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Desde el principio, Marta del Campo tuvo claro que el contacto directo y personal con las familias sería clave para seguir con la enseñanza. Por ello, cuando España declaró el estado de alarma y las escuelas cerraron, la directora del Institut Escola La Mina insistió en una petición a su claustro de profesores: llamadas diarias a los padres y madres con el teléfono personal. La estrategia surgió efecto. 

"Lo han agradecido mucho, lo han visto muy natural. Están acostumbrados a vernos las caras", cuenta. Del Campo no es una directora al uso. Siempre al pie del cañón, pisa poco su despacho. Antes de la pandemia daba los buenos días a todos los niños y niñas que cruzaban la entrada. Es la muestra de la dedicación absoluta, a veces sin horarios, de todo un profesorado siempre dispuesto y comprometido con los estudiantes de este centro de alta complejidad

SIN ORDENADOR EN CASA

En La Mina la escuela tampoco se ha detenido. Aquí, las lecciones viajan por Whatsapp. En este barrio de Sant Adrià de Besòs donde solo una minoría de familias dispone de ordenador en casa, la aplicación móvil ha sido crucial para seguir con los ejercicios y mantener una rutina académica. "Muchos niños no tienen móvil, menos aun ordenadores o tabletas", comenta el profesor de inglés Daniel Madjody.

Durante los primeros días de confinamiento los profesores enviaron material educativo en una carpeta virtual compartida con los cerca de 600 alumnos de parvulario, primaria, secundaria y ciclos formativos. Pero fue la app de comunicación instantánea la que rompió con la brecha tecnológica, descomunal en uno de los barrios más desfavorecidos de Cataluña.

CORRECCIONES CON EL MÓVIL

Madjody explica el procedimiento: "Los niños imprimen los ejercicios o los hacen en una libreta, nos envían una foto del trabajo y lo corregimos desde nuestro móvil". En la ESO, cada profesor gestiona un grupo de siete alumnos que cuenta con otros cotutores para coordinar el seguimiento de las tareas. Los profesores mandan deberes diarios o semanales en función de la autonomía y la capacidad de organización del estudiante.

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Captura de una corrección de un ejercicio de inglés

"Hemos intentado llegar a todo el mundo de la manera que hemos podido", explica del Campo. En la eficacia de este gran trabajo  de oordinación de todo un claustro ha sido clave Iván Cortés, promotor educativo del centro, y que trabaja con la directora. Es una figura de referencia entre los alumnos, la mayoría de etnia gitana. 

FIGURA CLAVE

Como el mismo explica, Cortés es la pieza imprescindible que "conecta" la escuela con los vecinos. En tiempos de pandemia, su influencia ha ganado más peso y ha sido clave para conseguir el número de los teléfonos móviles de una gran cantidad de alumnos.

"Nos hemos llevado una sorpresa. Las familias se han implicado mucho. Tenemos suerte de haber tenido a un equipo docente potente que desde el primer día se puso al día", relata Cortés (30 años), integrador social de formación y estudiante de psicología. Su vídeo tutorial sobre cómo acceder a la página web del centro también fue clave al principio del confinamiento.

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Una educadora habla con una niña en la puerta de la escuela de La Mina / G.A

Hace unas semanas, una veintena de familias recibieron tabletas gracias a una beca Proinfancia de la Fundación La Caixa, gestionada por la Plataforma d’Educació Social La Mina (PES) y el Casal de Infants. También se repartieron ordenadores dotados de conexión a Internet de manera autónoma a 14 familias del barrio.

DOSSIERES Y KIT DE MATERIAL

Este miércoles, a las 10.30 horas, un pequeño grupo de familias formaba una improvisada cola en la puerta de la escuela. En el interior todo estaba listo para repartir 320 dossieres de ejercicios personalizados por curso, aula y también en función de las necesidades especiales del alumnado. Una ingente tarea elaborada por todos los profesores estas semanas como un complemento al seguimiento diario de las clases vía Whatsapp. 

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'Kit" de material escolar repartido estos días a alumnos del Institut Escola La Mina / G.A

"Hemos querido aligerar un poco la dedicación de estos dos meses, una manera de hacerlo más entretenido y diferente", señala Del Campo. El compromiso de las familias lo demuestran los 130 dossieres repartidos en una mañana. La estrecha relación de la escuela con el resto de entidades permite que el engranaje social siga girando, sobretodo el educativo. Algunas familias también reciben kit con material educativo (lapices de colores, bolígrafos, libretas y hojas, entre otros).

HORARIOS

Los horarios han sido una de las principales barreras para los profesores. Muchos adolescentes se acuestan a altas horas de madrugada y por la mañana "duermen a pierna suelta", explica Del Campo. Incluso en estas circunstancias, muchos estudiantes han seguido atendiendo a sus deberes por las tardes. "Se han extremado las rutinas anteriores de la pandemia", señala Agustí Clua, maestro de catalán, que destaca el segundo problema de la escuela después del absentismo escolar: la falta de acompañamiento educativo en casa.

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Dani Madjody en el patio de la escuela, delante de una pila de dosieres escolares / G.A

Madjody reconoce que no ha sido nada fácil y que no todos los grupos han interactuado con los profesores. "Creíamos que con el cambio de rutina nos costaría más y así ha sido. No nos podíamos plantear hacer videollamadas como en otros centros donde el uso de ordenadores y tabletas está normalizado", describe. Confíar en que los alumnos descargasen el material en la web no era una opción. "Pensamos que el Whatsapp era la manara más rápida y eficaz".

"Solo un 15% de los alumnos accede a la web. La mayoría no entran, no saben cómo hacerlo o no tienen ordenador", explica Clua. En algunas casas viven familias de hasta ocho miembros y se reparten el uso del único móvil u ordenador del que disponen. Más allá de las tareas escolares, cuente este veterano maestro que las familias valoran el acompañamiento de los profesores, "el contacto, que sepan que detrás hay alguien", observa.

 

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Correción de un ejercicio de matemáticas

EL EMPEÑO DE UNA ESCUELA

Siempre preocupado y nervioso por solucionar cualquier aspecto que afecte a los alumnos, Cortés es el vivo reflejo del empeño de una escuela por mantener la motivación por la enseñanza y el aprendizaje en un barrio que nunca lo ha tenido fácil. "Está haciendo una faena extraordinaria. Es un referente porque entiende cómo es ser adolescente en La Mina, capaz de ser estudiante, gitano y colaborando con la comunidad", le alaba del Campo.

Dice la directora que Cortés es el embajador del Institut Escola y el "corresponsal" del centro en el barrio. En esta línea, los docentes de la escuela son, tal vez, los embajadores indispensables de un sistema imperfecto incapaz, muchas veces, de cobijar a sus ciudadanos en igualdad de condiciones. Por ello, el respeto de las familias hacia los maestros se convierte estos días en admiración como lo demuestra la alabanza que le dedicaba la abuela de dos alumnas a del Campo hace unos días cuando le decía que "las maestras valen millones".

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Un niño de La Mina aprende a contar con pinzas, montadientes, alimentos y otros objetos / M.A

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