El pasado mes de abril, la Boqueria fue elegido el mejor mercado del mundo por la CNN. Sin embargo, la realidad es otra. En la Boqueria, muchos comerciantes sólo sobreviven. Los últimos meses, las ventas han caído por la inestabilidad política, según algunos vendedores. Ya no se ven tantos turistas como antaño.

Para otros vendedores, el descenso viene de más lejos y las causas son más profundas. La crisis, la perdida de identidad, el cambio de hábitos y, sobre todo, la masificación turística son algunos de los problemas de la Boqueria, denuncian.

Martes, 12 de diciembre, a media mañana. Hace frío en la Rambla. En la Boqueria se respira tranquilidad. No hay aglomeraciones, ni se esperan. Las paradas más frecuentadas son las turísticas, pero los vendedores tampoco van estresados. Unos turistas compran un par de zumos. Algunos hacen cola para adquirir unos bocadillos de jamón. En los barras de los bares hay numerosos taburetes vacíos. En algunas paradas tradicionales de carne y pollo no se ve ni un alma.

NADIE COMPRANDO

Antonio López lleva 36 años trabajando en la Boqueria. Tiene una parada de pollos. Cuando habla con Metrópoli Abierta no hay nadie comprando. En el comercio vecino de carne, que regenta, Xavier Rins, pasa tres cuartos de lo mismo. Es habitual.

"Llevamos casi una década con las ventas cayendo, desde que empezó la crisis en 2008", explica el comerciante. En su opinión, el escaso número de clientes que se ven en la Boqueria no es debido a los atentados ni a la situación política. Quizá ha sido la puntilla, pero el problema "es más profundo". Las causas son varias, y a las ya apuntadas añade los cambios de hábitos.

Según el comerciante, el turismo ha destrozado el mercado. "La Boqueria ha dejado de ser un mercado de barrrio y acabará siendo como el mercado de degustación, como el de San Miguel de Madrid", afirma López.

Paradas de pescado de la Boqueria cerradas
Paradas de pescado de la Boqueria que se trasladarán / J S

En el corazón de la Boqueria está uno de los establecimientos de resturación con más éxito, el Quim de la Boqueria, junto a otro clásico, el Pinotxo. Al frente del local está Quim Márquez, que achaca el mal momento a la situación política. "De los atentados nos recuperamos en 15 días, pero ante la situación política, la gente no reacciona".

Mucha gente no quiere venir a Barcelona. En distintos medios se está dando una imagen de la ciudad de caos", afirma un preocupado Quim. "La Boqueria es un mercado turístico. Si nos lo cargamos, estamos jodidos", dice el restaurador, que asegura haber perdido un 15% de facturación los últimos meses.

INESTABILIDAD POLÍTICA

Otra comerciante que tiene el mismo punto de vista que Márquez es María José Arteaga, titular de un pequeño negocio de pollos y consejera del PSC en Ciutat Vella. "La situación es complicada. En estos últimos meses, las ventas han bajado entre un 30 y un 40%", comenta Arteaga. Lo achaca a la inestabilidad política. "Antes los lunes, el mercado se llenaba de turistas de los cruceros. Ahora no se ven tantos".

Arteaga añade que la Boqueria se ha tenido que adaptar a los nuevos tiempos. "No hay barrio y ahora sobre todo vienen turistas", pero cree que hay que hacer un esfuerzo para buscar un equilibrio y que no se pierdan los negocios de productos frescos".

 

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El Bar Central, este martes, con las mesas vacias / J S

Xavier Rins lleva toda la vida en la Boqueria. "Mi madre rompió aguas aquí", dice sonriente. Ahora, a sus 51 años, está al frente de un negocio de carne. "Hace pocos trabajábamos en la parada 4 personas. Actualmente, estoy solo", apunta el comerciante, crítico con la gestión municipal ante la negativa a que en su establecimiento, y en otros de parecidos, no se puedan hacer degustaciones. "Sería una forma de beneficiarnos del turismo". 

225 NEGOCIOS

En la actualidad, en la Boqueria, hay 225 negocios, y algunos de ellos tienen varias paradas. Un paseo permite ver que hay persianas bajadas, demasiadas quizá. Hay gente que se jubila y otra que cierra. Los dos últimos años, el Ayuntamiento ha comprado 53 de estos comercios, que son concesiones a perpetuidad, en ocasiones "a precios muy bajos", denuncian algunos vendedores.

Recientemente, el consistorio ha derribado una isla de paradas, cuatro negocios en total con 18 paradas, para esponjar el mercado, y ganar espacio para los clientes o hacer exposiciones. Algunos de los comercios se han trasladado, pero otros han clausurado. La idea es llevar a cabo un par de derribos de islas de paradas y/o trasladar otras para liberar espacio. Diversas paradas de pescado, por ejemplo, se trasladarán al centro de la Boqueria junto al resto de pescaderías.

El concejal socialista, Jaume Collboni, defiende la necesidad de esponjar la Boqueria para evitar aglomeraciones. De hecho, es una medida del PSC, cuando estuvo en el gobierno de la ciudad, impulsado por la regidora Montse Ballarín. "El mercado ha vivido una sobresaturación de gente", dice Collboni. Y no siempre se traducen en ventas.

El exteniente de alcalde dice que la Boqueria "es un mercado singular que hay dignificar". En su opinión es "inevitable qe haya turismo", pero sostiene "que hay que proteger que se pueda seguir vendiendo productos frescos".           

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