Tras la muerte del joven de Nepal el pasado domingo arrollado por un camión de la basura en Barcelona, han sido varias las personas que han empezado a explicar sus malas experiencias como trabajadores de la empresa de reparto Glovo. La enseña de Oscar Pierre y Sacha Michaud, que emplea a más de 500 personas en Barcelona, señaló que el joven no estaba registrado como autónomo de la empresa pero que se haría cargo de todo después de sufrir el choque mortal.

“Me arrolló un coche mientras repartía con Glovo y la empresa me castigó”. Así define Alfredo una de las frases más lapidarias que le soltaron cuando estuvo en plantilla de la compañía. Según avanza Crónica Global​, el exrider de nacionalidad venezolana empezó a trabajar para la compañía en marzo de 2017 cuando aterrizó en Barcelona. “Llegué a España para cursar un master de Periodismo. Vine con mis ahorros y claro, llegó un momento en el que busqué un trabajo a tiempo parcial para acceder a algunos ingresos”.

El joven señala que hacía pedidos ocho horas cada día y el resto del tiempo lo dedicaba a sus estudios. Además, explica que ganaba entre 400 y 600 euros mensuales repartiendo paquetes por la capital catalana pero con el descuento del IRPF y la cuota de autónomos, el suelo neto le quedaba en 250 euros o 300 euros.

ACCIDENTE FORTUITO

El exrider fue arrollado por un coche en un cruce de la zona de Poblenou a mediados de 2017 cuando se dirigía hacia su vivienda -ubicada en Badalona- tras acabar el último reparto de la jornada. Alfredo explica que quedó tendido inconsciente tendido en el suelo y que otro trabajador de Glovo le socorrió porqué casualmente pasaba por el lugar.

Al repartidor, que fue llevado al hospital, le diagnosticaron rotura de ligamentos en la pierna izquierda y tuvo que estar un mes en casa y otros dos de rehabilitación. “Se lo notifiqué a la empresa. por correo electrónico. Por los chats de apoyo. Jamás respondieron. Ni se interesaron. Se olvidaron de mí”, admite.

RECUPERACIÓN Y CASTIGO

Al estar tumbado en la cama el joven no pudo hacer repartos para Glovo y, por lo tanto, se quedó sin ingresos. “El accidente con la empresa perjudicó también mi proceso de residencia, lo ralentizó”, señala. Además, explica que “cuando me recuperé por completo me di cuenta que la empresa me había penalizado, me castigó por no repartir”. La compañía le capó las horas que podía conectarse y, por ende, el número de repartos e ingresos.

Alfredo afirma que para Glovo existes solo si haces repartos y que “te presionan con la puntuación para que te dedique cuantas más horas, mejor”. Finalmente, el extrabajador de la empresa catalana afirma que “aquí en España es explotación pura y dura”.