La hostelería y la restauración son dos piezas clave de la economía de Barcelona. Según el Libro blanco del futuro del trabajo publicado por Barcelona Activa, ambos sectores liderarán el crecimiento del empleo en la capital catalana en los próximos años. Según el estudio, crecerán hasta un 70% en ocupación en los próximos 15 años.

Con la llegada del buen tiempo, las ofertas laborales en estos campos se disparan. Es habitual encontrarse con carteles en los escaparates de los bares y restaurantes donde indican que se precisa camarero. Los requisitos para optar al puesto no suelen ser muy exigentes. Basta con tener algo de experiencia demostrable para ser contratado.

PRÁCTICAS IRREGULARES EXTENDIDAS

No obstante, la precariedad y las prácticas irregulares están muy extendidas en el sector. Las problemáticas más comunes son las horas trabajadas sin cotizar o extras sin pagar, la inestabilidad, o los falsos contratos temporales o de obra y servicio que se corresponden con trabajos que deberían hacerse con un contrato indefinido. Así lo indican tanto Comisiones Obreras, UGT y el Ayuntamiento de Barcelona, que coinciden en un diagnóstico que viene de lejos. Por ese motivo, el consistorio puso en marcha el Punto de Defensa de los Derechos Laborales en 2018 en Ciutat Vella para luego extenderse a los distritos de Sants-Montjuïc y Nou Barris. La iniciativa, gestionada por Barcelona Activa, tiene la intención de asesorar a los trabajadores en las dudas y demandas laborales que tengan.

Durante 2018 se atendió un total de 510 personas en el punto habilitado en Ciutat Vella, de las cuales la gran mayoría trabajan en el comercio y la restauración. Según datos del ayuntamiento, las personas atendidas tienen salarios por debajo de los 18.000 euros anuales. Desde Barcelona Activa señalan a este medio que en los casos laborales más graves se deriva a los trabajadores a un abogado de oficio después de estudiar su situación. Sin embargo, muchos desisten y aceptan los fraudes o bien cambian de trabajo en el mismo sector en busca de mejores condiciones.

UN TESTIOMINIO CUALQUIERA

Rodrigo, un argentino que emigró a Barcelona en 2015, explica cómo ha cambiado de empleo como camarero hasta en siete ocasiones en tres años. Empezó en Gràcia, atraído por el ambiente bohemio de este barrio barcelonés y por la rapidez con la que le contrataron para reforzar el servicio en la terraza de uno de los bares de la plaza de la Vila. No tardó en darse cuenta de que la apariencia progresista de Gràcia no se trasladaba a los centros de trabajo del barrio. En apenas una semana constató lo “quemados” que estaban sus compañeros ante la falta de personal y el exceso de carga de trabajo diaria. Pasados los tres meses decidió dejar el empleo tras valorar que no le compensaba cobrar 900 euros netos al mes por trabajar supuestamente 30 horas a la semana.

Rápidamente encontró otro empleo mejor pagado en el Eixample, unos 1.100 euros por 40 horas semanales. No obstante, al acabar la primera semana vio que era peor que el anterior. “Los ritmos de trabajo eran de locos. Casi no podías parar ni para ir al baño. No tenían personal de limpieza y lo teníamos que hacer los camareros, que no dábamos a basto. Acabábamos haciéndolo en horas extras que no se pagaban: media hora entre semana y una o incluso dos el fin de semana. Tenía compañeras que lloraban al acabar la jornada, y vi como pasaban hasta tres cocineros en solo un mes”.

Encadenó cuatro puestos de trabajo con experiencias similares, hasta encontrar finalmente un empleo digno en el sector a finales de 2018. “Por mi experiencia, podría decir que la ética de los empresarios en la hostelería es anecdótica. Los hay, pero tienen que competir contra otros establecimientos que han normalizado contratar a tres personas cuando en realidad necesitan al doble de personal”, explica.

FALTA DE INSPECTORES

Su caso no es inusual, afirman desde las dos principales centrales sindicales. Jesús Lodeiro, representante de hostelería de UGT en Barcelona, denuncia la precariedad y las situaciones de ilegalidad que se dan en el sector en la ciudad. Él se muestra partidario de medidas drásticas para frenar estas prácticas abusivas contra los trabajadores.“Existen fraudes en la contratación, contratando trabajadores por menos horas pagando en negro el resto por encima del contrato, e incluso con incumplimientos del convenio como son los dos días ininterrumpidos de descanso, o fiestas no recuperables, o vacaciones” señala. Por ello, aboga por una intensificación de las inspecciones de trabajo en Barcelona y pone como ejemplo el caso del gobierno balear, que ha reforzado el equipo de funcionarios estatales que combaten el fraude laboral.

Así, pese a la existencia de servicios como el impulsado desde el ayuntamiento, la indefensión de los empleados sigue siendo alta en este sector, así como en otros donde se comparten una serie de características. Paco Galvan, responsable de hostelería de CCOO, asegura que existen “elementos comunes de precariedad” en la restauración. Según él, estas condiciones nacen de la escasez de personal y de la falta de contratos indefinidos en el sector. Asimismo, indica que “por desgracia muchos restaurantes son pimes con menos de seis trabajadores, lo que dificulta que existan secciones sindicales".

Según él, una de las condiciones para que esta situación se enquiste es la falta de recursos de Inspección de Trabajo para controlar que se cumpla la ley y los convenios laborales. “Les faltan muchos medios”, asegura el sindicalista. Como ejemplo, destaca que los inspectores pueden tardar seis hasta ocho meses para realizar una inspección tras una denuncia.