Los políticos barceloneses tienen una prioridad en cartera: recuperar el tráfico aéreo a través del Aeropuerto de Barcelona-El Prat Josep Tarradellas​. Es una de las principales medidas a tener en cuenta para la reactivación de la economía de la capital catalana, que ha caído en picado como consecuencia de la crisis del coronavirus. Fuentes municipales del Ayuntamiento de Barcelona señalan a Metrópoli Abierta que la apertura de estas rutas “son la principal baza con la que contamos. Sabemos que los resultados no serán instantáneos, porque la crisis afecta también a otros países, pero es imprescindible revitalizar el aeropuerto de El Prat”.

Estas fuentes consideran que por la situación geográfica de Barcelona, la recuperación de las rutas aéreas serán más fáciles que en el caso del aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid. “El atractivo de Barcelona, la marca de la ciudad, es un gran atractivo. Eso, unido a la ubicación geográfica, hace que Barcelona aventaje a Madrid”, subrayan las fuentes. El Ayuntamiento espera recuperar la actividad de aquí a final de año para que a comienzos del 2021 Barcelona vuelva a posicionarse como uno de los destinos preferidos del turismo internacional.

LA MAYORÍA LLEGA EN AVIÓN

“Hemos de hacer que el 2021 todo vuelva a la normalidad. Por eso, se está pensando en grandes campañas internacionales que vuelvan a traer visitantes a la ciudad”, explican las fuentes. Los números del consistorio indican que desde 1990 se ha multiplicado por 5 el número de pasajeros que pasan por el aeropuerto barcelonés, hasta llegar a más de 48 millones. El número de pasajeros internacionales se multiplicó por 10, hasta alcanzar los 35 millones. Y el número de cruceristas se multiplicó por 24 hasta alcanzar los 2,7 millones. “Pero no hay que olvidar que el 82% de los turistas que llegan a Barcelona lo hacen vía aérea -advierten desde el consistorio-. Entre abril y octubre, la media es de 4 millones de viajeros por mes, aunque en julio se superan los 5 millones de visitantes que entran por El Prat”.

La nota negativa en esta realidad es que el avión “es el responsable del 85,7% de la huella del carbono total del sector turístico de Barcelona”. Se calcula que cada turista genera 605,7 kilos de CO2. En realidad, el impacto de cada visitante es 96,93 kilos de CO2 por persona y día (las emisiones totales son de más de 9,5 millones de toneladas de dióxido de carbono), lo que supera en más de un kilo la media del impacto generado por los vecinos de la ciudad. De todos modos, el impacto final depende de dónde provengan los turistas: un visitante de Hong Kong que viaje para estar 3 noches genera un impacto de 233 kilos de CO2 al día, mientras que uno de Estados Unidos genera sólo 68 kilos y un turista francés que viaje en avión y pernocte 5 noches solo genera 28 kilos de CO2 al día.

LOS IMPACTOS NEGATIVOS

Por el Puerto de Barcelona, en cambio, entran 2,7 millones de cruceristas y el 53% de ellos inician o finalizan su itinerario en la capital catalana. La mayoría de los pasajeros viaja entre los meses de abril a octubre, siendo el primer mes del otoño uno de los que más tráfico genera. Los últimos datos, confeccionados el año pasado, apuntaban a que el turismo urbano de Barcelona recibía 56,5 millones de impactos al año entre turistas y excursionistas, con 150.000 visitas diarias.

Un crucero atracado en el puerto de Barcelona en una imagen de archivo / EFE
Un crucero atracado en el Port de Barcelona en una imagen de archivo / EFE

El último informe sobre el turismo, elaborado a mediados de 2019 hacía hincapié en la necesidad de continuar poniendo cotas al turismo, partiendo de la base de que ya no hay que gestionar el turismo que llega a la ciudad, sino que “hay que gestionar la ciudad turística”. Es cierto que con el turismo desaforado llegan problemas de contaminación (el informe explica que el turismo contribuye al cambio climático debido a las emisiones de CO2, principalmente por el transporte aéreo). Además, en Barcelona el aumento de visitantes ha provocado que el consumo de agua estimado de los alojamientos turísticos sea entre el 8 y el 12% del total de la ciudad, ya que cada visitante consume el triple de agua que los vecinos.

Según los cálculos municipales, el 7,6% de la energía total de la ciudad es consumida por el sector turístico (las tres cuartas partes, por los alojamientos). Y, por si fuera poco, se disparan los problemas de ruidos y empeora la calidad del aire, aunque faltan estudios sobre el impacto de las emisiones y tampoco hay datos sobre la generación de residuos vinculados al turismo. “Se calcula que el sector de los alojamientos turísticos genera cerca del 9% de los residuos de la ciudad”, dice el informe aludido. Estos problemas, sin embargo, quedan ahora en un segundo plano. El turismo es la principal actividad económica de Barcelona y ha de insuflársele oxígeno al sector.  “Del turismo viven las arcas municipales, pero también la restauración, el comercio, los transportes y el ocio. Debemos plantear un plan de recuperación urgente y luego ya se abordarán los problemas que pueda generar el sector”, rematan desde el Ayuntamiento.

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