Un coche frena de golpe. “¡Vaya huevos!”, vocifera el conductor en una intersección de la calle Pepe Rubianes. El hombre que maneja el bicitaxi le contesta algo y –ajeno– sigue adelante tras haberse saltado un Stop. Los tres turistas que van sentados poner cara de no entender nada. Pero ríen: se divierten. Pese a ser todavía primavera, el verano ya ha llegado a la Barceloneta.

La estampa de otros años se repite: turistas a raudales, manteros en la calle y bicitaxis haciendo sonar sus bocinas para captar clientes. El caos. Ahora que la lluvia ha dado tregua, las terrazas de los restaurantes se han llenado de nuevo. Huele a paella y a calamares a la andaluza. Y decenas de sangrías salen –aguachinadas– del interior de los bares directas a las mesas para saciar la sed de los turistas que han adelantando su Semana Santa.

EL PASEO, LLENO DE MANTEROS

Los manteros, un año más, colocan a conciencia sus pañuelos en el suelo del paseo de Joan de Borbó siguiendo un orden y formando dos calles. Algunos se quitan los zapatos y se sientan como si estuvieran en casa. Las bicisring, ring– pasan entre los puestos y sortean a los viandantes que se encuentran a su paso. Los productos son los mismos, o muy parecidos. Imanes (a modo de souvenir) por un euro, camisetas, bolsos y zapatillas. Este año están de moda las de la marca Fila de color blanco con plataforma.

La imagen de “zoco ilegal” se perpetúa y una termina sintiéndose más turista que los propios turistas. Se oyen voces en varios idiomas. Los comerciantes senegaleses se saludan entre ellos y se juntan al mediodía para comer de tupper. Los pakistaníes charlan antes de la hora de rezar. La imagen de los yates amarrados en el puerto y la carpa de la exposición inmersiva Meet Vincent Van Gogh contrasta con los miles de objetos expuestos en el suelo.

LOS VECINOS, INDIGNADOS

El verano pasado la situación fue especialmente crítica en la zona de playa y los vecinos de este barrio de 15.000 habitantes salieron a la calle para manifestar su preocupación por la inseguridad en reiteradas ocasiones. No obtuvieron grandes cambios y este año no augura mucho mejor, aunque habrá que ver qué sucede en las elecciones municipales del 26 de mayo.

Bicitaxis circulando por el paseo de la Barceloneta / HUGO FERNÁNDEZ
Bicitaxis circulando por el paseo de la Barceloneta / HUGO FERNÁNDEZ

La población se triplica en la temporada estival y por eso están indignados: por la masificación turística. “No estamos en contra del turismo, simplemente exigimos una regulación por parte del Ayuntamiento”, explicaba la presidenta de la Asociación de Vecinos de la Barceloneta, Carme Piera, en una conversación con Metrópoli Abierta.

EL TOP MANTA, MÁS CONCENTRADO EN LA COSTA 

Desde que tuvo lugar el desalojo en los intercambiadores de cercanías de plaza Catalunya, algunos de los vendedores se han trasladado al paseo de Colom. Por eso, en las últimas semanas los comerciantes de la plaza del Portal de la Pau han mostrado su malestar con la alta presencia de “competidores ilegales” en la zona. De hecho, la relación entre los comerciantes y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se ha tensado en los últimos años por su permisividad.

En esta legislatura, el tema del top manta ha sido uno de los más polémicos. Hace unas semanas se produjo un acalorado debate entre el sector del comercio y Colau. “Actuamos cada día para combatir el problema”, comentó la alcaldesa dejando claro que es la institución que “más ha tendido la mano” para solventarlo. Una de sus propuestas ejecutadas durante el mandato, por ejemplo, ha pasado por reforzar la cooperativa de los manteros, Diomcoop, que recibió el año pasado 317.000 euros en ayudas, un 49 % más de lo presupuestado.