Barcelona es una ciudad de turistas por excelencia. Durante años la capital catalana ha sido uno de los destinos favoritos para europeos, norteamericanos y asiáticos, que a su vez actuaban como uno de los pilares para el comercio barcelonés. No obstante, el verano pasado la capital se enfrentó a su primer verano sin viajeros y la situación se revirtió.

Las calles desérticas, las persianas bajadas y las terrazas vacías pasaron a ser la estampa de una ciudad a la que la crisis del coronavirus ha golpeado con un desplome de la facturación de hasta la mitad en los establecimientos más céntricos. Actualmente, ante una recuperación económica que se fragua con el retorno de turistas a la ciudad, se retrata la importancia vital de la llegada de visitantes internacionales.

La calle Ferran, con muchos menos transeúntes por el impacto de la pandemia / M.A.
La calle Ferran, con muchos menos transeúntes por el impacto de la pandemia / M.A.

TURISMOFOBIA

El concepto de 'turismofobia' aterrizó con fuerza en Barcelona en el año 2017, cuando la ciudad fue el escenario de pintadas, manifestaciones, insultos e incluso agresiones a turistas. Por aquellas fechas, el grito de "tourist go home" (turistas iros a casa) resonaba en las principales atracciones como la Rambla o la Barceloneta.

Ahora, ante la caída de un sector que representaba el 12% del PIB y generaba un 9% del empleo de la ciudad, es "inimaginable rechazar la llegada de viajeros" cuando son "la única salvación", considera Juan, un paradista de la Rambla. No obstante, la mayoría de vendedores coincide en que la crisis del covid es una "oportunidad para reformular el modelo turístico".

FUTURO TURÍSTICO

 Fermín Villar, el presidente de Amics de la Rambla, una asociación formada por vecinos y comerciantes de la Rambla y la plaza de Catalunya, augura que la recuperación será "mucho más lenta" porque "Barcelona se ha acostumbrado al turismo". No obstante, asegura que la nueva realidad ha demostrado "la necesidad de transformar el tipo de turismo que recibe la capital catalana".

Enric Moj, propietario de la histórica tienda Belles Arts Ferran –con más de medio siglo de actividad en la calle Ferran–, considera que la gestión de la administración ha sido "pésima durante años" porque "nunca se ha contemplado una correcta regulación del turismo". En esta línea, Villar mantiene que "Barcelona debería recuperar el turismo sin olvidar a los barceloneses" y asegura que "es posible" con una "mejor gestión" por parte del Ayuntamiento.

Recreación del museo Hermitage en el Port de Barcelona / MUSEO HERMITAGE
Recreación del museo Hermitage en el Port de Barcelona / MUSEO HERMITAGE

HABITACIONES TURÍSTICAS

"Al turismo no hay que evitarlo, hay que controlarlo", opinan en una floristería de la Rambla, en la que se alegran de que en los últimos meses han podido "atender a más barceloneses".

En otros términos se expresa el Ayuntamiento de Barcelona. Su discurso contra el turismo ha resurgido el debate en la ciudad. Buen ejemplo de ello es el reciente rechazo del consistorio a la instalación del Hermitage en la Barceloneta. Colau se ha posicionado en contra del museo alegando que "Barcelona no necesita más concentración turística".

En la misma línea, el verano pasado el Ayuntamiento prohibió la concesión de licencias para habitaciones turísticas durante un año para "frenar la saturación de determinadas zonas del centro de Barcelona". Las plataformas digitales han pedido “diálogo” constantemente para revertir la situación, ya que consideran que estas habitaciones impulsan el turismo sostenible. “El alojamiento en hogares compartidos atrae un público respetuoso porque el anfitrión convive con el viajero en su propia casa”, argumenta la empresa Airbnb.

TURISMO RESPONSABLE

Los barceloneses han "recuperado sus calles" durante este último año, pero no tienen "por qué perderlas" si el turismo que llega es responsable, opina Villar. Según las previsiones actuales, la llegada de visitantes extranjeros "en los próximos meses" mejorará la situación del comercio barcelonés, que a raíz del covid "ha perdido un 30% de las tiendas", explica Gabriel Jené, presidente de la plataforma Barcelona Oberta.

Las plataformas digitales argumentan que, más allá de recuperar la economía a través de la reactivación del comercio, el alquiler de habitaciones turísticas sostiene a los propietarios. "El 40% de los anfitriones considera el arrendamiento como una fuente de ingresos adicional necesaria para permanecer en sus casas", recoge un informe de Oxford Economics.

Carteles contra los pisos turísticos / HUGO FERNÁNDEZ
Cartel contra los pisos turísticos en un balcón de una vivienda / HUGO FERNÁNDEZ

"DIFUNDIR LOS ATRACTIVOS DE LA CIUDAD"

El estudio también argumenta que la presencia de pisos turísticos en barrios "más allá de los tradicionalmente turísticos" permite difundir "otros atractivos de Barcelona" para recuperar la actividad económica en toda la ciudad. Además, la dispersión de los alojamientos evita "la aglomeración de viajeros en determinadas zonas" que el consistorio repudia. 

Los comerciantes confían en el “potencial de los visitantes para superar la crisis actual" y ansían que la capital catalana vuelva a triunfar entre los destinos más populares del mundo. En 2019, la ciudad fue la décima ciudad que más trabajo generó gracias al turismo. Ahora, dos años después, la economía barcelonesa se enfrenta a un "reto" en el que vendedores y anfitriones esperan "facilidades y no obstáculos" para poder resurgir "de una vez por todas".

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