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No son “solo” cuatro hippies colgados. No son “solo” cuatro pijos de postureo. Son niños con sus compañeros de colegio, son un grupo de amigos extranjeros, son madres y padres con sus bebés, son personas luchando contra el cáncer, son seres sensibilizados unidos en su heterogeneidad por un causa: la protección medioambiental. El mensaje de los miles y miles de manifestantes que han tomado este viernes por la tarde Barcelona es simple: el planeta se va al carajo y hay que hacer algo para salvarlo y, por ende, salvarnos.

“Es ahora cuando hay que actuar y alzar la voz”, comenta una de las presentes a Metrópoli Abierta. “¡Y ya vamos tarde!”, replica su compañera. La marcha pacífica –convocada por decenas de entidades como la Alianza por el Clima o "Fridays for Future"–  en el marco de la huelga mundial por el clima ha reventado todas las expectativas. Unas 20.000 personas, según Guardia Urbana, han recorrido Jardinets de Gràcia hasta plaza Catalunya, llenando paseo de Gràcia hasta la bandera. “Un respiro, coño”, pide una joven con su cartel y una mascarilla. Sin embargo, según cálculos de la entidad principal organizadora, han participado más de 100.000 personas.

MENSAJES CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

Los mensajes en las pancartas son demoledores. La crítica –igual que el movimiento– es transversal. “Si se llamara padre tierra quizá os importaría”, “no quiero un planeta caliente, quiero un novio potente” (en inglés), “no os enteráis ni del clima”, entre otras tantas. Un dinosaurio vocifera: “nosotros también creíamos que teníamos tiempo”. Otro cartel, haciendo alusión al mensaje publicitario de la serie Juego de Tronos dice que “summer is coming”: los efectos del calentamiento global.

Manifestantes pintándose la cara en la huelga por el clima / P.B.
Manifestantes pintándose la cara en la huelga por el clima / P.B.

De vez en cuando, un grito recorre la marcha. Parece que una pelea esté a punto de llegar, pero nada que ver: el objetivo es llamar la atención y reclamar bien fuerte una actuación real. Entre los objetos incluidos en la marcha se pueden ver globos terráqueos, un oso polar en peligro de extinción, un mono, una rama de olivo –símbolo internacional de la paz– o dibujos de la activista sueca Greta Thunberg.

EL VEGANISMO SE ABRE PASO

Entre las consignas pronunciadas se han abierto paso mensajes que piden apostar por el veganismo y abandonar el consumo de carne, cuya producción resulta altamente contaminante. “La industria ganadera contamina más que todos los transportes”, se quejan. A medida que ha avanzado la movilización las reivindicaciones anticapitalistas han ido tomando fuerza.

Manifestantes en la huelga por el clima en paseo de Gràcia / P.B.
Manifestantes en la huelga por el clima en paseo de Gràcia / P.B.

Un grupo de jóvenes, por su parte, ha decidido pedalear en las bicicletas aparcadas en el Bicing y hacer sonar la bocina. “No podemos respirar dinero”, se queja uno de los presentes. “Pedimos una fiscalidad climáticamente justa: peaje en las rondas y transporte público gratuito”, exige un joven. “Que se pague por contaminar y no para ir a trabajar”, desarrolla. “Make earth great again”, exclama otro en clave irónica, refiriéndose al eslogan de campaña de Donald Trump: make America great again.

Manifestantes reivindicando sobre la bicicleta / P.B.
Manifestantes reivindicando sobre la bicicleta / P.B.

“Fuera plástico y contaminación”, grita un grupo de niños pequeños al unísono. Una mujer le pinta la cara a otra entre risas. “S.O.S. planet”, pone en sus mejillas. Entre el buen rollo,  y los tambores y hojas verdes que se despuntan entre la multitud, unos vendedores oportunistas aprovechan para ofrecer merchandising independentista. Pero nadie pierde el norte: la salud (del planeta) siempre es lo primero.