La sequía actual no es tan intensa como la de 2007, de momento, pero su relación directa con el cambio climático provoca que sea más grave que la anterior por su estacionalidad. Esta gravedad no se traslada a los medios de comunicación, según los impulsores de la Plataforma Sos Sequía. Uno de ellos, José Luis Gallego, explica a Metrópoli Abierta que el suministro de agua no está garantizado en un futuro próximo y critica el uso político del agua.

¿Qué es Sos Sequía?
Es una Plataforma ciudadana que nace de una inquietud común del profesor de la Universitat de Barcelona y Catedrático de Geografía Física, el doctor Javier Martín-Vide, y mía, que soy divulgador ambiental y trabajo en los medios de comunicación muy vinculado a temas de medio ambiente y, muy especialmente, a los relacionados con el agua. Percibimos que la urgencia de la sequía no concuerda con la urgencia de los medios de comunicación en trasladar a los ciudadanos la gravedad de la situación. Optamos por el formato de plataforma, ante otros, porque es un formato muy abierto. Sos Sequía propone a los ciudadanos utilizar esta plataforma, que es digital, para que compartan fotografías, situaciones, emociones, angustias... y, a la vez, acercarles la máxima información relacionada con la sequía.

¿Tan grave es el problema de la sequía en España en general y en Barcelona en concreto?
La situación de la sequía en Barcelona no es tan aguda como en el resto de España, puesto que aquí tenemos unos niveles de embalses levemente superiores, no mucho más. Estamos por debajo del 60% de la capacidad. El principal obstáculo que tienen los ciudadanos para percibir la sequía son los grifos. Cuando uno abre el grifo y sale agua, se relativizan todas las urgencias y todas las alarmas. Pero Barcelona no se escapa de la amenaza de las restricciones, si es que esta sequía va a peor. Todos los modelos climáticos que están elaborando los climatólogos indican que el área del Mediterráneo y de la Península Ibérica están en la zona 0 del cambio climático. Una de las características del cambio climático aquí, en esta región, es que las sequías van a ser cada vez más redundantes y más severas. Es decir, Catalunya ha tenido que hacer frente a sequías a lo largo de su historia. La última en 2007, que fue mucho más severa que esta. Pero esta, en concreto, está vinculada directamente con el cambio climático.

¿Qué consecuencias puede tener la sequía en la vida de los ciudadanos?
Las consecuencias están relacionadas con el acceso al agua, en tanto que los ciudadanos, normalmente, no son agricultores o ganadores, que están mirando al cielo cada día para ver como van sus tierras, sus rebaños, pero sí que es cierto que podemos vernos afectados en tanto en cuanto se produzcan restricciones en el servicio. Desde luego que la prioridad ha de ser garantizar el acceso de los ciudadanos al agua. Y los políticos van a hacer todo lo que esté en su mano para garantizarlo, porque no hay una situación más indeseable para un político, sobre todo en campaña, que los grifos dejen de abastecer a los ciudadanos. El estrés hídrico genera mucha inquietud y nerviosismo. Es fundamental que se garantice el acceso al agua a los ciudadanos, pero, a la vez, hay que hacerlo compatible con el suministro a la agricultura y la ganadería, puesto que los ciudadanos tenemos el hábito de comer y, básicamente, lo que comemos es agua. Cuando decimos que los ganaderos y los agricultores han de hacer el esfuerzo por ahorrar agua, puesto que utilizan el 70% del agua que se consume en España, hay que tener cuidado, porque nosotros comemos de lo que ellos producen. Estamos en una espiral un poco compleja.

"Una de las características del cambio climático aquí es que las sequías van a ser cada vez más redundantes y más severas" 

¿Qué puede hacer un ciudadano para ahorrar agua?
Todos los procesos de participación ciudadana para ahorrar agua ya se han puesto en marcha. La ciudad de Barcelona es un ejemplo mundial de uso eficiente de agua. Estamos en unos niveles de 103/105 litros por habitante y día. Es muy difícil bajar de esos niveles con el tipo de ciudad y el ritmo de vida que tenemos. Hemos conseguido el milagro de estar en torno a los 100 litros de consumo al día. A los ciudadanos no se les puede pedir mucho más. Ya han hecho los deberes. En el año 2007 los ciudadanos ya nos matriculamos en eficiencia en el uso del agua. Y lo hicimos con nota. Somos un ejemplo, insisto, a nivel mundial. Eso no significa que nos podamos relajar. Hay que seguir manteniendo la tensión con el ahorro. Nuestra relación con el agua de ahora en adelante tiene que basarse en el ahorro. No hay tiempo para el malgasto o derroche. Otras generaciones quizás se lo pudieron permitir, pero nosotros ya no, puesto que vamos a ir a peor en disponibilidad de agua. Haremos bien en seguir manteniendo esta posición y seguir reduciendo, si es posible, esos niveles hasta bajar de 100 litros por habitante y día, que sería algo memorable.

