La historia se repite una y otra vez.

–¿Vamos a tomar una birra a la plaza del Sol?

–Venga.

Así, centenares de jóvenes se reúnen a diario en la meca del botellón, ubicada en el corazón de Gràcia, para disfrutar del buen tiempo. El ruido y la música se apoderan en verano de la plaza del Sol. Cada tarde se convierte en un lugar sin ley hasta que llega la Guàrdia Urbana amenazando a los usuarios con sanciones que ascienden en algunos casos hasta los 1.500 euros.

El Ayuntamiento de Barcelona lleva varias legislaturas intentando poner fin a este conflicto de ruidos e incivismo. El último, impulsado por el regidor del distrito, Eloi Badia, ha consistido en un parque infantil. Digámoslo así, aunque de parque tiene poco. Esta zona de juegos –que instalaron los comuns a principios de julio y que ha costado 50.000 euros– está compuesta por unas piezas desmontables poco intuitivas que se combinan con otras actividades dedicadas a los más pequeños.

UN PARQUE, ¿PARA HÁMSTERS?

El parque infantil –¿para hámsters?– echa para atrás a los niños que miran la instalación como si de una escultura de Jaume Plensa se tratara. El objetivo de Badia era “potenciar el uso diurno de la plaza”, y lo ha conseguido. Ahora, el botellón de toda la vida que se hacía en el suelo se ha traslado al parque infantil con un motivo evidente: es más blando y se está más cómodo. Los niños corren hacia los regazos de sus padres que se toman una cerveza en el bar mientras los jóvenes y los perros se adueñan de la zona de extraños “quesitos”.

En mayo de 2017 y hasta finales de julio del mismo año tantearon el terreno en la plaza: probaron suerte con juegos de quita y pon para que niños y niñas se divirtieran por las tardes. Este año han vuelto a insistir con la versión más sofisticada que, en general, no ha gustado a los vecinos.

Jóvenes haciendo botellón en pleno día en la plaza del Sol | HUGO FERNÁNDEZ
Jóvenes haciendo botellón en pleno día en la plaza del Sol | HUGO FERNÁNDEZ

CRÍTICAS DE LOS VECINOS

Una de las residentes más críticas ha sido Rosa Llansana que ha propuesto como solución al problema vallar el espacio. Otros residentes se han mostrado indignados porque “ni siquiera hay un cartel que indique que es un parque infantil y que no se puede fumar ni beber”. El Ayuntamiento atendió esta última queja y recientemente instaló un pequeño cartel informativo de color verde... que de poco ha servido.

 

"Supone un problema para los vecinos, pero debemos recordar que el clima mediterráneo invita a permanecer en el espacio púbico", comentaba Manel Sanz, jurista y miembro de la Sindicatura de Greuges de Barcelona, en los Diálogos de Metrópoli Abierta sobre la convivencia en Gràcia.

OTRAS MEDIDAS ANTERIORES

La lucha por acabar con el ruido en la plaza del Sol viene de lejos. Primero intensificaron la presencia policial en el espacio, luego adelantaron el horario de limpieza nocturna. Ambas funcionaron entre comillas. Un poco y no muy bien. La limpieza coincide ahora con el cierre de las terraza, aunque sigue siendo insuficiente.

Los perros y los jóvenes se adueñan del parque infantil de la plaza del Sol | HUGO FERNÁNDEZ
Los perros y los jóvenes se adueñan del parque infantil de la plaza del Sol | HUGO FERNÁNDEZ

En verano de 2017, 25 vecinos se armaron con sonómetros gracias a Making Sense, un proyecto de investigación que financia la Unión Europea. Fue entonces cuando corroboraron sus sospechas: los ruidos –día y noche– superaban los 100 decibelios. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el límite máximo recomendable durante el día es de 60-65 dB. Por encima de este umbral, la salud empieza a resentirse y se sufre estrés y ansiedad. A día de hoy, el ruido ha disminuido, pero sigue siendo problemático.

LAS JARDINERAS

Una de las últimas actuaciones del Ayuntamiento que lidera Ada Colau fue instalar jardineras decorativas en las escaleras de la plaza que dan a la calle Maspons. El objetivo es evitar que la gente se siente y así reducir el impacto del ruido. Según ha podido saber Metrópoli Abierta, la medida no ha causado buena impresión entre algunos vecinos. “Las plantas no impedirán que nos juntemos en la plaza”, ha confesado uno, riendo. Otros creen que pueden provocar caídas, puesto que el acceso a la plaza desde ese lado es más reducido.

Las jardineras que instaló el Ayuntamiento para que la gente no se siente en las escaleras
Las jardineras que instaló el Ayuntamiento para que la gente no se siente en las escaleras 

La situación en verano de 2018 sigue siendo la misma, aunque el decorado haya cambiado. Los vecinos que llegan por la tarde se aposentan en las terrazas. Los que llegan más tarde se consuelan con el suelo. Algunos más espabilados se apropian del parque infantil donde ofrecen cervezas los vendedores ambulantes que hoy también comercializan sus propias camisetas. Cuando la Guàrdia Urbana irrumpe con su coche, los bebedores saber qué hay que hacer. Sin mediar palabra (algunos) recogen sus bártulos y abandonan la plaza. A los jóvenes siempre les quedara el salón de casa y, a los niños, las otras plazas de Gràcia.

La historia se repite una y otra vez.

–¿Vamos a tomar la última en mi casa?

–Venga.

Si quieres leer más noticias como esta y estar informado de la actualidad de Barcelona, descárgate nuestra app para iOS y Android.