Inmaculada Colau repite como alcaldesa de Barcelona, pero muchas cosas han cambiado desde su victoria (esa sí) electoral de 2015. Hace cuatro años, fue recibida con una gran ovación y confeti en la plaza de Sant Jaume, depositaria de muchas ilusiones de quienes pedían un gran cambio en la Ciudad Condal. Este sábado, los aplausos han sido sustituidos por pitos y gritos de “fuera, fuera”. Antes de ser proclamada alcaldesa y mientras se trasladaba del Ayuntamiento a la Generalitat, cientos de independentistas le han recriminado su pacto con “la extraña pareja”, denominación con la que Ernest Maragall se ha referido a Jaume Collboni y Manuel Valls.

En 2015, miles de simpatizantes de Colau llenaron la plaza de Sant Jaume en una exhibición de gran entusiasmo. Este sábado, el poder de convocatoria de los comunes ha sido ínfimo. Aunque era visible una enorme pancarta con la inscripción “alcaldesa”, muchos fieles de la causa han optado por quedarse en casa. Poco queda del entusiasmo de entonces tras maniobrar para quitarle la alcaldía a Maragall. Sus ansias de poder pueden pasarle factura.

EL LAZO AMARILLO

En su discurso tras ser proclamada alcaldesa, Colau ha intentado mostrarse equidistante entre los independentistas y los constitucionalistas. Sin embargo, ya ha anunciado que quiere colgar un lazo amarillo en la fachada del Ayuntamiento, toda una declaración de principios que abrirá la primera crisis con el PSC, su socio de gobierno. Valls, a partir de hoy, se mantendrá en un segundo plano y sus votos han sido calificados de “incómodos” por una Colau que deberá ejercer de funambulista.

Colau sabe que la gobernabilidad de Barcelona será muy complicada. La propia alcaldesa ha admitido que la de este sábado ha sido “una investidura difícil”, lamentando que ERC no se haya sumado a un gobierno de izquierda liderado por ella. Sabe también la alcaldesa que Barcelona, hoy, está mucho peor que hace cuatro años. Entonces, era una ciudad segura y orgullosa. Ahora es una urbe convulsa, con nuevos problemas, en la que se cometen hasta 500 delitos diarios.

VALLS NIEGA EL SALUDO A TORRA

La investidura de este sábado de Colau será recordada también por la negativa de Valls de saludar a Quim Torra, presidente de la Generalitat. Previamente, el exprimer ministro francés ha asegurado que “en España no hay presos políticos ni exiliados”. En su mensaje, Valls ha recalcado que la opción Colau era la “menos mala” y la única solución para frenar el independentismo. Sus palabras han sido silbadas por los ciudadanos congregados en la plaza. En el tradicional traslado del Ayuntamiento a la Generalitat, Valls ha escuchado muchos insultos. Lejos de encararse con los manifestantes, el político hispanofrancés ha hecho oídos sordos y saludado a quienes vociferaban contra él. Josep Bou, líder del PP, ni tan siquiera ha acudido a la Generalitat.

QUIM FORN VUELVE A LA CÁRCEL

El otro protagonista de la jornada ha sido Quim Forn, que encabezaba la candidatura de Junts per Catalunya. El exconseller de interior ha asistido al pleno de constitución del Ayuntamiento y, posteriormente, ha sido trasladado a la cárcel de Soto del Real, tras ser escoltado por los Mossos d’Esquadra. A las 19:40 horas ha abandonado el consistorio barcelonés.

Con una proclamación mucho más crispada que en 2015, Colau iniciará su segundo mandato. Ahora tendrá menos libertad de movimientos y deberá asumir un reparto de carteras con el PSC, muy crítico con su gestión en los últimos años. Algunos sectores, como el comercio, la hostelería y la cultura, esperan una alcaldesa menos dogmática y más pragmática, que por una vez gobierne para todos y no solo para sus clientes. Pero la convivencia entre comunes y socialistas no será fácil y la cuestión identitaria, la misma que fracturó su primera alianza, puede ser una bomba de relojería.