Ya se conocen las magnitudes económicas de la plataforma tecnológica Glovo, que presta el servicio de repartir comida y otros productos de consumo a domicilio. La dirección de la firma siempre mantuvo guardados los resultados bajo siete llaves. Sus periódicas notas de prensa solo aluden a los nuevos mercados en los que ha aterrizado o a las sucesivas rondas de financiación suscritas. Pero el saldo final de sus cuentas seguía siendo hasta la fecha un arcano hermético.

Glovo, con sede central en Barcelona, ha depositado ahora en el Registro Mercantil, por vez primera, sus estados contables consolidados, correspondientes al ejercicio de 2019.

RESULTADOS

La compañía declara unos ingresos netos de 218 millones, que suponen un crecimiento meteórico respecto de los 75 millones anteriores. No menos espectacular es la subida que experimentan las pérdidas, pues pasan de 78 a 199 millones. El flujo de caja se mueve asimismo en terreno negativo, con un déficit de 192 millones.

Los números rojos acumulados desde el lanzamiento de la aplicación en 2015 hasta 2019 se cifran en 288 millones, tal como muestra la tabla adjunta.

LAS CIFRAS DE GLOVO (En millones de euros)
Año Ventas Pérdidas Recursos propios Plantilla
2019 218 -199 81 1.025
2018 75 -78 57 495
2017 14 -5,6 25 103
2016 1,2 -4,5 1,3 34
2015  0,1 -0,6 1 6

Los gestores reconocen en la memoria que no hay indicios de que la situación vaya a cambiar en el corto y medio plazo. Es decir, que los agujeros continuarán perforando el balance.

Grupo Glovo contabiliza unos activos de 190 millones. La partida más gruesa corresponde al inmovilizado intangible, por importe de 48 millones. Tal guarismo se descompone, a su vez, en dos rúbricas principales: contratos con restaurantes, que Glovo valora en 10 millones; y, sobre todo, las "relaciones con los clientes", esto es, el repertorio de datos acumulados en su gran base de usuarios a lo largo del último lustro, que tasa en nada menos que 38 millones.

LIQUIDEZ

Glovo ha financiado su crecimiento a golpe de rondas de captación de inversores en calidad de socios. En conjunto ha realizado siete operaciones de tal género en un quinquenio. El último trasiego de esa naturaleza ocurrió en abril. Gracias a ellos, han entrado en la caja social 450 millones de euros, vía ampliaciones de capital con elevadas primas de emisión. Dos tercios del numerario ya se han evaporado en un aluvión de quebrantos. Al cierre de mayo de 2020, la tesorería de la casa sumaba 46 millones.

Los reiterados desdobles de capital han comportado una frenética entrada y salida de fondos oportunistas. Hoy el accionariado está integrado por un avispero de casi cuarenta entidades, en su mayoría extranjeras, que controlan el 80%. Los fundadores Oscar Pierre Miquel y Sacha Michaud mantienen el 19%. El 1% restante está distribuido entre los directivos más fieles.

Los dos fundadores de Glovo, Oscar Pierre y Sacha Michaud, en una imagen de archivo
Los dos fundadores de Glovo, Oscar Pierre y Sacha Michaud, en una imagen de archivo

Pierre y Michaud constituyeron Glovo en 2015 con 140.000 euros. La última ampliación de abril supone atribuir una valoración de mil millones al 100% de Grupo Glovo.

BANDAZOS

El desarrollo de la casa ha evolucionado de forma desigual. Entre 2018 y 2019 se lanzó a una frenética expansión por doce países de Iberoamérica y Oriente Medio, donde solo ha cosechado pérdidas. El año pasado decidió salir en estampida de esos mercados. Vendió las filiales del nuevo continente al gigante alemán de su mismo ramo Delivery Hero, que a la vez es el principal socio de Glovo con el 16%.

De forma paralela, cerró y liquidó sus actividades en Turquía y Egipto, con unas pérdidas de 15 millones. Tras dichos abandonos, Glovo tiene hoy presencia en 15 países. Pese a esa penetración internacional, el 50% de la facturación se sigue generando en España.

FALSOS AUTÓNOMOS

Al margen de sus crónicos problemas de rentabilidad, al día de hoy gravita sobre la compañía una amenaza de alcance incalculable, que pone en cuestión su propio modelo de negocio. Desde su fundación, los repartidores de Glovo no trabajan para la empresa, sino que están acogidos al régimen de los autónomos.

Varias sentencias de los juzgados provinciales y del Tribunal Supremo han condenado al grupo y le obligan a contratar a los recaderos. Hasta el momento, las resoluciones de lo social adversas han supuesto actas de casi 20 millones.

Un trabajador de Glovo manifestándose con un cartel de "falsos autónomos" / EP
Un trabajador de Glovo manifestándose con un cartel de "falsos autónomos" / EP

CORONAVIRUS

El Covid ha afectado a Glovo de forma irregular. A partir de la entrada en vigor del estado de alarma decretado por el Gobierno, se desencadenó una drástica caída de los pedidos, sobre todo por el cierre de numerosos establecimientos con los que venía trabajando.

Debido a tal circunstancia, entre abril y mayo Glovo puso en marcha un ERTE que afectó a un tercio de la plantilla, integrada por un millar de personas. A partir de mayo sobrevino una vigorosa recuperación de la demanda. Gracias a ella, pudo cerrar el año 2020 con unos niveles de ventas muy superiores a los previstos antes de que estallara la pandemia.

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