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Cierto escritor viajero escribió una vez que para conocer bien una ciudad -y a sus ciudadanos- es necesario visitar tres lugares: su plaza, su mercado y su cementerio. “Yo añadiría una cuarta: un lugar alto con buenas vistas”, apunta él, mientras sube y baja por las calles de El Carmel, un barrio que de eso tiene mucho y, quizás, las mejores vistas sobre Barcelona.

Él es Manuel Valls, candidato a la alcaldía de una ciudad que le vio nacer (1962) y que le vio crecer en Horta, uno de los muchos barrios que pueden contemplarse en lontananza desde el Turó de la Rovira. Allí arriba se encuentran las famosas baterías antiaéreas de la Guerra Civil, para muchos sencillamente 'los búnkers', la primera parada de su visita privada a El Carmel, en la que va a emplear toda la mañana y a la que hemos tenido la fortuna de presenciar.

Manuel Valls quiere ponerse al día con todo lo que acontece en Barcelona. Es consciente de que en algunos ámbitos se le tilda de 'francés' y de no conocerla lo suficiente. Aunque eso es discutible -hablas con él y parece que lleve toda la vida aquí- tiene claro que hay que descender a las calles, pateárselas a cuerpo gentil, para palpar realmente el pulso de la ciudad que sueña con gobernar algún día.

Nosotros, ya decimos, tenemos la ocasión de poder vivir en directo una de esas visitas privadas que le han llevado ya a diferentes barrios barceloneses; visitas en las que pone los cinco sentidos para conocer de primera mano el sentir de sus gentes, cuál es su día día y, sobre todo, cuáles son sus preocupaciones.

BATERÍAS ANTIAÉREAS

En El Carmel (distrito de Horta-Guinardó), y al margen de tener toda la ciudad a la vista, lo primero que le han explicado José Antonio Alcalá y Conchita Lozano es la problemática de las baterías antiaéreas: masificación turística, afectación urbanística, incivismo. El vecino se queja, sobre todo, del jaleo que se organiza muchas noches cuando decenas de jóvenes -turistas o no- la montan arriba. La presidenta de la AAVV del Turó de la Rovira le explica el malestar que provoca en el vecindario la reubicación de 173 familias que viven actualmente en la zona central y que tendrán que salir de allí cuando se acabe el proyecto del parque.

Desde aquí, una de las cimas del barrio, Valls y su exigua comitiva descienden hasta la Biblioteca Juan Marsé. Pasan por la parroquia de la Mare de Déu del Mont Carmel (que da nombre al barrio) y por la 'fase cero' del Parc del Tres Turons, cuyas casas están afectadas y en avanzado proceso de expropiación.

Valls, charlando con unas señoras en la Biblioteca Juan Marsé / MIKI
Valls, charlando con unas señoras en la Biblioteca Juan Marsé / MIKI

BIBLIOTECA JUAN MARSÉ

Ya en los aledaños de la biblioteca, el rostro de Valls empieza a ser reconocido. Un grupo de señoras mayores, reunidas junto a la entrada, intercambia unas palabras con él, que les pregunta sobre sus principales cuitas. Unanimidad: “¡Que nos arreglen las escaleras mecánicas!”. Resulta que muchas de las que hay en El Carmel se estropean cada dos por tres. “La gente mayor lo sufrimos más, porque las calles son muy empinadas y ya no estamos para estos trotes”, le resumen.

Valls toma nota y se despide muy amablemente de ellas, que le devuelven el saludo y se meten dentro de la biblioteca.

“He leído algunas novelas de Juan Marsé, de la vida en aquel Guinardó de la posguerra, y asombra pensar que en aquella época no había nada, ni siquiera escaleras normales”, nos cuenta Valls, mientras emprendemos camino de bajada hacia la calle Llobregós. Antes, comprobamos que sigue en su sitio el cartel que dice 'Obres de rehabilitació de l'ascensor inclinat del carrer de l'Alguer'. “Lleva así varios meses”, nos informan. “Parece que hay una pieza rota que tienen que traer de Alemania...”. Y, mientras tanto, no hay ascensor que valga.

Valls, compartiendo desayuno en la emblemática churrería Terón / MIKI
Valls, compartiendo desayuno en la emblemática churrería Terrón / MIKI

MERCAT DE EL CARMEL

En Llobregós, bajando por Calderón de la Barca, El Carmel ya está en plena fruición a pesar de que todavía es temprano. La calle está llena, y la gente entra y sale de los numerosos comercios y tiendas. Es el momento de conocer a Loli, la dueña de la emblemática churrería Terrón, que le explica su problemática: las mesas de la terraza. Un clásico en todos los barrios de Barcelona. Valls comparte porras y churros en una de ellas con Javier Pla (director del Colegio Santa Teresa, que luego visitará) y Frank Pérez, presidente de Sinatrahen, una entidad cultural del barrio, quienes le refieren su visión del barrio.

