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Dos mujeres apoyadas en la pared detienen a un hombre. “Excuse me, Sir”, dicen en inglés, en plena Rambla de Barcelona, un viernes a altas horas de la madrugada. Él frena. “Blow job?”, pregunta una de ellas sin tapujos. ¿Una felación? El hombre ríe y sigue caminando haciendo caso omiso a la propuesta e indicando “que no” con la mano. La Rambla parece una jungla con turistas perdidos, promotores de discotecas que gritan y gritan, captadores ilegales de droga al acecho y lateros que aprovechan un inocente cruce de miradas para preguntar: “¿Cerveza, beer, amigo?”. En esta sórdida escena, hay otra imagen todavía más cruda e incómoda si cabe: la prostitución.

La estrategia de las trabajadoras suele ser la misma. Primero, una proposición, luego risas, negación, luego más risas, insinuaciones, amigos que presionan y regatean, luego ceden. Algunos potenciales clientes son más impertinentes, otros más discretos, pero al final todo acaba en lo mismo: en el sexo. Y la acción ilegal se consuma sobre todo en una calle, la d’En Quintana, en el Gòtic, donde los vecinos no pueden soportar más la situación. No solo por los ruidos y las peleas que se ocasionan casi a diario, sino también por la enorme cantidad de condones que saturan los portales de esta calle picadero y sus alcantarillas.

CONDONES EN PUERTAS DE RESTAURANTES

“Cada mañana recojo mínimo tres preservativos usados tirados en nuestra entrada”, explica Montse Agut, copropietaria del emblemático restaurante Can Culleretes, a Metrópoli Abierta. “Realmente siempre ha sido así, pero en los últimos años la limpieza está siendo nula”, valora la emprendedora que hace años se plantó en plaza Sant Jaume con un sobre lleno de condones usados –más de 30– para denunciar el panorama.

Preservativos, envoltorios y colillas embozan las alcantarillas / P. B.
Preservativos, envoltorios y colillas embozan las alcantarillas / P. B. 

Otros vecinos coinciden con ella y señalan en las redes sociales –a través de explícitas imágenes– las alcantarillas, el punto más abominable de la calle. Condones usados, envoltorios y colillas saturan y embozan los desagües d’En Quintana. Algo que no sucede en otras calles circundantes, tal como se ha podido comprobar.

UNA CALLE ESTRECHA Y CERCA DE LA RAMBLA

Esta calle en cuestión, situada a escasos metros de La Rambla, es estrecha y muchos de los pisos son turísticos. Es por eso que las trabajadoras sexuales utilizan las puertas traseras de restaurantes para llevar a cabo el servicio sin ser increpadas.

Uno de los portales picadero es la entrada de la antigua taberna Mikel Etxea, hoy convertida en el restaurante árabe Shaq Shuq Kosher. “Por las mañanas vienen aquí a mear y por las noches… pasan cosas”, dice uno de los trabajadores, Xavi, a Metrópoli Abierta, sin entrar en detalles. Para él, falla sobre todo la limpieza. “Solo despejan la suciedad con mangueras, pero así no se va. Es una calle muy dejada, abandonada y, al final, cada uno de los negocios tiene que encargarse de su zona”, relata.

PALIZAS Y PELEAS, LA CARA MÁS MACHISTA DE LA PROSTITUCIÓN

Lamentablemente, en varias ocasiones el "encuentro" sexual se zanja entre gritos e incluso palizas. “Las prostitutas viven en una situación muy vulnerable, tendrían que sacar la prostitución de La Rambla y hacerlo en casas específicas para ello”, reclama Agut, de Can Culleretes. No es fácil.

La legalización de la prostitución es un tema peliagudo que ha dividido hasta a las activistas más feministas. En Barcelona, el caso de la prostituta Lili, muerta en el Raval, ha puesto sobre la mesa las asfixiantes condiciones en las que viven estas trabajadoras, tal como denuncian desde hace años los vecinos de Illa Robador, la zona más crítica y más afectada por la prostitución callejera en Barcelona.

¿UN AUGE DE LAS MAFIAS EN BARCELONA?

“El gobierno de Ada Colau ha dado rienda suelta a la prostitución y a las mafias hasta tal punto que la ciudad ya constituye el mayor burdel del sur de Europa”, cuenta Núria González, presidenta de la asociación feminista l'Escola, a este medio. “Se ha producido un auge porque los puteros se sienten cómodos e impunes en Barcelona”, argumenta.

Una de las puertas traseras (con un condón) en las que tienen sexo / P. B.
Una de las puertas traseras (con un condón) en las que tienen sexo / P. B. 

Según ella, el problema también radica en la apertura de clubes de estriptis como Dollhouse que “generan una imagen de que las mujeres son objetos”. Partidaria de la abolición, González apuesta por “empoderar a las mujeres, porque son víctimas del propio sistema prostituyente, y perseguir a los proxenetas”.

La situación límite en el centro de Barcelona ha comportado la dimisión de la actual concejala al frente del distrito, Gala Pin, que se ha llevado un alud de críticas por su incapacidad de hacer frente a los problemas en Ciutat Vella. La inseguridad, robos, violaciones, las peleas diarias, la proliferación de narcopisos, jeringuillas en los parques, top manta, el turismo de borrachera, la suciedad y, sí, también la prostitución. Ahora, con las elecciones municipales a la vuelta de esquina, los vecinos que todavía resisten en el centro valoran las candidaturas políticas y miran hacia el futuro con la esperanza de esquivar el golpe y salir –de una vez por todas– del ojo del huracán.