Colau y Collboni comparten, por segunda vez, responsabilidad en el consistorio barcelonés. Tras la finalización del primer pacto de gobierno entre ambos dirigentes y sus partidos, que tuvo lugar en noviembre de 2017 después de que las bases de los comuns votaran esta decisión a causa del apoyo socialista al 155, la formación política liderada por Collboni pasó a ser muy crítica con BeC. De hecho, tras la ruptura del pacto los socialistas recriminaron a Colau su gestión en muchos ámbitos de la política barcelonesa.

Estas discrepancias son las que ahora deberán superar ambas formaciones de manera conjunta. Tras la confirmación del pacto de gobierno entre socialistas y comuns, que se oficializó este sábado al ser investida Colau con los votos favorables de Collboni y de tres concejales de Valls, la nueva administración instaurada en la capital catalana deberá hacer frente a asuntos que pueden amenazar al estabilidad del acuerdo entre las dos fuerzas progresistas.

CUESTIÓN IDENTITARIA

Uno de los principales retos que tiene por delante el nuevo consistorio, es el referente a la situación política catalana actual. La capital catalana no se salva del procés ni de sus consecuencias, y las posiciones de PSC y BeC respecto a este asunto no tienen sintonía alguna.

Mientras que Collboni ha insistido durante toda la campaña electoral que el PSC gobernará en el marco de la legalidad, garantizando el cumplimiento de "la Constitución, el Estatut y la carta municipal", Colau tan solo necesitó unos minutos tras su investidura para explicitar la intención de volver a colgar el lazo amarillo en la fachada del Ayuntamiento. Un símbolo que, por orden de la Junta Electoral, tuvo que ser retirado.

Si observamos la nueva composición municipal, queda claro que el voto favorable a volver a colocar el lazo en el edificio público sería mayoritario, ya que a los sufragios de las formaciones independentistas se sumarían los de los concejales de BeC. Los socialistas, por su parte, son contrarios a la colocación de este símbolo, por lo que este será uno de los primeros conflictos con los que se encontrará el tándem de gobierno.

SEGURIDAD

La seguridad es, actualmente, la principal preocupación de los barceloneses. Y no es para menos. Barcelona registra más de 500 delitos al día. El gobierno de Colau ha demostrad sobradamente su incapacidad para frenar esta lacra que sufren diariamente los barceloneses. Tan solo hay que echar la mirada al distrito de Ciutat Vella, en el que Gala Pin ha dado una lección sobre como contribuir a la degradación de la ciudad, para comprobar como la seguridad se le ha ido de las manos a los comuns.

El PSC, por su parte, no ha dejado de denunciar esta situación en ningún momento, y lo ha situado como un aspecto prioritario a tratar con la finalidad de poner fin al descontrol actual. Es por eso que, durante la campaña electoral, ha afirmado que exigirá al Govern 400 mossos más para la capital catalana, así como otros 1.000 agentes de la Guardia Urbana que hagan, de Barcelona, una ciudad segura.

De la misma manera Collboni ha apostado por Albert Batlle, exdirector general de los Mossos, para abordar la "crisis de seguridad y civismo" que vive la ciudad. Queda por ver, pues, si Colau facilitará que éste sea el Comisionado de Seguridad o defenderá una apuesta continuista basada en un modelo de fracaso.

TURISMO

La gestión del turismo por parte del gobierno de los comuns también se ha demostrado nefasta. De hecho, Colau ha conseguido ser relacionada con un concepto inédito para un alcalde de Barcelona: el de turismofobia.

El pánico de la alcaldesa hacia un fenómeno que representa el 14% de PIB de la ciudad se ha traducido en la imposición de trabas y dificultades para los visitantes, así como para los alojamientos que facilitan su estancia (el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos es buen ejemplo de ello).

Collboni, en este aspecto, también tiene un modelo que choca con el de la reelegida alcaldesa. Lejos de querer deshacerse de él, el socialista defiende que Barcelona sea una ciudad con una gran afluencia turística como un hecho positivo, eso sí, asegurando que "el turismo debe estar al servicio de la ciudad". En el nuevo gobierno municipal entra Collboni y sale Gala Pin. Pese a las discrepancias que se reflejarán en este aspecto, ¿quién contará ahora langostas desde el Ayuntamiento?

COMERCIOS Y MANTEROS

Las políticas relativas al comercio en Barcelona, que tanto pueden cambiar la situación de las PYMES en la capital catalana, será otra de las cuestiones que pueden dificultar la gobernabilidad de la ciudad. Los propios comerciantes, además, relatan de manera frecuente que aspectos como la inseguridad están teniendo una grave afectación en sus negocios. Otra de las críticas de los emprendedores poseedores de pequeñas empresas, va dirigida hacia los manteros, a los que señalan, en algunos casos, como competencia desleal haciendo mención a un descenso de las ventas.

La permisividad del gobierno municipal con el colectivo ha provocado que durante el mandato de Colau, espacios públicos como la estación de tren de plaza Cataluña se llenaran de extremo a extremo de vendedores ambulantes, una imagen que no gusta a Collboni, quien no ha dejado de exigir medidas contra el "top manta".

“No puede ser que Renfe haya tenido que llamar hasta 600 veces en un año al 112 para denunciar la presencia de manteros en sus instalaciones”, afirmó Collboni a finales del pasado año, un planteamiento que no parece ser del gusto de la alcaldesa.

EMPRESAS

"Barcelona debe volver a ser amiga de las empresas". El incontable número de veces en las que Collboni ha repetido esta expresión durante la campaña electoral, choca frontalmente con las políticas que ha llevado a cabo Colau gobernando en solitario.

La alcaldesa, mediante el veto a nuevas iniciativas y construcciones, así como poniendo en juego la continuidad del Mobile World Congress en Barcelona, ha demostrado su despreocupación por la iniciativa privada, olvidando la repercusión económica que tiene ésta para la ciudad y sus vecinos.

Collboni, partidario de volver a establecer facilidades a la iniciativa privada, tendrá que enfrentarse a una visión completamente opuesta en este nuevo mandato, unas diferencias que podrían poner en riesgo el pacto de gobierno.

CULTURA

En el ámbito cultural, Colau y Collboni también presentan diferencias. Pese a que ambos se han mostrado siempre como defensores de la cultura, el socialista ha ido más allá asegurando que quiere dedicar el 7% del presupuesto municipal a este aspecto, algo que no ha afirmado Colau.

La celebración de una Exposición Universal en la capital catalana en el año 2030, un siglo después de la anterior, es otra de las apuestas del socialista que Colau no secunda.

Muchos serán los aspectos de confrontación en esta nueva legislatura que conducirán a situaciones de tensión y que, a su vez, podrán amenazar el pacto de gobierno de Barcelona.