En una hoja todo parece descuidado, unas letras mucho más grandes que las otras, desordenadas en el papel, las líneas no son rectas, palabras muy juntas y palabras muy separadas, mezcladas con letra de imprenta y letra ligada y en el aire el comentario “es muy perezosa y descuidada, hace las cosas sin pensar”.

La realidad es que la niña tiene disgrafía, un trastorno de la escritura que influye en la forma o en el significado y que interfiere en el aprendizaje. Afecta a niños con capacidad intelectual normal que presentan una escritura defectuosa: la calidad y forma de las letras está muy alterada y tienen grandes problemas para escribir de forma legible y ordenada. Puede ir asociada o no a otras dificultades de aprendizaje.

¿Qué señales pueden alertarnos sobre una disgrafía?

  • Escribir letras en varias direcciones
  • Escritura ilegible, mala calidad de la caligrafía
  • Problemas para regular el espacio entre palabras (a veces poco, a veces nada y a veces mucho)
  • Posiciones y gestos raros y rígidos al escribir
  • Fatiga desproporcionada cuando se produce un texto

¿Qué podemos hacer si detectamos estos síntomas? Consultar con un profesional. Hay muchos motivos que pueden causar algunos de estos síntomas, pero una intervención temprana es clave para redirigir las dificultades.

Laura Alma, psicóloga de la Clínica Memociono, nos explica que “el tratamiento se enfoca en promover estrategias que mejoren la escritura y minimicen sus dificultades mediante una amplia gama de actividades. Frecuentemente el niño siente mucho cansancio y frustración cuando debe escribir, a veces ampliada por el mismo adulto que no comprende qué sucede. En Memociono sabemos que es sustancial poder trabajar las necesidades emocionales y la conciencia de la disgrafía en el niño”. “Remarcamos -explica Laura- la importancia de empezar a trabajar lo antes posible, como menor sea el proceso de maduración, más efectivo y mejores resultados obtendremos en la recuperación ¡el tiempo es oro y nunca es pronto para empezar a trabajar!”