"Vente a la Plaza de Artós y acompáñanos en el pasacalles. Acude con tu senyera y tu rojigualda”. Así empezó todo. Con un mensaje en redes sociales que, como una inesperada poción mágica, envalentonó a varios millares de jóvenes a salir a la calle para mostrar públicamente su rechazo al independentismo y su amor por igual a Catalunya y a España. Era el 3 de octubre, el día de la vaga de país. “Fue la respuesta espontánea de muchos que nos sentíamos desde hace años víctimas de la represión y del desprecio del separatismo catalán”, reviven el puñado de jóvenes de Sarrià que coordina este movimiento ciudadano que se hacen llamar Los de Artós. Pero su protesta fue algo más. Fue como un despertar. Como el primer grito de rabia de la mayoría silenciosa (o silenciada) que solo unos días después emulsionó en las masivas manifestaciones por la convivencia y en contra de la ruptura del 8 y del 29 de octubre.

Cuando el pasacalles arrancó el 3 de octubre de la plaza de Artós nadie se esperaba que acabara convirtiéndose en una marabunta que ganaba adeptos portal a portal. “Al ver toda aquella masa social enarbolando banderas catalanas y españolas y cantando: "no estais solos" la gente se animaba a bajar de sus casas y se nos sumaba”, explican Los de Artós, que han concedido a Metropoli Abierta la primera entrevista de su historia. El improvisado paseo recorrió la Via Augusta hasta a calle Balmes, después se plantó a las puertas del cuartel de la Guardia Civil de la Travesera de Gràcia y regresó al punto de partida por Mitre. “Se consiguió algo histórico: que miles de jóvenes atravesaran Gràcia por su vía principal portando banderas de España y de Catalunya y cantando a favor de la unión y la convivencia”.

Manifestación de jóvenes en defensa de la unidad

Pero consiguieron algo más, consiguieron que las calles de Barcelona y dejaran de ser monopolio de los indepes y que muchos ciudadanos perdieran el miedo a salir del armario del unionismo. Los de Artós definen este cambio de actitud con una frase de San Juan Bosco, el santo que da nombre a la calle de la que se desgaja la plaza,: “Respeto a todos, miedo a ninguno”. “¿Por qué hemos de tener miedo a lucir una bandera española por estar en Catalunya?”, se preguntan. No obstante, entienden que parte de la población local todavía sienta ese miedo. “Hay que perder el complejo a que te señalen por pensar diferente”, animan desde el colectivo. Y ellos lo alentan saliendo continuamente a la calle, como el día que montaron una caravana de vehículos para ir a visitar y homenajear a los policías del barco 'Piolín'.

SIN ETIQUETAS NI VÍNCULOS

Los de Artós no quieren etiquetas ni que se les vincule a ningún partido político, entidad o ideología. Se definen como “un movimiento, transversal y horizontal” en el que no hay portavoces oficiales, estructura ni presupuestos. “Somos jóvenes de Barcelona que amamos a a Catalunya y a España y que las queremos siempre unidas”, relatan. El colectivo está formado por estudiantes y gente joven trabajadora, desde adolescentes a treintañeros primerizos. “No somos anti-catalanes, como se nos acusa. Todo lo contrario”. Y lo razonan: “Los independentistas nos han hecho creer que ellos eran 'els bons catalans', pero al promover la independencia lo que han hecho es perjudicar a Catalunya. Solo hay que mirar alrededor: fuga de empresas, medios públicos manipulados, fractura social...” “Catalunya es otra cosa, Catalunya siempre ha sido una tierra rica, acogedora, de gente trabajadora y plural” pero el separatismo la está reduciendo a “a la mínima expresión” lamentan.

¿Y Por qué la plaza de Artós? El colectivo recuerda que, desde siempre, la plaza ha sido el gran punto de reunión de los jóvenes del barrio en competencia con los cines de la Diagonal. En los tiempos en los que el Espanyol jugaba en el desaparecido estadio de Sarrià, muchos de sus seguidores se citaban en esta pequeño enclave, que sirve de antesala a la calle Major de Sarrià. Pero la etapa dorada de la plaza llegó con los éxitos de la selección española de fútbol: Eurocopa del 2008, Mundial del 2010 y Eurocopa del 2012. “La plaza se desbordaba de gente cada vez que jugaba España”, rememora el personal del bar de la plaza que es heredero del que en aquellos años colocaba pantallas de televisión en el exterior del local para deleite de los aficionados de 'la Roja'.

El fin de la hegemonía española en el fútbol mundial, la desaparición de las pantallas y el cambio generacional marcaron el declive de la plaza como ágora social y se perdió la tradición de que los jóvenes se citaran en ella. Hasta que en el verano del 2014 un grupo de nostálgicos, los que ahora lideran el movimiento, decidió recuperarla. Primero en las redes (con una cuenta de Facebook y otra de Instagram) y desde hace aproximadamente un año con las movilizaciones.

UN REFERENTE PARA OTRAS CIUDADES

Involuntariamente, Los de Artós se han convertido en un referente para los opositores al independentismo y reconocen que son “un ejemplo” para colectivos de otras ciudades que también han perdido el miedo y se han movilizado. “Los mayores nos dicen que somos el futuro pero la realidad es que somos el presente. La prueba está en que hemos liderado las movilizaciones en la calle y también en las redes”, donde tienen más de 10.000 seguidores, argumenta el colectivo.

Hay quien relaciona a este movimiento ciudadano con grupos ultras y con actos violentos, pero Los de Artós se desmarcan claramente de eso. “No es cierto. Lo que ocurre que en los eventos multitudinarios siempre se cuela algún que otro personaje, como en cualquier parte, pero no son de los nuestros”. Tampoco son ni militares, ni policías, ni hijos de militares ni miembros de las Brigadas Blanquiazules ni nada más allá de “gente normal. Todos hemos nacido en Catalunya y no nos gusta que nos llamen 'nouvinguts'”, recalcan y mientras aseguran sonriendo que alguno de los organizadores incluso “tiene los ocho apellidos catalanes”.

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NUNCA HAN DADO PROBLEMAS

Los comerciantes y los restauradores de la plaza y sus aledaños los consideran “un grupo de jóvenes que nunca han dado problemas”. Incluso alguno recuerda cuando el día del pasacalles triunfal se utilizó su bar para abastecer a los manifestantes de banderas. “Tenían un rollo enorme de tela con la bandera española y a todo el que entraba le cortaban un trozo para que se lo pusiera de capa “, explica un camarero del local.

Aunque la tensión social parece que empieza a relajarse con las lecciones del 21-D en el horizonte, Los de Artós no van a cesar su actividad. Este mismo sábado por la mañana han convocado un nuevo pasacalle desde la plaza con el lema “ante su odio, nuestra alegría”. “Nosotros no cederemos. Esto va para largo”, y no solo en lo político y en lo social. También en lo deportivo. Sin ir más lejos “el próximo verano hay mundial de fútbol”, celebran. Y juega España.

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