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Trabajadores del Mercado de la Boqueria que aprovechan el descanso para tomar el aire, turistas que paran a beberse un zumo de coco, sin techo conversando alrededor de unos bancos, albañiles con un cigarro en la mano y estudiantes de l’Escola Massana sentados en corrillo. Es la escena que se puede ver un día cualquiera en la plaza de la Gardunya, situada en la parte trasera del Mercat de la Boqueria.

Antes de ser un espacio concurrido donde convive parte de la diversidad de Barcelona, se utilizaba como zona logística y aparcamiento del mercado. Ahora que ya hace más de cuatro años que abrió sus puertas, han brotado opiniones dispares entre vecinos y personas que transitan a diario por esta plaza situada en el corazón de la capital catalana.

La viandante Gloria Aparicio dice a Metrópoli Abierta que le parece “una guarrada” la suciedad que anida en el suelo. El albañil Rafael Gutiérrez indica que “antes era mucho peor porque no se podía ni estar y apestaba a pescado”. Cecilia Aparicio, alumna de l’Escola Massana, asegura que aunque en su colegio de Sarrià le alertaron sobre los hurtos que se perpetran en el lugar, no ha percibido “ninguna inseguridad” y se siente “muy bien”. Y el portavoz de la Asociación de Vecinos del Raval, Lluis González, sostiene que es un reflejo del “abandono” que viven algunos espacios públicos de la ciudad.

ABANDONO

"El arbolado está descuidado, la iluminación no es suficiente y está todo muy sucio. Se ha calculado el mantenimiento como si fuese una plaza de uso normal, pero su uso es más intensivo y, por tanto, necesita un mayor mantenimiento”, explica González, que comparte una opinión similar a la de Guitérrez. Para él, los puntos a mejorar son la basura y el olor a orina que se evidencia a casi cada paso.

Turistas en la plaza de la Gardunya / METRÓPOLI ABIERTA
Turistas en la plaza de la Gardunya / MA

“Pusieron el Poly Klyn hace uno o dos meses porque el olor era mortal en ciertas esquinas. El servicio de limpieza viene cada mañana, pegan un manguerazo y recogen la basura. Entre la gente de aquí, los turistas, los sintecho… se acumulan restos de comida, latas de cerveza y botellas de vino”, detalla Gutiérrez. “Las personas que compraron pisos aquí flipan”, añade, al mismo tiempo que no paran de desarrollarse escenas llenas de contraste.

A tres metros de una pareja de turistas, un sintecho mira a la nada con una cerveza en la mano. Mientras una trabajadora de la Boquería se sienta a desayunar, otro duerme a una distancia similar. Estas imágenes llevan a Gutiérrez y Laura Puerta, otra alumna de l’Escola Massana, a mostrarse conformes con que las personas sin hogar utilicen el espacio para dormir o pasar las horas. “Es lo que hay, qué le haremos si no tienen dónde vivir. La ciudad está abierta a todo el mundo”, dice la estudiante al hablar de una realidad con la cual conviven muchos vecinos del Raval.

Uno de ellos es González, quien a pesar de comprender que opten por refugiarse bajo el cobijo que ofrece el edificio de la escuela de arte y diseño, considera que se debería intensificar el trabajo de los servicios sociales sobre algunos sintecho, como un “grupo que está siempre aquí” con varias "adicciones", sobre todo al alcohol. Ndiogon Thionne, una de las personas que duerme delante de la Escola Massana, explica que actualmente unas 15 pasan las noches en la plaza. En su caso, eligió este espacio hace unos días porque se siente “a gusto” con los demás. Y no solo porque con ellos puede “compartir el calor humano de un modo que no se puede hacer con todo el mundo”, también porque juntos se sienten más protegidos.

Un sin techo duerme en la plaza / METRÓPOLI ABIERTA
Un sintecho duerme en la plaza / MA

HURTOS

Siempre hay uno de nosotros que se queda despierto para vigilar que no nos roben. Aunque ocurre bastante. Cuando me he despertado hoy ya me habían robado algunas prendas de ropa que tenía dentro de mi mochila”, dice sin mostrar el mínimo enfado por haber perdido algunas de sus pertenencias. “Supongo que quien me lo ha sacado lo necesitaba más que yo”, agrega sobre una delincuencia que, según Gutiérrez, también fomentan carteristas que “roban a diario” a turistas, locales o a “quién pillen”.

Aunque por su parte González asegura que la plaza está lejos de ser un punto de hurtos y robos, admite que se respira malestar entre sus vecinos, quienes le han transmitido que no hay nada que les invite a sentarse y, en el caso de las familias, tampoco que les haga aprovechar el espacio para jugar con sus hijos.

Para que este punto de la ciudad se convierta algún día en parte de la rutina de sus vecinos, González propone “reforzar la limpieza” e impulsar iniciativas que fomenten su uso entre los residentes del barrio, como levantar un parque infantil y hacer actividades para todas las edades. “Nosotros siempre reclamamos que los vecinos ocupen los espacios públicos, incentivar la vecindad a partir de actividades en conjunto. Así se evitan ciertas dinámicas…”, dice González y, acto seguido, sentencia: “queremos que el lugar esté a la altura del vecindario y de la Escola Massana”.