La cadena barcelonesa Gargallo está sufriendo el impacto de la crisis provocada por la ausencia de turistas, al igual que tantas otras firmas del sector. Tras la declaración del estado de alarma del pasado mes de marzo, cerró sus puertas la red entera, compuesta de 19 hoteles.

Desde entonces solo uno ha reabierto, el histórico Colonial, sito en Via Laietana número 3. Salvo el personal adscrito a dicho establecimiento, los más de 500 empleados restantes se encuentran sujetos a expedientes de regulación temporal. Así es de prever que sigan de momento, pues a corto plazo no se planea la puesta en funcionamiento de ningún otro local.

PATRIMONIO

Debido a tales circunstancias, el grupo acogió en 2020 a menos de 200.000 huéspedes, frente a los 775.000 registrados en 2019.

De los 19 alojamientos de Gargallo, 18 son en propiedad y 1 en alquiler. Radican en Cataluña, Teruel y Huesca, con un total de 1.518 habitaciones.

Barcelona alberga diez hospedajes, entre ellos los titulados Ciutadella Barcelona, Colonial, Gótico, Gran Hotel Barcino, Medinaceli, Rialto y Suizo.

El entramado de Cataluña se completa con el Gaudí, en Reus. En Huesca posee dos, el Casanova y el Pedro I de Aragón. Y en Teruel explota seis, entre ellos el Ciudad de Alcañiz y el Reina Cristina.

CUENTAS ROBUSTAS

A diferencia de otras grandes compañías del ramo, Gargallo ha afrontado el Covid con los deberes hechos. Desde que la empresa fue fundada en 1953 por Miguel Gargallo Lázaro, la política financiera se ha basado en no estirar más el brazo que la manga, es decir, en pagar las facturas a tocateja y abstenerse en lo posible de solicitar préstamos a la banca.

Ello explica la fortaleza que muestra el balance del consorcio. Con unos recursos propios de 148 millones, Gargallo solo debe 4 millones a las entidades crediticias.

ACTIVIDAD PATRIMONIALISTA

Esa ingente masa financiera se plasma en una potente cartera de inmuebles. La cadena entera, menos un hotel, es propiedad de Grupo Gargallo. Los edificios están tasados en libros en más de 130 millones.

En la casa declinan facilitar las cifras económicas de 2020, todavía pendientes del cierre definitivo y de la auditoría. En 2019, Gargallo facturó 39,8 millones y obtuvo un beneficio de 2,1 millones. La empresa repartió un dividendo de 7 millones con cargo a reservas.

ORÍGENES HUMILDES

Miguel Gargallo Lázaro promovió el grupo desde la raíz. Emigró del municipio de Gargallo (Teruel) a Cataluña a comienzos de los años cincuenta, con una mano delante y otra detrás. Tras amasar un pequeño capital, comenzó su andadura en el mundo de los negocios con la apertura de la pensión Santa Marta, en la calle del General Castaños, junto al parque de la Ciutadella de la Ciudad Condal, que todavía mantiene, pero reconvertida en hotel.

Gargallo también lanzó en aquella época Europabus, compañía de líneas regulares de autobuses. Ésta se hizo de oro con los emigrantes españoles que transportó a Alemania en los años sesenta. El fundador falleció en 2018 a los 85 años. Desde entonces ejerce el mando absoluto de Hoteles Gargallo su único hijo y heredero Miguel Gargallo Llaquet.

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