una cadena perpetua. “Todavía no he tenido el valor de decírselo”, explicaba el pasado día 16 en el programa Tot es mou de TV3.

CONVENIO DE EXTRADICIÓN

Y es que Fàtima lo está pasando verdaderamente mal y su situación es muy delicada. Tan solo le permiten hablar por teléfono con su familia tres veces al mes, está obligada a llevar burka y no entiende el árabe. Su madre está moviendo cielo y tierra para que su hija vuelva a España y pueda cumplir la condena en una cárcel de aquí. Para ello ha pedido la colaboración del Gobierno y ha mantenido ya una reunión con el Ministerio de Asuntos Exteriores. La ministra Arancha González Laya y las autoridades europeas estarían mediando con sus homólogos omaníes. Rosario Reyes espera así que próximamente ambos países firmen un convenio de extradición para que su hija pueda regresar a España.

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