¿Son útiles las desalinizadoras como solución a la sequía?
El Problema que tienen es su alto consumo energético, de manera que lo que ganamos por un lado lo perdemos por otro. La sequía es una consecuencia del cambio climático. Del aumento de las emisiones de CO2, que son las culpables del calentamiento global. Estamos poniendo en marcha instalaciones que están multiplicando las emisiones para desalinizar agua del mar. Por un lado estamos haciendo agua, pero por otro estamos acelerando el cambio climático que va a acelerar la sequía. Las desalinizadoras nos están llevando a un círculo vicioso. Hay sistemas mucho más eficaces y mucho más baratos.

¿Por ejemplo?
La regeneración de agua. De la misma manera que estamos reciclando los residuos, de la misma manera que los ciudadanos estamos haciendo posible que los residuos dejen de ser basura, las aguas residuales tienen que dejar de ir al mar por los emisarios submarinos. Las aguas residuales hoy en día se pueden recuperar, regenerar y reutilizar de una manera muy simple: bombeándolas aguas arriba de los ríos, a muchos kilómetros de distancia de la depuradora, para que se integren en la naturaleza del río, aumentando el caudal ecológico de los cauces, y así bajen mezcladas con el agua de la naturaleza y puedan ser captadas por las potabilizadoras, que son unas instalaciones fundamentales. De manera que ese agua que se estaba lanzando al mar y que podía ser reutilizada, lo va a ser. Y no solamente vamos a abastecer a los servicios municipales para el riego de parques y jardines y para el baldeo de calles. No solamente vamos a ser mucho más eficientes con el riego de la agricultura, sino que pueden entrar en los canales de captación de las potabilizadoras y pueden ser tratadas convenientemente para incorporarlas a las redes de distribución. Insisto en que esa es una opción que técnicamente hoy es posible. Eso no quiere decir que podamos beber de las cloacas, de ninguna manera.

"La ciudad de Barcelona es un ejemplo mundial de uso eficiente de agua"

¿Cómo valora el proyecto del Ayuntamiento de Barcelona de crear una distribuidora pública del agua?
Vamos a dejar claro que el agua es de todo, que es un bien común de titularidad pública. Nadie puede mercadear ni hacer negocio con el agua. Es un derecho humano reconocido por Naciones Unidas. No puede haber ni un sólo ciudadano, no solamente en Barcelona, que no tenga disponibilidad y acceso garantizado al agua. Ese es el gran objetivo de Naciones Unidas y el gran objetivo que tienen que tener todos los países. En el caso de Barcelona, la propuesta de hacerse con el servicio de agua me parece bien en tanto los ciudadanos no suframos con ese servicio. A mí, lo único que me interesa como ciudadano, es ver garantizado el acceso. Quiero que se encarguen verdaderos profesionales, con las mejores tecnologías y la máxima experiencia. Por lo tanto, no voy a negar mi temor a que en ese tránsito se produzca una devaluación del servicio. Yo creo que con el agua no hay que hacer experimentos, mucho mejor con la gaseosa. Y, sobre todo, no mezclar agua y política, jamás. El agua tiene que quedar alejada de la política. Tiene que ser un derecho como el de la energía. Es intolerable que la pobreza energética esté condenando a ciudadanos de nuestra ciudad a pasar frío en estas épocas del año. De la misma manera, es intolerable que vecinos de Barcelona puedan verse afectados por cortes de suministro. Pero me consta que eso no está siendo así, puesto que se han puesto en marcha subvenciones mediante un acuerdo con la Fundación de la suministradora para que todos los ciudadanos tengan garantizado el servicio.

Hoy en día, Barcelona dispone de uno de los servicios de distribución de agua más perfectos de toda la Unión Europea. Malbaratar ese servicio por intereses políticos no es admisible. Insisto, el derecho al agua es un bien sagrado. Es un bien de todos. Ahora bien, el servicio ha de ser el mejor, no me importa quien lo haga, pero como ciudadano exijo que sea igual de eficaz y eficiente como lo ha sido hasta ahora. Por eso me provoca inquietud la decisión política de meter mano al agua, que me parece de un oportunismo que no da lugar en estos momentos.