“La barbería de toda la vida. Atención personalizada, precios anticrisis”. Este no es el cartel que da la bienvenida a los clientes en una peluquería masculina. Es la descripción del perfil de Instagram del negocio de Juan Miguel Lucena. Barbero por vocación y tradición -su abuelo y su padre fueron barberos y su madre peluquera- decidió abrir la cuenta BarberJuanMiguel hace 10 meses. Justo cuando pasó a regentar un pequeño local en el número 226 de la calle de València, en el chaflán de la calle de Enric Granados.

Juan Miguel dedica una fotografía a los nuevos clientes que pasan por su barbería. A todos aquellos que acceden a retratarse junto al propio barbero y mirando a cualquiera de los múltiples espejos que cubren las paredes del local. Y junto a cada foto, un pequeño texto dedicado. En total, casi 300 imágenes que llenan su perfil de Instagram de relatos. Pero, ¿quién es Juan Miguel Lucena al margen del “barbero de las historias”? Pues un hombre que ama ser un “barbero de barrio” de toda la vida, en el centro de la moderna Barcelona.

Los productos de la barbería con ecológicos
Los productos de la barbería son ecológicos / Sílvia Martínez

DE PADRE A HIJO

Juan Miguel tiene 58 años, y lleva 41 en la profesión. Empezó con su padre, quien había trabajado toda la vida como barbero. “Él me enseñó no solo la técnica, sino lo intangible, el trato con el público que es igual de importante”, explica. También participó en varios cursos del Gremio de Barberos de Barcelona y en la Escuela de Josep Pons. Sin embargo, reconoce que como profesional tiene mucho de lo que era su padre.

La mayor parte de su carrera ha trabajado como empleado en diferentes centros de Barcelona. Ahora es la primera vez que conduce su propio local. Es su propio jefe. El antiguo propietario, también barbero, se jubiló y le ofreció el espacio. Juan Miguel sólo conserva los dos sillones de la antigua barbería porque son piezas de casi 70 años. Se han convertido en un sello de identidad, incluso cuenta divertido como muchos turistas les hacen fotos. Ha hecho muchos cambios en el local pero está muy cómodo, porque se siente “mejor de lo que haya estado nunca en otro sitio, realizado. Eso se plasma en la relación con los clientes”.

EL OFICIO

Aunque reconoce cierta tendencia a la modernidad, Juan Migel tiene claro que el valor añadido de su oficio es “el clasicismo”. En la ciudad condal han aparecido muchas barber shops, las también conocidas como barberías boutiques o Gentlemen’s Club. Bajo su parecer, este nuevo modelo de barbería ha proliferado “a rebufo de la moda hipster”, por lo que se desprende de ellas “cierto snobismo”. No las critica, pero sí reconoce la existencia de una gran parte del público “de toda la vida” que huye de ese concepto. Y cree que ese tipo de público “no se acaba nunca”.

El barbero cuida hasta los mínimos detalles
El barbero cuida hasta los mínimos detalles  / Sílvia Martínez

Un público que busca “un buen servicio, ágil y a buen precio”, que prioriza el trato personalizado y el pequeño negocio frente a los ritmos frenéticos de atención de las grandes cadenas de peluquería. “El cliente valora el hecho de que sea un oficio clásico llevado a cabo de manera tradicional”, sentencia Juan Miguel al respecto. Prueba de ello es que el 95% de sus clientes son habituales, según apunta el barbero.

INSTAGRAM

Tiene claro que quiere ser “un peluquero de barrio”, de los de toda la vida. Eso sí, Juan Miguel admite que ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos y exigencias de la clientela. Un ejemplo de ello es que ha empezado a trabajar con una proveedora que fabrica productos 100% naturales. Otra muestra es el uso de redes sociales, en especial de Instagram. Juan Miguel tenía un perfil personal, pero nunca se planteó abrir una cuenta dedicada a su barbería. Confiesa que fue idea de un amigo. Lo que más llama la atención de BarberJuanMiguel es el texto que dedica a sus clientes en cada fotografía.

“Hay gente que me sigue por las historietas”, asegura con orgullo. Para Juan Miguel lo más importante es que a quien corte el pelo o arregle la barba “sea buena persona y se pueda establecer contacto humano”. Insiste en la idea de dejar que el cliente se relaje durante el tiempo que esté en la barbería, y que le cuente “sus inquietudes”. Y de ahí salen los pequeños relatos que cuelga en Instagram: desde una familia entera de turistas mexicanos, una joven de pelo corto que es de las pocas mujeres clientas de la barbería, hasta el cliente más antiguo que lleva 60 años asistiendo al local.

Juan Miguel usa sillas de barbero de las de toda la vida
Juan Miguel usa sillas de barbero de las de toda la vida  / Sílvia Martínez

FUTURO

Sobre cómo sobrevive el oficio al paso del tiempo, Juan Miguel lamenta que el modelo de “barbero de barrio está de retirada”. Prevé que “en 20 años quizá desaparecerán” este tipo de peluquerías para hombres “muy implicadas en el tejido comercial del barrio”. El motivo: “la presión de grandes cadenas”.

Pese a ello, su intención es seguir trabajando en el local mucho tiempo. Y, a ser posible, tener cerca un móvil para documentarlo en Instagram. Juan Miguel disfruta con su trabajo. Se nota en su sonrisa y en la de sus clientes. Está convencido de la importancia de seguir apostando por el comercio local y los pequeños negocios. También por el clásico modelo de barbería. Aunque sea entre las barbas de una ciudad moderna y cosmopolita como Barcelona.