Miles y miles. De mujeres. Pero también de hombres. Este 8 de marzo, a la luz de la luna, las calles de Barcelona han vuelto a ser moradas. Bajo el lema “Paramos para cambiarlo todo. Ni un paso atrás”, unas 200.000 personas –según la Guardia Urbana– han recorrido Gran Via de les Corts Catalanes. Desde plaza de Espanya hasta plaza Catalunya, donde el acto ha terminado con la lectura de un manifiesto y varias actuaciones. El objetivo: visibilizar un año más la desigualdad de género y denunciar la violencia machista.

“Poneos hacia los lados porque la pancarta tiene que llegar al final”, pide –por favor– una mujer a través de un altavoz. Las calles están desbordadas. Algunos avanzan en la marcha, otros retroceden. Los que acaban de llegar se apartan, pero los gritos no se detienen. “Visca, visca, visca la lluita feminista”. Al unísono.

UNA MANIFESTACIÓN TRANSVERSAL

Si algo tiene de especial esta manifestación es que es transversal. No entiende de ideologías, ni tampoco de edades. Las niñas pequeñas gritan con sus caras pintadas: están luchando, aunque no lo sepan. Las señoras más veteranas –algunas con sus pañuelos morados– cantan y aplauden. “Cualquier mujer es feminista. Las que son muy coquetas... ¡y también las que no lo son!”, le cuenta una a su amiga.

Los hombres también participan. “Esos sí que son gentuza”, dice uno a un grupo de chicas refiriéndose a los miembros de "La Manada". De vez en cuando, una ola de manos alzadas recorre la manifestación. Y los presentes ovacionan. Todos a una: porque el camino de la igualdad es largo y se precisa fuerza colectiva, símbolo de sororidad.

UN MOVIMIENTO NATURAL Y ESPONTÁNEO

A diferencia de otras manifestaciones con trasfondo político, en esta no se percibe apenas postureo. Curioso, pero cierto. Los móviles de la mayoría están guardados y la gente se centra en sumar, en estar presente, que no es poco. A diferencia de otras manifestaciones, muchos llegan con las manos vacías. Sin pancartas ni pintura. Solo con voz para gritar fuerte, que no es poco. “Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré”, cantan con Alaska de fondo. El empoderamiento saliendo por el altavoz.

La ilustradora Rocío Quillahuaman con su pareja en la manifestación feminista / EFE
La ilustradora Rocío Quillahuaman con su pareja en la manifestación feminista / EFE

El lema de la marcha ha incluido también imágenes de mujeres que han tenido un papel destacado en la historia, como Simone de Beauvoir, Frida Kahlo, Margarita Xirgu o Clara Campoamor. El acto ha contado con la participación de decenas de asociaciones feministas y colectivos de trabajadoras, así como sindicatos, movimientos sociales, plataformas y partidos, entre otras entidades. Encabezada por mujeres migrantes y del colectivo gitano, ha transcurrido en un ambiente festivo y reivindicativo.

PANCARTAS ORIGINALES

No han faltado las pancartas llenas de originalidad con mensajes como "I believe I can fight", "flores, sí, pero capullos, no", u el oxímoron "qué atrasado está el progreso". 

“No había poder humano capaz de derrotar aquel amor empedernido”, escribía Gabriel García Márquez en su autobiografía Vivir para contarla. Y así se siente también aquí, este 8-M, con el movimiento feminista. Un clamor que –en su mayoría– sale desde lo más profundo del amor y de las ganas de cambiar el mundo para que, poco a poco, sea algo mejor. Y, eso, no lo podrá derrotar nadie.