El auge de las carreras populares que se ha vivido en Barcelona y en otras localidades catalanas ha tocado techo. Según los últimos datos publicados, entre 2013 y 2018, los finalistas de algunas de las cursas más importantes que se celebran en la ciudad, la mayoría de 10 kilómetros y de asfalto, han caído más del 50%. Este sería el caso, por ejemplo, de la carrera de los Bombers, una de las más emblemáticas de la ciudad, con 23.750 llegados hace cinco años y 11.352 este 2018, un 52% menos. En otra de la pruebas más conocidas, la de la Mercè, el descenso se sitúa en el 29%, con 13.040 finalistas en 2013 y 9.246, el pasado septiembre.

Las cifras las ha dado a conocer este jueves el veterano Miquel Pucurull, un reconocido y valorado atleta amateur con decenas de maratones en sus zapatillas, a través de las redes sociales. En un tweet, Pucurull publica los datos de una veintena de carreras, muchas de las cuales tienen lugar en Barcelona. Según los datos que maneja el corredor, la bajada de finalistas en la cursa Dir-Guàrdia Urbana de la Diagonal es de un 7% en cinco años (6.257 en 2013 frente a 5.820 este mayo), mientras que en la cursa de la Maquinista se dispara hasta el 61%, con 2.041 y 789 llegados, respectivamente. La última carrera analizada es el Correbarri, que ha tenido lugar este octubre, y en la que los finalistas pasan de los 3.570 de 2013 a los 2.300 de hace apenas dos semanas, un 36% menos.

SUBE LA MEDIA MARATÓN

Los datos publicados no recogen las últimas ediciones de algunas de las carreras con más participantes de Barcelona, como la Jean Bouin, que se celebrará el 25 de noviembre, y la cursa de los Nassos, que se corre cada 31 de diciembre. Sin embargo, sí incluye otras citas atléticas de la ciudad que hace años que tiene lugar, como la de Nou Barris -que experimenta una caída del 54% y pasa de 1.693 a 772 finalistas en cinco años- y otras de más recientes como la cursa del Port de Barcelona, que este año ha perdido un 69% de participación, con 515 llegados frente a los 1.664 de 2013. Las únicas carreras que no caen en Barcelona son la media maratón, con 13.705 finalistas en 2018 frente a los 12.005 de hace cinco años, lo que se traduce en un 14% más, y la de Sant Antoni, con 3.755 y 3.761 llegados, respectivamente.

Pucurull tiene la percepción de que cada vez corre más gente, pero reclama una reflexión ante el descenso de participantes en la carreras de asfalto. El veterano atleta dice que la caída es "aterradora" y se pregunta si además del "exceso de oferta" -Pucurull cifra en más de 50 las carreras que se celebran algunos fines de semana en la geografía catalana- hay otros motivos qué expliquen este descenso. Solo en Barcelon se pueden llegar a organizar más de 70 carreras en un año, afirman fuentes del sector. Algunas tienen una larga tradición y llevan años celebrándose, mientras que otras son más recientes y se han creado coincidiendo con la afición por el running. Las mismas fuentes reconocen que la oferta de carreras en Barcelona y otras ciudades cercanas está sobredimensionada. "No hay corredores para tantas pruebas. Cada vez más los corredores seleccionan en qué cursas participan en función del recorrido, las novedades o la bolsa del corredor, entre otros aspectos".

REPENSAR EL MODELO

Algunos atletas populares sostienen que el elevado precio de algunas carreras han supuesto también un freno a la participación. "Se tiene que repensar el modelo. Prefiero carreras más económicas y sin regalo. Si quiero camisetas técnicas, me las compro. Para correr solo quiero un trazado marcado y agua al finalizar la carrera", apunta en twitter Marc B. Armadans. En algunas pruebas, las tarifas se acercan a los 20 euros, aunque lo habitual es pagar entre 12 y 15 euros en carreras de 10 kilómetros. Estos precios suponen un esfuerzo para el bolsillo de muchos corredores, aunque no siempre eso significa que los organizadores se estén lucrando, precisan fuentes del sector. Este es el caso, por ejemplo, de entidades o asociaciones vecinales que llevan años montando una carrera y que con suerte cubren gastos. El gran negocio lo hacen algunas multinacionales o empresas presentes en la mayoría de citas atléticas, apunta una voz experta. Uno de los grandes intangibles de las carreras es la base de datos de usuarios que obtienen algunas compañías o marcas comerciales y que luego utilizan para intentar fidelizar a los corredores a sus productos o servicios.

El Correbarri es la carrera atlética de los distritos de Barcelona: un caleidoscopio multicolor / Correbarri
El Correbarri, una de las pruebas que se celebra en Barcelona / CORREBARRI

Otro motivo que explica el descenso de participantes es que las carreras se repiten año tras año y una vez ya se han hecho en una o dos ocasiones, la motivación para tomar parte otra vez ya no es la misma. También hay personas que se inicaron en el running coincidiendo con el auge de este deporte y lo han dejado, otras se han pasado a otros deportes o a disciplinas más exigentes -como el trail, el triatlón o se decantan por un calendario de medias maratones y maratones en distintas ciudades-, y otras simplemente han optado por seguir corriendo sin necesidad de competir. "La gente prueba la montaña y no la deja. O cambia a otros deportes porque se lesiona. Me gustaría pensar que mucha gente deja de participar en carreras porque aprendemos a hacer deporte al margen de la competición", resume el atleta Dani Sanchís.

REAGRUPAR PRUEBAS

Algunas fuentes del sector se muestran partidarias de poner coto al número de carreras en Barcelona y hablan de la necesidad de "reagrupar algunas pruebas, establecer un número mínimo de participantes y limitar todavía más el tiempo para acabar una carrera". Correr 10 kilómetros requiere una cierta preparación y reducir el tiempo para acabar puede limitar el número de participantes que no estén entrenados y reducir las molestias a los vecinos por el corte de calles. Las mismas fuentes opinan que el propio mercado se autorregulará. "Algunas cursas desaparecerán cuando los organizadores vean que pierden dinero", concluyen.