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Para cubrirnos del sol. Para refrescarnos con aire nuevo. Para iluminar la plaza. O simplemente para concienciarnos de la necesidad de convivir con la naturaleza en medio del caos en las urbes. Este proyecto de amapolas, llamado Warde (Guardián), ubicado en la Plaza Vallero de Jerusalén es todo un éxito por su contraste con el estado de los adoquines y el mobiliario urbano.

La intención de HQ Architects era llevar a cabo una intervención pública en un área que se encuentra en malas condiciones para poner de relieve la necesidad de cuidar el medioambiente. Como era de esperar, estas flores altísimas llaman la atención de cualquiera que pasa por el espacio en el que se ubican.

AMAPOLAS QUE SE ABREN Y SE CIERRAN

Así, los diseñadores han querido trabajar en armonía con el municipio: las amapolas gigantes de color rojo se activan con sensores del movimiento. De este modo, florecen cuando los peatones pasan o cuando detectan algún coche.

Por otro lado, en el momento en el que el radio de acción no detecta ningún tipo de movimiento, las flores se marchitan y cierran sus pétalos. Hasta que alguien vuelve a cruzar por debajo y la oleada de actividad alienta a las amapolas a florecer una vez más y les dan vida con la energía humana.

Amapolas en forma de farolas en una plaza de Jerusalén / Pinterest
Amapolas en forma de farolas en una plaza de Jerusalén / Pinterest

PROTEGERSE DEL SOL O ILUMINAR LA PLAZA

Los creativos de HQ consideran que “el espacio urbano reacciona repentinamente a las personas que lo utilizan". En otras palabras: los peatones pueden utilizar las flores para protegerse del sol o cobijarse en su luz cuando llega la noche.

Este proyecto demuestra otra vez que el arte callejero gana cada vez más adeptos puesto que se convierte en una oportunidad ideal para remover conciencias y colarse en la mente hasta del más escéptico con las manifestaciones artísticas. Impresionante, ¿no?