Al acabar la charla, Loli sale del obrador para despedir a Valls y agradecerle su visita: “Gracias, y mucha suerte”. Es la segunda señora que le besa en pocos minutos, porque poco antes, una que va al mercado le ha reconocido, casi incrédula (“¿eres Valls, de verdad?”), le ha plantado dos ósculos y le ha soltado con gracejo: “¡A ver si ganas, aquí tienes una votante tuya!”.

Como el Mercat del Carmel está justo al lado, Valls se introduce en él y visita algunas paradas antes de entretenerse con Manuel Moreno, su presidente, que aunque hoy debía de estar en Mercabarna ha modificado su agenda para poder explicarle al candidato que el mercado está en proceso de renovación y que, para adecuarlo a la nueva normativa, van a tener que desaparecer un tercio de las paradas. (Nota: el Mercat del Carmel, junto a Carmel Comerç y Comerciants Teixonera, conforma la muy activa Federació Tres Turons, entidad clave en la vida del barrio).

Valls, en la tienda de ropa Modes Galeries / MIKI
Valls, en la tienda de ropa Modes Galeries / MIKI

Salimos a la calle y los siguientes encuentros se dan en comercios emblemáticos de la zona, como son la Ferretería Modrego (pero en ese momento no está su dueño, José Luis Gaspar) y Modes Galeries. Aquí entra y comenta la situación con Jordi Ruiz. “La cosa está difícil desde la crisis y no es fácil mantener los negocios”, le comenta. Y sale a colación el tema famoso: los manteros. “Es un problema grave que no se está gestionando bien”, le dice Valls.

EL 'PARQUE DEL SOCAVÓN'

Saliendo de la tienda, hacia la izquierda, se llega a la plaza Pastrana. En ella, Valls se informa de que hay cierto conflicto vecinal -con tintes de xenofobia- porque por la noche hay grupos que la utilizan como zona de botellón.

Otra vez de subida, visitamos un ignoto lugar llamado 'El Ranxo de El Carmel', un gran espacio semiescondido que debió haberse convertido en un buen parque verde para actividades lúdicas, pero que la remodelación municipal ha dejado a medio camino entre una plaza dura y un terreno desaprovechado. Allí estuvo la última masía de la zona, un lugar con muchas posibilidades que ha sido rehecho en dos ocasiones y que apesta, al haberse convertido en un 'pipican' no autorizado, le cuentan los vecinos.

La siguiente parada es el popularmente conocido como 'parque del socavón'. Son mil metros cuadrados que ocupaban cinco edificios que tuvieron que ser desalojados -y luego derribados- cuando cedió el subsuelo durante las obras de la línea de metro, allá por 2005. Mas de dos centenares de tiendas tuvieron que cerrar. Hoy es un parque, tocando al colegio de la Parroquia de Santa Teresa - en estos momentos juegan en el patio decenas de alumnos- que causa cierta desolación. Hay un plan de la Generalitat para que se construyan 15 pisos rodeados de zona verde municipal, pero pasa el tiempo... y no hay nada más que ese parque cementado.

Valls, en la famosa 'plaza del socavón' / MIKI
Valls, en la famosa 'plaza del socavón' / MIKI

“Estoy recorriendo Barcelona, observando la ciudad y recogiendo los pareceres de sus gentes, su día a día. Cuáles son sus preocupaciones, qué es lo que reclaman, sus principales problemáticas por solventar...”, dice Valls. “Creo que no se están haciendo bien las cosas en muchos aspectos, y que el gobierno de Ada Colau no está satisfaciendo a sus conciudadanos. Creo, de verdad, que Barcelona necesita un cambio en muchos sentidos. Y, si soy elegido alcalde, pienso liderar ese cambio”.

Lo dice un hombre que fue edil (Ivry-sur-Seine) y primer ministro de Francia. Un hombre que en estos momentos enfila Llobregós para abajo, hacia la Rambla del Carmelo, donde va a proseguir con su visita a otros lugares interesantes o emblemáticos de uno de los barrios más variopintos de Barcelona, una ciudad a la que quiere "con pasión" y que, está convencido, debería hacer honor al lema de su campaña: 'Barcelona Capital Europea'.

Nosotros nos despedimos cortesmente, damos media vuelta y enfilamos hacia París (la calle).