Desde 2005, agentes de los Mossos d'Esquadra y de la Guardia Urbana, bomberos del Ayuntamiento y personal del Sistema de Emergencias Médicas ocupan la sala que recibe todos los avisos de emergencia de Barcelona. El espacio, bautizado como Sala de Mando Conjunta-Centro de Gestión de Emergencias, se encuentra en la calle de Lleida, 28, muy cerca del Palau d'Esports. Desde hace años, los sindicatos aseguran que se trata de un edificio enfermo. En algo más de una década dicen que se han producido alrededor una veintena de casos de cáncer. En el equipamiento trabajan diariamente de media unas 80 personas.

Según el coordinador de CCOO en los bomberos de Barcelona, Pere Martínez, solo en el Centro de Gestión de Emergencias, el lugar concreto que ocupan los bomberos y el personal auxiliar que trabaja con ellos, se han producido nueve enfermos de cáncer, de los que tres o cuatro han fallecido. El último caso ha sido diagnosticado recientemente y ha sido la gota que ha colmado el vaso.

ASAMBLEA, EL 15 DE MAYO

En un texto publicado en su web, la sección sindical (CCOO) de bomberos denuncia las promesas incumplidas por parte de la gerencia de Seguridad del consistorio para trasladar el servicio. "Hace unos dos años del último acuerdo de traslado y todavía no hay un emplazamiento claro". Cansados, los trabajadores han montado una asamblea para el 15 de mayo, que podría derivar en movilizaciones.

Los 10 casos de cáncer restantes se han producido entre los empleados que trabajan en la zona donde se ubican los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana, pero hay más enfermos entre los policías locales que entre los autonómicos, confirma el delegado de prevención de UGT en la Guardia Urbana, Benito Grande. "La rotación en Mossos es más alta. El personal cambia cada seis meses o un año", apunta Martínez. Las citadas son las personas enfermas contrastadas. La cifra, incluso, puede ser algo superior. A lo largo de estos años ha habido trabajadores que se han jubilado y no se ha hecho un seguimiento de cuál era su estado de salud.

UN ZULO

Martínez dice que los servicios están el subterráneo del edificio, que ha sido alquilado por el Ayuntamiento y la Generalitat a Fira de Barcelona, la propietaria. Es un "zulo" insalubre y sin ventanas al exterior. La ventilación es forzosa, con muy poca humedad. La exposición a las ondas electromagnéticas es muy elevada. "El ambiente es claustrofóbico", resume.

El delegado de UGT opina que los casos de cáncer no responden a una sola causa. "Es la exposición a un compendio de cosas a medio o largo plazo". Y cita como otro posible factor de las enfermedades la radiación que generan las antenas y repetidores que se ponen en marcha con las ferias y congresos que se celebran en la avenida de Maria Cristina.  

Desde el Ayuntamiento de Barcelona siempre se ha mantenido el mismo punto de vista: los informes que se han hecho no han sido concluyentes y en ningún caso se ha podido demostrar la relación causa-efecto entre los casos de cáncer y el edificio. "Los estudios que se han hecho son parciales. No se han hecho a nivel global. Tampoco ha habido un seguimiento en el tiempo. Mientras no se establece una relación, la gente sigue enfermando", denuncia Martínez.

"LA TIA DE MORTADELO Y FILEMÓN"

Las quejas de CCOO van más allá. El sindicato asegura que la sala no funciona como un verdadero centro de coordinación de emergencias. "Solo es un aparador. Cada servicio hace su vida. Es un buñuelo. Parece la TIA de Mortadelo y Filemón. Es una sala low cost, ", afirma Martínez. Y añade que tanto la Sala de Mando Conjunta como el Centro de Gestión de Emergencias presenta también incumplimientos en materia de prevención de incendios y no tiene implantado ningún plan de seguridad. 

En distintos momentos, el Ayuntamiento y la Generalitat, las administraciones responsables, han puesto sobre la mesa, un cambio de emplazamiento. Este mandato, el gobierno de Ada Colau planteó el traslado al Palau d'Esports. Sin embargo, el proyecto no se ha materializado tras las críticas de algunos partidos políticos y entidades, más partidarios de que el pabellón recupere sus usos deportivos. "Son proyectos faraónicos, difíciles de que se materialicen. Si se hicieran planteamientos realistas, el traslado se podría materializar. Pero no es el caso. La sala sólo se quiere mantener por razones políticas, pase lo que pase".