Tal día como hoy, un suceso golpeó la ciudad de Barcelona de la última década del siglo XX. El 31 de enero de 1994 el Gran Teatre del Liceu, uno de los símbolos de la cultura catalana, empezó a arder hasta quedar completamente calcinado. En solo tres horas, las llamas derrumbaron prácticamente toda la estructura del edificio, que pasó de ser un emblemático teatro a convertirse en cenizas.

Eran cerca de las 10.30 horas de la mañana del 31 de enero de 1994 cuando la chispa de un soplete que usaba un operario en el escenario, mientras trabajaba en el decorado de la obra Mathis der Maler, de Paul Hindemith, prendió en el telón de terciopelo.

VISIBLE A MCUHAS PARTES DE BARCELONA

En poco más de tres horas, gran parte del Liceu se convirtió en cenizas. Cuando los bomberos llegaron, pocos minutos después de las once, el fuego era incontrolable. La espesa columna de humo se pudo ver desde muchas partes de Barcelona, se cortó el tráfico de La Rambla, se desalojó a los atónitos alumnos de la escuela Mireia que en ese momento visitaban el coliseo y se retiró a toda prisa las valiosas obras de arte que cobijaba el Círculo del Liceu.

RECONSTRUCCIÓN INMEDIATA

Durante la noche de esa trágica jornada, el Patronato decidió por unanimidad su reconstrucción inmediata. Cinco años después, el Liceu alzó de nuevo el telón, concretamente el 7 de octubre de 1999, con la ópera Turandot de Puccini (de ahí que se elija el mismo título para la efeméride). El acto fue presidido por los Reyes de España.

RÉPLICA PRÁCTICAMENTE EXACTA

Los años previos a la reapertura, grúas y andamios ocuparon un solar que antaño albergó un convento de trinitarios. Las obras las dirigió el arquitecto Ignasi de Solà-Morales e incluyeron algunas modificaciones del teatro original. Tuvieron un coste de 17.000 millones de las antiguas pesetas (es decir, más de 102 millones de euros).

Y se reprodujo bastante fielmente la antigua sala del público, se dotó de una infraestructura técnica más avanzada, se duplicó el espacio destinado a la caja escénica y se amplió con los solares vecinos de la Rambla, calle Sant Pau y calle Unió.

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