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El cementerio de Montjuïc sufrió otro derrumbe de nichos el 13 de octubre de 2005. El siniestro afectó a unas 50 sepulturas de un bloque. Los féretros quedaron a la vista, pero los cadáveres, no. Este es el segundo hundimiento del que se tiene constancia después del acontecido el pasado septiembre cuando se desplomaron 144 nichos y dejaron a la vista cajas y restos óseos, que se mezclaron, de unos 350 cadáveres. 

El accidente de 2005 tuvo lugar cuando se desprendió el muro superior de un bloque y arrastró parte de la fachada. El desprendimiento afectó sobe todo a los nichos del cuarto y del quinto piso.  Según los informes a los que ha tenido acceso Metrópoli Abierta, los féretros quedaron al descubierto, pero no cayeron al suelo sino que quedaron en su ubicación original. De los nichos de los pisos primero, segundo y tercero sólo resultaron dañados los elementos decorativos.

FECHA ERRÓNEA   

La síndica de greuges de Barcelona, Maria Assumpció Vilà, recibió a principios de octubre una queja de una familia. En la reclamación presentada a Vilà se indicaba que el desprendimiento fue en 2006, pero la fecha era errónea.  Los afectados se enteraron del derrumbe cuando acudieron al cementerio a visitar la sepultura de un familiar y se encontraron con que parte de un bloque se había desplomado y la zona todavía estaba sin vallar. Antes de acudir a la síndica, la familia reclamó a Cementiris de Barcelona.

Según el informe municipal el estado de conservación actual del bloque es correcto y "la presencia de insectos es intrínseca a la propia instalación de cementerios", aspecto del que se quejaba la familia a la síndica. Puntualmente, Cementiris de Barcelona hace actuaciones para evitar plagas. Según el Ayuntamiento, este bloque "no sufre ninguna presencia anormal de insectos".

El derrumbe de 2005 tuvo lugar antes de que se creara la empresa Cementiris de Barcelona SA y la gestión de los cementerios se encontraba bajo la gestión del área de Cementerios y Obras de Serveis Funeraris de Barcelona. 

Este es el segundo derrumbe que se conoce del cementerio de Montjuïc después del que tuvo lugar el pasado septiembre y que ha puesto contra las cuerdas a Jordi Valmaña, director general de Cementeris de Barcelona. En el consejo de administración del 28 de septiembre, Valmaña reconoció que cometió errores en la gestión de la crisis. De hecho, algunos fueron errores de bulto.

No se avisó a los bomberos --ni cuando se detectaron las primeras grietas ni cuando se produjo el derrumbe-- para que apuntalaran el bloque y comprobaran la seguridad del resto de nichos del cementerio. Tampoco existía un protocolo de actuación y en el plan director se describe el cementerio de Montjuïc como una zona de no riesgo, según explicaron fuentes del consejo de administración.

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