Chándal, pendientes y una sonrisa. Josep quita el envoltorio de unas galletas estilo María y las coloca en platos. “Estamos preparando la merienda para cuando vuelvan todos de la mani contra el Rey”, explica sobre los cientos de jóvenes con quienes comparte plaza desde hace seis días cuando fueron convocados por los CDR. Él es uno de los tantos voluntarios que se encargan de cocinar para los miembros de la autodenominada Generación 14-O con las donaciones que reciben. “Este puente hemos servido unas 500 cenas cada día”, especifica.

Urnas, porros y un móvil. Un chico pide un cable en el punto de abastecimiento para poder cargar su iPhone. Un hombre ajeno a la acampada saca un billete de su bolsillo y lo mete dentro de una de las urnas de plástico –las del 1-O– bautizadas como “cajas de resistencia”. “Gràcies”, contesta la joven encargada de custodiar la carpa. Al lado, unos campistas independentistas se pasan el grinder con marihuana dentro para liarse un “porro de buen rollo”.

CONCIERTOS Y ASAMBLEAS EN LA 'PLAZA ROSALÍA'

“Parece un campamento gitano”, dice una señora que pasa por ahí. La plaza ha sido tomada por jóvenes –y no tan jóvenes– que rechazan la sentencia del Tribunal Supremo sobre el caso procés. En realidad, se trata de un campamento hippie multicolor –como si fuera un festival de música– que se autogestiona como puede. No faltan asambleas ni tampoco actividades de ocio. Hay cubos para reciclar y baños móviles en los que hacer las necesidades. Eso sí, no hay grifos ni duchas, solo fuentes públicas.

Plaza Universitat ha pasado a llamarse plaza Rosalía, todo un referente para los jóvenes independentistas que cantan eso de Fucking money man y recuerdan que la artista una vez escribió una publicación en Instagram utilizando su idioma natal: el catalán. En su honor, varios de ellos guitarrean para amenizar la espera. Con su reivindicación desean con fuerzas que llegue ya la república catalana y que sea como la imaginan: sin corrupción y solidaria.

Un perro entre las tiendas de la acampada en plaza Universitat / P.B.
Un perro entre las tiendas de la acampada en plaza Universitat / P.B.

CAMPAÑA ELECTORAL Y TENSIÓN POR EL DESALOJO

De hecho, el enclave se ha convertido en el escenario de campaña predilecto de las (segundas) elecciones generales del 10-N. Sobre todo, para los partidos contrarios a la independencia. Este lunes, Ciudadanos (Cs) ha aprovechado el tirón y se ha presentado en la zona afectada en Barcelona para denunciar “la impunidad de los radicales”. Siguiendo esta línea, hará lo propio el Partido Popular (PP) este martes y Vox el miércoles.

Sin embargo, los que conforman la acampada ilegal no tienen la más mínima intención de abandonar el lugar. “Creemos que nos desalojarán después de los comicios”, especulan. “No se lo pondremos fácil, eso seguro”, presumen haciendo hincapié en el 15-M y en algunas de las estrategias pacíficas de oposición que planean como, por ejemplo, el ‘arranca cebes’. “La tensión llegará… porque así, sin más, no nos iremos”, afirman.

Zona de primeros auxilios en la acampada de plaza Universitat / P.B.
Zona de primeros auxilios en la acampada de plaza Universitat / P.B.

LÍMITES AL CONSUMO DE ALCOHOL POR LAS PELEAS

Y, mientras, disfrutan de la vida en la resistencia. Tres amigos sacan libros de su tienda de campaña. Estudian relaciones internacionales en la Universitat Pompeu Fabra, pero se unieron a la causa desde el primer día. “Aprovechamos estos momentos para adelantar materia”, comentan. “Vamos a las clases que nos interesan y para ducharnos nos acoplamos en casa de una amiga que vive en Sant Antoni”, indican sobre su situación.

Al parecer, el ambiente en el campamento se ha ido relajando. “Los primeros días, la gente bebía demasiado en los conciertos y luego había peleas”, cuentan. Es por eso que se decidió limitar el consumo de alcohol y adelantar los cinefórums así como las actuaciones para que terminen antes de medianoche. Por otro lado, organizan charlas sobre distintas temáticas. Este lunes el plato principal era antimonárquico.

Centenares de tiendas en la acampada independentista de plaza Universitat / P.B.
Centenares de tiendas en la acampada independentista de plaza Universitat / P.B.

Como si de un pequeño pueblo se tratara, han ubicado un comedor social, unas porterías a modo de campo de fútbol, un “hospital” de primeros auxilios, una carpa de prensa, una zona con la lista de necesidades –sobre todo verduras porque la mayoría son vegetarianos– y un punto “lila”. En este último denuncian casos de violencia de género, fomentan el uso del lenguaje inclusivo sin sexismos y censuran algunos cánticos extendidos entre los campistas. Véase, “maricones”, “no seas Mosso, estudia” o “si tienes un hijo subnormal, hazlo Policía Nacional”.

TURNOS DE VIGILANCIA CONTRA LOS ROBOS

Mientras los jóvenes hablan, saludan a un “vecino” que pasa por delante. “¿Qué? ¿Nos tocará hacer turnos de seguridad juntas?”, se preguntan dos estudiantes en femenino chocando las manos. De hecho, una de las acciones más curiosas son las patrullas de seguridad. Montan turnos de vigilancia con el fin de evitar robos en las tiendas de campaña o para disuadir posibles peleas, ya sea entre campistas como entre otras personas.

Porterías de fútbol en Gran Vía cerca de la acampada independentista / P.B.
Porterías de fútbol en Gran Vía cerca de la acampada independentista / P.B.

Los turistas cruzan entre las tiendas con sus maletas. Algunos se miran y se preguntan qué está pasando. Otros, de origen asiático, deciden pasar a la acción e inmortalizan la escena con sus móviles. Un perro de la acampada se despereza de la siesta y busca caras conocidas. Los que todos los días pasan por la céntrica plaza siguen su rumbo a paso ligero y firme. Como si no pasara nada, como si ya se hubieran acostumbrado a ver este panorama.

Turistas y ciudadanos pasando por la acampada en plaza Universitat / P.B.
Turistas y ciudadanos pasando por la acampada en plaza Universitat / P.B.