La crisis del coronavirus ha propiciado la caída del primer gran grupo de restauración de Barcelona. Se trata de Grupo Iglesias, la compañía familiar que regentaba los restaurantes Rías de Galicia, Cañota y Espai Kru, situados en la calle Lleida. El grupo ha presentado un concurso de acreedores que ha sido admitido a trámite en el Juzgado de lo Mercantil número 11 de la capital catalana. Según fuentes jurídicas, la sociedad tiene un pasivo de ocho millones de euros.

La sala presidida por la magistrada Amagoia Serrano Barrientos ya ha designado a Convenia Profesional como administradora de la quiebra, que se tramitará de forma abreviada. Fuentes del sector destacan que los establecimientos del Grupo Iglesias eran rentables antes de la pandemia. Aseguran que nadie esperaba un desenlace como el actual, por lo que se muestran confiados en que se alcance un convenio con los deudores de la mercantil que permita continuar con una actividad que se mantiene desde hace más de 30 años en Barcelona. Destacan especialmente lo que implica Rías de Galicia para la restauración de la ciudad, ya que es una de las marisquerías decanas con mayor renombre. 

RESTRICCIONES DE MOVILIDAD

En cuanto a las causas de la fallida del grupo, se indica de forma clara a las restricciones a la movilidad. La crisis epidemiológica estalló en un momento en el que Grupo Iglesias estaba en pleno proceso de reestructuración de sus negocios. Venía de los cierres de dos establecimientos: Bobo Puplín, situado en el barrio Gòtic; y el Buenavista del Jardín del Norte en el Eixample, un establecimiento que operaban junto a la familia Messi y que nunca llegó a despegar--. 

Otros interlocutores próximos a la familia indican que el resto de restaurantes soportaban sin problemas las consecuencias de esta decisión, pero propició que la caja disponible en ese momento no fuera suficiente para aguantar más de un año de parálisis en la actividad en una empresa con centenares de trabajadores. 

FALTA DE AYUDAS

Desde el sector se quejan de que este es el gran problema de los negocios de restauración: Deben soportar con sus propios recursos de tesorería las consecuencias del primer confinamiento y las restricciones de actividad que se han dado desde marzo de 2020. También critican que las ayudas públicas que han recibido son del todo insuficientes y exigen sin mayor demora liquidez en vena y a fondo perdido, y sin tantas restricciones. Muchos recuerdan que han tenido que incumplir incluso con la Seguridad Social por el ahogo que propicia la falta de ingresos, que no se ha visto compensado por iniciativas equivalentes en el capítulo impositivo. 

El relato de todos ellos es parecido. Se acogieron a las líneas de financiación ICO en el inicio de la pandemia y aplicaron ERTE's masivos en un primer momento, dos medidas que les permitían aguantar los primeros meses de clausura total. Las previsiones económicas que habían trazado incluían que a partir del verano de 2020 se podría volver a la llamada nueva normalidad, hecho que les hacía prever que recuperarían el grueso de la facturación y podrían hacer frente tanto a la devolución de estos créditos como a la fiscalidad de una actividad que también está en la UCI. 

CRÍTICAS A LA GENERALITAT

El problema es que no se ha llegado a este escenario. Los restauradores catalanes cargan de forma especial contra la Generalitat, ya que entienden que su gestión de la pandemia les ha impedido planificar sus recursos. 

Recuerdan que las restricciones se revisan cada 15 días y señalan, por ejemplo, lo que consideran una sorpresa muy desagradable a la vuelta de Semana Santa: el nuevo cierre comarcal que se aplica desde la madrugada de este viernes.

DISOLUCIÓN DE ELBARRI

La quiebra de Grupo Iglesias también está muy unida a la decisión de los hermanos Ferran y Albert Adrià de no volver a abrir sus restaurantes en Barcelona. Ambas familias compartían la sociedad elBarri, donde se incluía la gestión de grandes establecimientos como Tickets (con una estrella Michelin), Enigma, Pakta (también estrellado), Bodega 1900 o Hoja Santa. En este caso, la sociedad ha sido disuelta. Sin embargo, en el montaje mercantil, Tickets y Pakta colgaban de Grupo Iglesias, la empresa concursada. Las dos familias han cesado la colaboración tras la fallida, según ha podido saber este medio.

Los hermanos Adrià, en una imagen de archivo / EFE
Los hermanos Adrià, en una imagen de archivo / EFE

Los Adrià alegaron de que su modelo gastronómico era el de trabajar durante el día para ofrecer un servicio nocturno de alto nivel y que las restricciones lo han impedido. Además, han explicado que su público era principalmente extranjero. De hecho, su nombre era uno de los principales promotores del turismo gastronómico de la ciudad. Por ello, consideraron que no tenía sentido recuperar ni que fuera una pequeña parte de sus propuestas y dejar en el limbo a los más de 230 empleados de la compañía. 

XEFS DE MADRID EN BARCELONA

Con todo, esta visión de cómo debían proseguir su andadura gastronómica choca con la de otros grandes chefs reconocidos que sí se han podido expandir en Barcelona durante la crisis del coronavirus y sin demasiada competencia. Nombres como los de David Muñoz, el alma de DiverXo y que ha conseguido reponerse incluso del incendio de sus cocinas gracias a una propuesta adaptada a la entrega a domicilio; o Dani García, que opera en varias grandes ciudades del país con su Gran Familia Mediterránea. 

Los Adrià nunca han querido adaptar sus propuestas gastronómicas a este formato. Tras disolver elBarri se centrarán en sus proyectos personales, como el trabajo para lanzar un libro de recetas de confinamiento. 

GESTIÓN CONCURSAL

En cuanto a sus antiguos socios, fuentes jurídicas indican que el concurso tendría dos salidas. O bien se negocia una quita con los acreedores que permita continuar con la actividad, bajo la premisa de que el negocio es rentable y que el problema es de falta de ingresos por una pandemia mundial sobrevenida; o se busca a un inversor que les asegure el futuro. En este escenario, las mismas fuentes destacan que hay varios fondos muy interesados en hacerse con el control de grandes firmas de restauración del país a precio de derribo en los juzgados. 

Por ahora, aún se debe completar el informe concursal. La gestión de esta quiebra tardará meses. 

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