No es lo más habitual, pero es real. Es la historia de una mujer separada, sin ingresos y con un hijo de ocho años a su cargo, que no puede habitar un piso de su propiedad porque está ocupado. Pese a que existe una orden de desahucio, la madre no puede acceder a él. Pese a que han acudido la comisión judicial, los mossos, los servicios sociales y un médico forense, el desahucio no se ha llevado a cabo. En la puerta del edificio, presencia de una representación del Ayuntamiento junto a miembros de la PAH.

Las razones de la propietaria no han bastado. Su situación de precariedad, con un niño menor a su cargo, y de necesidad tampoco ha servido. Al parecer, tiene más valor la argumentación de los representantes del Ayuntamiento, y la fuerza de la presencia de la PAH, que una sentencia judicial.

El hecho de que en la casa viva una mujer con sus dos hijos menores y que hasta que no le encuentren una solución habitacional para ellos no va a haber desahucio, acaba imponiéndose. No importa que la propietaria lleve meses viviendo en una habitación con su hijo mejor, sin trabajo, sin apenas ingresos y gracias a la ayuda que le da su ex marido. Ni que los abogados de la propietaria aseguren poder demostrar que la vivienda está habitada por la mujer y dos hijos, junto a su actual pareja, y que ambos trabajan, ella a a través de una ETT con unos ingresos que superan los 1.000 euros.

La situación es kafkiana desde el primer día, cuando la propietaria, recién comprado el piso, se personó con un arquitecto municipal para comprobar su estado, y estaba vacío. Al día siguiente, acudió sola y ya estaba ocupado. Puso denuncia ante los mossos, pero los ocupantes, con la declaración a favor de una vecina, al parecer también ocupa en otro piso del mismo edificio, argumentaron estar viviendo en él desde hacía más de un año. El título de propiedad tampoco sirvió entonces para nada.

Además, los servicios sociales conocen la situación desde hace ocho meses, pese a lo cual no encuentran ninguna solución para la familia que ocupa la vivienda, por lo que el riesgo de que la situación acabe enquistándose, si es que no lo está ya, es muy serio.

Al final, ni la orden judicial, ni la comisión judicial, ni la presencia de los mossos, han servido llevar a cabo el desahucio. Y mientras tanto, la madre con su hijo menor seguirá viviendo en una habitación, hasta que la justicia y los servicios sociales logren solucionar esta situación.

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