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El hotel Fairmont Rey Juan Carlos I de Barcelona está a la venta por el simbólico precio de un euro. A esa cantidad, sin embargo, hay que sumarle la deuda de entre 70 y 100 millones de euros que acarrea, y que debería asumir su comprador, según ha avanzado El Confidencial.

El hotel de lujo ya estaba endeudado, y la crisis derivada del coronavirus ha supuesto la estocada final. Con esta operación, se pretende evitar que el establecimiento entre en concurso de acreedores. "El concurso está preparado para finales de este año si no se encuentra antes un comprador, a mí me lo han ofrecido por un euro más de la deuda", ha indicado un inversor entrevistado por el diario citado.

"Es una operación muy complicada porque, además, la propiedad del suelo del edificio y del edificio en sí no es la misma. Los dos terrenos sobre los que está situado el hotel son una concesión del Ayuntamiento de Barcelona", apunta otro inversor a quien también se le ha ofrecido el edificio.

DISPUTA JUDICIAL

Pero el hotel no solo arrastra deudas, sino también una disputa judicial. En 2018 Hotels HUSA, propiedad del empresario y expresidente del Barça Joan Gaspart, operaba el establecimiento. Pero Barcelona Project’s SA, propiedad del príncipe saudí Turki Bin Nasser y dueña actual del hotel, presentó una querella contra Gaspart por presunta estafa.

La querella, en la que Bin Nasser reclamó más de 16 millones de euros, se interpretó ya entonces como una muestra de que el saudí había decidido dejar de inyectar dinero a este complejo.

 

Interior del hotel Fairmont Rey Juan Carlos I / International Railway Summit
Interior del hotel Fairmont Rey Juan Carlos I / International Railway Summit

Después de romper con HUSA, Bin Nasser llegó a un acuerdo con la cadena Fairmont para explotar el hotel.

UNA DEUDA INASUMIBLE

Sin embargo, la insignia de lujo exigió una reforma millonaria de 46 millones de euros que obligó a asumir una elevada deuda que hoy cuesta digerir. Los planes de Fairmont con esta profunda renovación pasaban por doblar los ingresos mediante la combinación de elevar tarifas y aumentar la ocupación. En el momento en que se hizo esa inversión, en 2016, el hotel rondaba el 60% de ocupación, y el objetivo era llegar hasta el 75%. 

Pero en el contexto actual de pandemia estas previsiones ya no se sostienen, y, en consecuencia, tampoco el esquema de pagos de la deuda previsto. Así, el mítico hotel Rey Juan Carlos I de la Diagonal se ha convertido en un pozo sin fondo para el principe saudí Bin Nasser, que quiere sacárselo de encima por menos de un café. 

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